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2/9/24

Mohamed El Morabet: Sobre "El poeta troyano"

Leemos a Mahmud Darwish por su poesía y su prosa, por los numerosos artículos, por sus cartas, incluso por el eco de su voz en algunos discursos de Yaser Arafat o por sus letras acompasando el laúd del músico Marcel Jalifa. 

Aunque también parece haber una razón esencial que nos empuja a releerlo: su vida condensa los fundamentos del artista que sublima su existencia al arte y a la búsqueda de la belleza en la inmensidad de lo pequeño.
El poeta troyano. Conversaciones sobre la poesía cuidadosamente editado y traducido por Luz Gómez transita por la geografía simbólica y conceptual del imaginario del poeta en su madurez. El libro agrupa cinco entrevistas concedidas entre abril de 1999 y diciembre de 2007, esta última apenas un año antes de su fallecimiento, a los 67 años en un hospital de Houston.

¿Qué es la poesía? Cuestión a la que se enfrenta Darwish en varias ocasiones a lo largo del libro. Su respuesta no es nítida; oscila entre la tenacidad de quien se afana por conseguir un lugar desde donde insuflar intimidad a su quehacer poético y la perplejidad de quien se sabe incapaz de disociar sus poemas de su biografía y de las circunstancias que la enmarcan. “La poesía no expresa la realidad, ni se dedica a describirla. La poesía no es una cámara”, sentencia y arroja así un poco de luz, no para enfocar el cuerpo de la poesía, sino para iluminar la silueta del poeta que es, uno que se toma a pecho su oficio. “Escribir hoy es escribir sobre lo ya escrito”, dice Mahmud Darwish. Y el hoy de la frase es elástico, abarca siglos y generaciones.

Consciente de que publicó tempranamente: Pájaros sin alas apareció en 1960, recién cumplidos los 19 años. Y a partir de 1966, con Enamorado de Palestina, comienza una andadura que remolcará para siempre ciertos apelativos. «Poeta de la resistencia», «Poeta de Palestina» son los más repetidos de muchos que fue adquiriendo.

En medio de esta coyuntura, Darwish vuelve la mirada al pasado para observar con sosiego sus propios pasos y las huellas que dejaron. “El cambio es muy lento, a veces imperceptible, y en muchas ocasiones exige valentía por parte del escritor, que debe rebelarse contra la imagen preestablecida que de él se tiene y provocar un choque”.

Este choque hoy tiene forma de libro y, gracias a la audacia editora de Luz Gómez, se titula El poeta troyano. Tres elementos configuran las reflexiones de Darwish acerca de la rebelión que emprendió en su madurez: estructura, prosodia y sentido. Hoy más que nunca, por favor, recurramos a su voz. Estructura: “La poesía es básicamente una estructura: la articulación de las relaciones entre los elementos del poema; no hay nada gratuito, ni en las imágenes, ni en las metáforas, ni siquiera en el ritmo. (…) lo más difícil es la estructura dramática, especialmente por su carácter narrativo de naturaleza prosística, porque la necesaria relación o diálogo textual entre prosa y poesía no puede darse con un ritmo poético fuerte y ascendente, y se imponen ciertos descansos o silencios en el poema. Hay en ello un trabajo estructural más consciente, más visible. Pero retomando tu pregunta sobre mi aprendizaje, cuantos más conocimientos poéticos tengo, mayor es mi obsesión por la arquitectura del poema”.

Prosodia: “Amo la musicalidad del poema. Me apasiona la belleza de los ritmos de la prosodia árabe clásica. No puedo expresarme poéticamente si no es a través de la poesía con métrica, si bien no con la métrica tradicional. No. Del interior de los metros clásicos podemos extraer ritmos nuevos, una nueva respiración poética que saque a la poesía tanto del automatismo como de una impostación que chirría.» Sentido: “Lo que me gusta de las nuevas voces es que sienten que tienen que escribir sobre su yo más frágil, sobre sus turbaciones, sobre su marginalidad… El sentido que buscan difiere de lo que antes se entendía por sentido.

