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16/8/08

¿Darwix/Darwish/Darwich? ¡Darwix!

El problema nace de una inexistencia: el fonema árabe /ʃ/, que se escribe ش, no existe en castellano. ¿Qué se puede hacer para reflejar este sonido? Sólo hay tres opciones: la ch, pronunciada a la española, se aleja del sonido original, y además en español nunca va en posición final de sílaba; el dígrafo sh no pertenece a nuestro sistema ortográfico, por más que sea familiar a través del sistema inglés, y le aporta al nombre un inadecuado aspecto anglosajón. Queda la x, que refleja para el castellanohablante de forma aceptable el sonido árabe, pertenece a nuestro alfabeto y tiene indudables virtudes poéticas.

Sí, porque lo poético en esto también ha de importar. ¿Puede haber algo más metapoético que un nombre de poeta acabado en x? Si además la terminación es en -ix, como es el caso, se riza el rizo, la belleza está refrendada por la genealogía más noble: el célebre soneto con rimas en -yx de Mallarmé: “Ses purs ongles très haut dédiant leur onyx”.

El propio Darwix, cuando apareció mi primera traducción suya (El fénix mortal, Madrid, Cátedra, 2000), me preguntó: “¿Y la x?” Se lo expliqué. Él, con la seguridad que le caracterizaba, repuso: “De acuerdo: en inglés con sh, en francés con ch, en español con x”. E hizo un ademán que significaba: perfecto, no se hable más.

(Ah, otra cosa: se pronuncia agudo, con el acento en la i. Nada que ver con Darwin.)