12/3/10

En el puente Allenby

No has dormido bien desde que llegaste a Ramala desde Ammán hace dos días, desde que, a pie quieto, aguardaste en el puente Allenby como un prisionero de honor entre soldados que te miraban con gran curiosidad mientras esperaban órdenes de otros cuerpos de seguridad que confirmaran que tú eras tú, no otro disfrazado de ti que se hubiera apropiado de tu nombre para probar esta humillación, para escribir un poema sobre las argucias de la sombra.

No están del todo equivocados, pues al que ven sobre este puente no es el de hace tan sólo unos instantes, alguien ansioso por su cita con la tierra de las grandes y las pequeñas historias, envuelto en sí mismo como una col o una cebolla sin pelar. Ahora el soldado o la soldado te pelan sin contemplaciones. Son dueños de ordenar o de prohibir: Descálzate. Quítate el reloj. Y el cinturón. Y las gafas. Entra en la máquina. La máquina suena, vuelves a repetir y vuelve a sonar. Te someten a un registro manual y dan con lo que hace que suene: una lujosa pluma. La desmontan y lo único que encuentran es tinta negra: La próxima vez, sácate la pluma del bolsillo. Dices: La próxima vez no traeré una pluma como ésta.

Allí, en el puente sin río desde que rapiñaron sus fuentes, se ensució el sueño, la imagen del país empalideció y tú ya no serías tú.

Mahmud Darwix: En presencia de la ausencia (Fi hadrat al-giyab, Beirut, Riad El-Rayyes, 2006)

Traducción de Luz Gómez García

1 comentario:

Albórbola dijo...

A mí, en ese puente me entró un escalofrío profundo al recordar aquellos que lo pasaron a pie y expulsados (luego, en el control, me retuvieron nueves horas).