Antes el sentido precedía al texto, ahora se revela a través de su búsqueda en el propio texto. La auténtica diferencia formal entre la poesía clásica y la moderna está en el lugar que ocupa el sentido. Pero tampoco debemos abalanzarnos y matar el sentido, como si la poesía moderna no pudiera tener más sentido que el de no tenerlo. Rebelarse contra el sentido hasta ese punto es lo mismo que rebelarse contra lo que significa la libertad del hombre, su humanidad y hasta su existencia”. Añade: “Me refiero a que soplan vientos, venidos de fuera, que pretenden forzarnos a aceptar que la poesía moderna es solo la que anuncia la muerte del sentido, y que la muerte del sentido es nada menos que el verdadero significado de la existencia”. Comunión entre vida y lengua, entre escritor político y lector solitario, entre Palestina y exilio, entre derrota y resistencia, entre misiles y lágrimas, entre poesía y muerte.

Darwish flota en estos binomios como si fueran el líquido amniótico de su eterna casa. “Es así como la casa se transforma en verso, y el verso en morada, o en refugio. Por eso celebro el genio de la lengua árabe, que hace que coincidan esos dos significados, ‘casa’ y ‘verso’, en una misma palabra, bait. Es una coincidencia maravillosa”. Entre la herida de Palestina y el latido de Darwish habita un verso indestructible. 

Afkar, nº 71 (2024).

17/4/23

Entrevista a Luz Gómez sobre Mahmud Darwish en Mediterráneo (RTVE)

En esta entrevista en RTVE repasamos la trayectoria poética de Mahmud Darwish con motivo de la aparición de nuestras recientes traducciones de su obra. 

16/4/23

"Yo soy un hacedor de metáforas"

"Yo soy un hacedor de metáforas, no de símbolos. Creo en el poder de la poesía, que me da razones para mirar hacia adelante y descubrir un destello de luz. La poesía puede ser una auténtica desalmada. Deforma. Tiene el poder de transformar lo irreal en real y lo real en imaginario. Tiene el poder de construir un mundo que está reñido con el mundo en el que vivimos. Para mí la poesía es la medicina del espíritu. Puedo crear con palabras lo que no encuentro en la realidad. Es una fantasmagoría, pero positiva: no tengo otra herramienta con la que buscarle un sentido a mi vida o a la vida de mi nación. Tengo el poder de regalarles belleza a una y a otra por medio de las palabras, de plasmar la belleza del mundo, pero también de expresar la situación de ambas. Una vez dije que yo construyo con palabras una patria para mi nación y para mí".

Mahmud Darwish, El poeta troyano. Conversaciones sobre la poesía (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo).


17/3/23

La famosa equis

Con estos dos nuevos libros, El poeta troyano y ¿Por qué has dejado solo al caballo? - Estado de sitio, nos despedimos de la famosa equis con que nosotros quisimos transliterar el nombre de Darwish: Darwix ha pasado finalmente a ser Darwish en nuestras traducciones, ya para siempre. A la fuerza ahorcan. Y el verdugo se llama "normalización y estandarización" de todo cuanto se mueve. La forma anglosajona ha triunfado frente a la castellana. Francia, que cree en sí misma, resiste; en catalán se adopta también una transliteración propia. Pero parece que en castellano no es posible: hay que rendirse al imperio anglosajón. Agradecemos a nuestros editores durante los años de la equis su comprensión y su apoyo.  La decisión final ha sido nuestra. 

Marina Landa: Sobre "El poeta troyano"

El poeta troyano. Conversaciones sobre la poesía reúne cinco entrevistas que Mahmud Darwish, en su madurez, concedió a diferentes medios. En su prólogo, Luz Gómez, editora y traductora del libro, nos advierte de que existen numerosas entrevistas de Darwish en sus inicios y en la etapa de madurez, pero guardó “un premeditado silencio, casi total en su periodo medio que coincide con los años de su exilio en Beirut, Túnez y finalmente en París”. El regreso a Palestina, tras los Acuerdos de Oslo, dio inicio a una nueva etapa de su vida y de su poesía, a la que corresponden las entrevistas aquí seleccionadas. “La entrevista —continua la prologuista— es un género temerario. La frescura y la sinceridad casan mal con la cautela y la prudencia necesarias. Darwish supo llevar a su terreno el género y desgranar sus intereses mayores: lo poético y lo político, lo personal y lo colectivo”.

