Vuestra crueldad ha reescrito mi autobiografía
con directos a las tripas,
cuchillas por lengua,
una boca preñada de
truenos.
Vuestra crueldad me dijo que me abriera
camino,
mirara,
escuchara.
Nací en el quincuagésimo aniversario de la Nakba
de una madre que recogía aceitunas
higos
y demás versos coránicos,
wattini wazzaytún[1].
Mi nombre: una bomba en una habitación blanca,
una sospecha andante
en los aeropuertos,
una política sin elección.
Nací en el quincuagésimo aniversario de la Nakba.
A las puertas del hospital:
protestas, neumáticos quemados,
rostros enkufiyados, cuerpos desnudos,
piedras contra los tanques,
tanques con la bandera USA pintada,
una tierra
que huele a gas lacrimógeno, un cielo enlosado
con balas de goma,
disparos, unos cuantos cuerpos muertos —números
difuntos en un titular.
Yo
y mi hermana
vinimos al mundo.
Nacer dura más que morir.
En Palestina la muerte es súbita,
fulminante,
constante,
sucede entre dos suspiros.
Vine al mundo en un mar de poesía
en el quincuagésimo aniversario.
Los cantos de liberación a la puerta del hospital
le decían a mi madre
Traducción de Jorge Gimeno

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