A través de estas conversaciones, Darwish va desgranando su poética, que ha ido evolucionando a lo largo de su dilatada obra, desde una poesía de resistencia a una poesía que reclama su lugar en la universalidad poética, que, a su parecer, le permite expresar mejor la tragedia palestina. Deslindar lo político de lo poético, lo personal de lo colectivo sin renegar de nada.

A la pregunta de Abdo Wazen en “Nacimiento a plazos” —la más larga de las entrevistas que recoge el presente volumen— de si París, ciudad en la que el poeta vivió exiliado durante diez años, fue decisiva para darlo a conocer, Darwish responde: “No sé. Lo que sí sé es que en París tuvo lugar mi verdadero nacimiento poético. Si tuviera que destacar algo de mi poesía, casi todo con lo que me quedaría lo escribí en París, durante los años ochenta y primeros noventa. Allí tuve la oportunidad de pararme a pensar y reflexionar sobre la patria, el mundo, las cosas, poniendo cierta distancia, una distancia iluminadora”.

Más adelante, refiriéndose a su retorno a los Territorios Ocupados de Palestina, dice: “Así que tomé la segunda decisión más arriesgada de mi vida: tras la salida, el retorno. Salir y retornar son los dos pasos más difíciles que he tenido que dar. Elegí Ammán porque está cerca de Palestina y porque es una ciudad tranquila de buena gente. Allí puedo hacer mi vida. Cuando quiero escribir, me marcho de Ramala y aprovecho para estar solo en Ammán”.

En Ramala, Mahmud Darwish siguió dirigiendo la revista Al-Karmel, cuyos archivos fueron destruidos por el ejército israelí durante el asedio de la ciudad en el año 2002.

Wazen alude a La cama de la extranjera, “un libro de amor muy hermoso”, cito literalmente, uno de los poemarios de su etapa final, en el que parece que Darwish consigue acabar con la idea de que en su poesía la mujer es la tierra, o la amada, la patria. “Es peligroso andar siempre aferrándose a los símbolos. La mujer es un ser humano y no un medio para expresar otras cosas. La rosa es un ser vivo sublime y no tiene por qué simbolizar la herida o la sangre”, contesta Darwish, y prosigue: "La identidad de ser humano del palestino precede a su identidad nacional … El palestino es un ser que ama, odia, disfruta de la primavera, se casa… Igual pasa con la mujer, que significa otras cosas que no son la tierra. Por más bonito que sea que la mujer encarne la existencia entera, lo primero es que tiene su personalidad como mujer. Cuando a raíz de la publicación de La cama de la extranjera se me echó encima la crítica, que me acusó de haberme desentendido de la causa palestina, les respondí que al contrario, que este libro profundizaba en esa dirección. Que escribir sobre el amor representa una dimensión esencial de la resistencia cultural, y que si somos capaces de escribir sobre el amor o la existencia, la muerte o el más allá, nuestros valores nacionales y nuestra identidad salen reforzados. No somos una arenga política, no somos un panfleto. Como he dicho y repetido en más de una ocasión, ser palestino no es una profesión: por más que el palestino luche y defienda su tierra y sus derechos, ante todo es un ser humano".

En la entrevista que cierra el libro, “La estética de la desesperación”, Darwish confiesa a Dalia Karpel, del diario israelí Haaretz: “La situación actual es la peor que quepa imaginar. Los palestinos son la única nación en el mundo que sienten con certeza que el día de hoy es mejor que los días venideros. Mañana siempre trae una situación peor”. Estas palabras fueron pronunciadas en julio de 2007, pocos días antes de un recital histórico en el Auditorio Monte Carmelo de Haifa (Israel en la actualidad), y parecen proféticas: en marzo de 2023 la situación de Palestina empeora irremisiblemente, el día de hoy es, lamentablemente, mejor que los días venideros.

Mahmud Darwish nació en 1941 en Birwa, una aldea palestina cercana a Acre, completamente destruida por las milicias sionistas en 1948. Cuando regresó a Galilea desde Líbano, donde se había refugiado su familia, se le declaró “presente-ausente”, lo que significaba que no podía reclamar ninguna de sus propiedades, que habían pasado a propiedad del Estado judío. Entre 1960 y 1970 estuvo encarcelado en numerosas ocasiones por su defensa de Palestina. En 1971 emprendió el camino del exilio, cuyo primer destino fue El Cairo. Fue miembro del Comité Ejecutivo de la OLP, del que dimitió tras los Acuerdos de Oslo en 1993. Desde entonces y hasta su muerte (2008) en un hospital de Houston (EE.UU.) vivió entre Ammán y Ramala.

Espacio Público, 7/3/23.

9/3/23

"Yo he elegido ser un poeta troyano"

"Yo he elegido ser un poeta troyano. Pertenezco decididamente a la estirpe de los perdedores: privados del derecho a dejar huella de su derrota, privados hasta del derecho a proclamarla. Ahora bien, acepto la derrota, no la rendición". 

Mahmud Darwish

8/3/23

Novedad editorial: El poeta troyano. Conversaciones sobre la poesía

Hoy se publica El poeta troyano. Conversaciones sobre la poesía (Ediciones del Oriente y el Mediterráneo), en el que hemos seleccionado y traducido una serie de entrevistas con Mahmud Darwish. Lo hemos ideado creyendo que es un libro útil para comprender el mundo de Darwish, su evolución y su alcance. Son todas conversaciones de su última etapa, mantenidas con intelectuales o poetas como Abbas Beydoun y Abdo Wazen, entre otros.




15/8/09

Poesía con tanques bajo la ventana. Entrevista por Juan Miguel Muñoz

Rescatamos la última entrevista que Mahmud Darwix concedió a un medio español. Fue al corresponsal de El País en Jerusalén, en marzo de 2008, cinco meses antes de su muerte.

En tiempos difíciles para la poesía, Mahmud Darwix, hombre al que le cuesta sonreír, resiste. El poeta por excelencia desde Marruecos hasta Irak, nacido en 1941 en el pueblo palestino de Birwa, muy cerca de Acre, borrado del mapa por las milicias judías siete años después, vive a caballo entre Ramala (Cisjordania) y Ammán, recita en estadios de Beirut o viaja a El Cairo.

Para regresar a su tierra necesita permiso del Gobierno hebreo. Rara vez se lo concede. “A veces voy a ver la tierra de mi memoria. El lugar de mi lengua está allí”, comenta Darwix, que recibe a EL PAÍS en Ramala con motivo de la nueva edición española de su Poesía escogida (Pre-Textos), en traducción de Luz Gómez García.

Embargado por un acendrado pesimismo, le disgusta la evolución de los países musulmanes, cada día más anclados en la religión; detesta las políticas de Estados Unidos e Israel en la región, y no atisba solución al eterno conflicto. Sólo resta un resquicio al que aferrarse. Su sueño: “Mejorar mi poesía. Escribir poesía pura”.

En su bello y pulcro a la par que modesto despacho del centro cultural Shakakini, Darwix explica que su poesía no es fácil. “Se necesita conocer la mitología de Oriente Medio. No me gusta escribir poemas unívocos, deben tener muchas interpretaciones”. Y en permanente evolución, aborda ahora la causa palestina, de la que fue gran abanderado, de otro modo. “Creo que no hay una ruptura entre el pasado y el presente, que se pueden hallar las mismas semillas a lo largo de mi obra. Pero ahora me esfuerzo más en la estética, no sólo en reflejar la realidad. Intento humanizar nuestra causa. Los palestinos son seres humanos que ríen, viven, e incluso tienen una muerte normal. No sólo los matan”.

Cuando se le sugiere que hay gente a la que no agrada su obra, responde: “Sí, pero también hay quien prefiere la poesía que escribo ahora. Me ruboriza decirlo, pero soy el poeta más famoso en el mundo árabe, tengo nuevos lectores, muchos son muy jóvenes, y compran mis libros. Todavía pertenezco al futuro, que está en las nuevas generaciones”.

Tampoco las tendencias actuales, según él, abonan el campo para la creación poética. “Las nuevas tecnologías y los medios de comunicación han orillado a la poesía. Ya no ocupa el lugar que ocupaba antes en el mundo. No es una crisis exclusiva del ámbito árabe, sucede en todo el planeta. Ya no hay lectores de Lorca o Alberti”.

No va a renunciar, por mucho que se impongan las tendencias modernas o por muchas críticas que pueda recibir de sus compatriotas. Es su sueño. “Para escribir poesía pura hay que liberarse de la presión de la Historia, aunque sé que no es posible. Quiero que mi poesía se acerque a la música, algo que todos pueden entender. Y que mi país sea libre. Entonces podré decir cosas buenas de Israel. Entonces podré elegir el exilio, si quiero. Deseo que mi país tenga una vida normal. No quiero ni héroes ni víctimas”.

La poesía, como los territorios palestinos, sufre un asedio. El centro cultural que dirige el poeta fue tomado al asalto en 2002: “Los soldados israelíes destrozaron parte de los archivos. No lo perdí todo. Sólo fue una revancha porque había recibido a una delegación de escritores, entre ellos José Saramago, Wole Soyinka y Juan Goytisolo”, explica. En esa época creó su obra Estado de sitio. “La escribí con los tanques debajo de mi casa. Fue una gran terapia para el alma. La poesía te hace sentirte libre, te conduce a otro sitio. Tal vez es una ilusión, pero es esencial”, señala Darwix.

Desde su infancia conoció experiencias traumáticas: el despojo, la cárcel, el destierro. La familia fue expulsada de Galilea en 1948. Él regresó de forma clandestina al año. El activismo político en la izquierda le llevó a prisión. A comienzos de los setenta comenzó su peregrinaje. Marchó a Moscú. Más tarde a El Cairo. Después a Líbano. Y de nuevo, en 1982, ya bajo asedio israelí, a Beirut. “El exilio es parte de mí. Cuando vivo en el exilio llevo mi tierra conmigo. Cuando vivo en mi tierra, siento el exilio conmigo. La ocupación es el exilio. La ausencia de justicia es el exilio. Permanecer horas en un control militar es el exilio. Saber que el futuro no será mejor que el presente es el exilio. El porvenir es siempre peor para nosotros. Eso es el exilio”.

“La arrogancia es enemiga de la inteligencia”

Ha asegurado que se ha puesto una coraza; que logra, desde hace años, dominar sus sentimientos. Pero, como el té hirviendo que se sirve en Palestina, queda mucho del fuego juvenil, aunque expresado sin estridencias.

JMM. En su poema "Contrapunto", dedicado a Edward Said, escribe: “No os fiéis del caballo, ni de la modernidad”.

Darwix. Aludo a los indios de América. Los blancos trajeron la modernidad en ese caballo. Ahora puede aplicarse a lo que pasa en Oriente Próximo. El tanque aquí es ese caballo.

JMM. Los países árabes se distancian de la modernidad. Crece sin pausa el fenómeno religioso.

Darwix. Los pueblos son mucho más creyentes que hace 40 años, por la depresión y el conflicto entre los extremismos israelí y musulmán. ¿Qué hace Israel en las granjas libanesas de Chebá? Sólo ofrecer una justificación política a Hezbolá. ¿Qué ha logrado la invasión de Irak? Dar fuerza a esos movimientos. Nadie en el mundo árabe cree en la política estadounidense. La religión es la respuesta fácil a las cuestiones complejas.

JMM. ¿Puede frenarse esa islamización?

Darwix. Sí, si hubiera estabilidad, justicia, dignidad y democracia. Si hay esperanza y trabajo, la gente será más moderada. EE UU debe retirarse de Irak y dejar de prometer democracia con tanques. Israel debe comprender que no puede tener el monopolio de la tierra y el monopolio de la historia en esta tierra. Un dirigente israelí ha dicho que causarían un holocausto a los palestinos. No esperaba que usaran este término referido a nosotros. Están volviéndose locos. Han perdido su inteligencia, porque la arrogancia es enemiga de la inteligencia.

JMM. Cuál es la mejor manera de luchar contra la ocupación?

Darwix. Esto es una prisión. Nuestra vida no es vida, pero es mejor que la muerte. Es muy triste vivir bajo ocupación. La primera Intifada (la de las piedras contra los tanques) es el modelo. Provocó un cambio en la comunidad judía mundial y la opinión pública del planeta comprendió mejor al pueblo palestino. Creo que no volveremos a ese camino. No veo solución. El proceso de paz ha fracasado. Militarmente, no podemos. El presente es muy frágil. Nadie ve el futuro. Sólo el pasado es sólido. No hay luz al final del túnel, todo es oscuro. El actual proceso de paz no conduce a nada: Israel está haciendo imposible la paz.

El País, 11/03/08

28/6/09

“Estoy en contra de la poesía política o de resistencia inmediata”. Entrevista por Manuel Planelles

Recuperamos la entrevista que Mahmud Darwix concedió a El País con motivo de su asistencia al festival Cosmopoética en 2006. Se publicó el 22/04/06.

Pregunta. ¿Es inevitable que surja el problema palestino si se habla con usted de literatura?

Darwix. Estoy preocupado por esta cuestión. A pesar de que me siento palestino, veo que cuando se habla con un poeta americano no se le pregunta por la política norteamericana. Pero comprendo que el problema en mi tierra es tan largo, tan enquistado y tan doloroso que cualquier palestino quiere hacer algo por poco que sea. Pero me niego a que el único tema existente en la poesía palestina sea el conflicto. Es cierto que todo poeta tiene unas circunstancias históricas concretas pero, si es un buen poeta, tiene que abstraerse para ir de lo concreto a lo universal.

P. ¿Está cansado de que se le considere el poeta nacional palestino?

Darwix. No estoy cansado de eso, estoy cansado de que los lectores de mi poesía crean que saben lo que voy a escribir antes de que lo haya escrito. Pero yo siempre intento sorprenderles. Estoy en contra de la poesía política o de resistencia inmediata. Mi última colección de poemas, por ejemplo, trata de las flores de los almendros. Estoy cansado de algunos intelectuales que quieren encasillarme como un poeta político directo. Curiosamente, me acusan de dos cosas: unos de no ser lo suficientemente nacionalista y otros de ser demasiado político y nacionalista. Pero el lector busca otra cosa. Cuando recito en Palestina siento que lo que quiere la gente es que les lea poesía de amor. Los palestinos están vivos y quieren lo que el resto de la humanidad: amor.

P. En su poesía hay referencias constantes a la Tora, a los Evangelios, al Corán... ¿Es un afán integrador?

Darwix. Yo me siento hijo de todas estas culturas. Yo soy hijo de la tierra palestina y todas las culturas del mundo hunden sus raíces allí. La identidad cultural de Palestina es múltiple, plural. Cuando introduzco en mi poesía elementos relativos a la Tora o a los Evangelios, éstos no son religiosos sino literarios. Mi relación con todos estos libros es literaria. Es importante comprender que todas las religiones se han ido sucediendo unas a otras no para suplantarse sino para complementar un mensaje. Esto es algo que deben aprender los fundamentalistas de todas estas religiones.

P. ¿Árabes y judíos viven de espaldas en lo cultural?

Darwix. El enfrentamiento entre israelíes y árabes ha dejado de lado la investigación sobre las relaciones culturales. Lo más peligroso de esta lucha es que la están convirtiendo en un combate religioso.

P. Usted ha dicho que “el mundo se mueve en el poema, pero el poema no cambia el mundo”. ¿Qué puede hacer un poema?

Darwix. El arte tiene algo mágico porque no pretende tener una función clara. Hay bastantes escuelas de pensamiento que creen que la poesía puede cambiar el mundo. Esto es un sueño, todo poeta sueña que con su poema puede cambiar el mundo. Pero lo que tiene que ser indispensablemente es bello. El poema lo que puede hacer es cambiar nuestra forma de ver el mundo. Cambiar nuestra forma de relacionarnos con el mundo porque nos lleva al principio del verbo. Pero la poesía no es como un espejo. Yo escribí una vez que el poema sólo cambia a quien lo escribe. En la poesía también hay una parte de búsqueda personal. Volviendo a Palestina, el poeta palestino siente que tiene que reconstruir un espacio y un tiempo que se han roto pero no tiene otros útiles que no sean las palabras. Con ellas intenta reconstruir una patria o hace de las palabras una patria. Porque la patria última de un poeta son las palabras.

P. ¿Cree que el ritmo es el mayor tesoro de la poesía árabe?

Darwix. Creo que el ritmo es lo más importante para cualquier poeta. La musicalidad es el momento que distingue la prosa del verso. Yo no soy un poeta a la manera clásica que defienda los versos y los pies métricos tradicionales, pero considero que el ritmo poético es un elemento indispensable. Es cierto que la literatura árabe es muy rica en metros, pero sorprendentemente la mayoría de los poetas árabes actuales escriben en verso libre. Yo soy uno de los pocos y últimos que escribo con un pie métrico. Lo que hago es buscar en los metros tradicionales pero creando nuevas musicalidades. Escribir poesía sin conocer el ritmo es igual que escribir música sin saber solfeo.

25/7/08

Regreso a Haifa. Entrevista por Dalia Karpel

DK. ¿Siente emoción ante su próxima visita a Haifa? ¿Qué impacto le produce saber que se han vendido en un día 1200 entradas (de un total de 1450) para su lectura poética de este domingo en un auditorio del Monte Carmelo? ¿Le conmueve esta acogida?

Darwix. Cuando pasé de los cincuenta años, aprendí a controlar mis emociones. Voy a Haifa sin ninguna esperanza. Tengo una barrera en el corazón. Tal vez en el momento del encuentro con el público, unas cuantas lágrimas caigan en el corazón. Espero una cálida acogida, pero me temo que el público se sentirá decepcionado, porque no voy a leer muchos poemas antiguos. No quiero presentarme como un patriota, un héroe o un símbolo. Quiero presentarme como un poeta modesto.

DK. ¿Cómo se pasa de símbolo del espíritu nacional palestino a poeta modesto?

Darwix. El símbolo no existe ni en mi inconsciente ni en mi imaginación. Estoy haciendo esfuerzos para romper las demandas de símbolo y acabar con este estado icónico; para acostumbrar a la gente a tratarme como a una persona que desea desarrollar su poesía y el gusto de sus lectores. En Haifa voy a ser real, lo que soy. Y voy a elegir poemas de un alto nivel.

DK. ¿Por qué desprecia sus poemas antiguos?

Darwix. Cuando un escritor declara que su primer libro es el mejor, mal asunto. Yo progreso de un libro a otro. Todavía no he decidido qué leeré al público. No soy tonto. No los decepcionaré. Sé que muchos desean escuchar poemas antiguos.

Darwix llegó a Ramala, procedente de Amman, el lunes por la mañana de esta semana. Estaba preparado para realizar encuentros de trabajo los días siguientes y luego ir a Haifa, la ciudad en la que embarcó en su trayectoria literaria en la década de los años cincuenta. Todavía no sabe cómo irá —hay muchos voluntarios que desean llevarle al encuentro en Haifa con los residentes en Galilea—. La velada está siendo organizada por Siham Daoud, poeta y editor de la revista literaria Masharef, en colaboración con el partido político árabe-judío Hadash. Darwix hablará y recitará unos veinte poemas. Samir Yubrán le acompañará al laúd y el cantante Amal Murkus asesorará. Darwix espera que el ministro del Interior le permita permanecer en Israel una semana, aunque el permiso de entrada que le han concedido es válido sólo para dos días.

La conversación con el poeta tiene lugar a las cuatro de la tarde en el centro cultural Jalil Sakakini en Ramala. El magnífico y bien conservado edificio contiene una galería de arte y una sala para películas y conciertos. También hay una amplia oficina desde la que Darwix edita la revista de poesía al-Karmel.

La sala en la que estamos contiene una biblioteca rica en libros árabes, entre los cuales hay intercalados algunos ejemplares en hebreo. Se trata de una colección poética editada por la revista literaria hebrea Iton 77, y también ejemplares de la revista literario-política Mita’am, editada por el poeta Yitzhak Laor, y una colección poética de Sami Shalom Chetrit.

Darwix, más delgado que de costumbre y elegantemente vestido, es cordial. Teniendo en cuenta que hace ocho años se le dio por clínicamente muerto y volvió a la vida casi milagrosamente, su aspecto es saludable y no aparenta los 66 años que tiene.

“¿Hay alguna esperanza para esta nación?”, pregunto, y Darwix, el gran pesimista, pregunta a su vez que a qué nación me refiero. “Aunque no haya esperanza, estamos obligados a inventar y crear esperanza. Sin esperanza estamos perdidos. La esperanza debe brotar de las cosas sencillas: del esplendor de la naturaleza, de la belleza de la vida, de su fragilidad. Uno debe olvidar las cosas esenciales ocasionalmente para mantener la mente sana. Es duro hablar de esperanza en esta época, es como si ignorásemos la historia y el presente, como si mirásemos al futuro separándolo de lo que sucede en este momento. Pero para vivir, debemos inventar esperanza a la fuerza”.

DK. ¿Y cómo lo hace usted?

Darwix. Yo soy un trabajador de metáforas, no un trabajador de símbolos. Creo en el poder de la poesía, que me da razones para mirar hacia adelante e identificar un destello de luz. La poesía puede ser una auténtica desalmada. Deforma. Tiene el poder de transformar lo irreal en real y lo real en imaginario. Tiene el poder de construir un mundo que está reñido con el mundo en el que vivimos. Yo considero la poesía una medicina espiritual. Puedo crear con palabras lo que no encuentro en la realidad. Es una tremenda ilusión, pero positiva: no tengo otra herramienta con la que buscarle un sentido a mi vida o a la vida de mi nación. Tengo el poder de otorgarles belleza por medio de las palabras y plasmar un mundo bello y también expresar su situación. Una vez dije que yo construyo con palabras una patria para mi nación y para mí.

DK. Usted una vez escribió: “Esta tierra impone el asedio a todos nosotros”, y ahora más que nunca el sentimiento de desaliento e impotencia es arrollador.

Darwix. La situación actual es la peor que quepa imaginar. Los palestinos son la única nación en el mundo que sienten con certeza que el día de hoy es mejor que los días venideros. Mañana siempre trae una situación peor. No es una cuestión existencial. Yo no puedo hablar del lado israelí, no soy experto en eso. Sólo puedo hablar del lado palestino. En 1993, durante el acuerdo de Oslo, yo sabía que el acuerdo no garantizaba que fuéramos a lograr la verdadera paz basada en la independencia para los palestinos y el fin de la Ocupación israelí. A pesar de todo, sentía que la gente albergaba esperanzas. Pensaban que quizá una mala paz era mejor que una guerra victoriosa. Aquellos sueños se esfumaron. La situación ahora es peor. Antes de Oslo no había controles, los asentamientos no se habían expandido como ahora y los palestinos tenían trabajo en Israel.

DK. ¿Cree usted que la disposición para la paz era mutua?

Darwix. Los israelíes se quejan de que los palestinos no los quieren. Tiene gracia. La paz se acuerda entre Estados y no se basa en el amor. Un acuerdo de paz no es un convite de boda. Yo entiendo el odio hacia los israelíes, cualquier persona normal odia vivir bajo la Ocupación. Primero que se firme la paz y luego que se contemplen los sentimientos como amor o no amor. A veces, después de firmarse la paz, no hay amor. El amor es un asunto privado, no se puede forzar.

DK. ¿A qué esperanza se refiere?

Darwix. Yo acuso a la parte israelí de no mostrar disposición a acabar con la Ocupación en la franja de Gaza y Cisjordania. El pueblo palestino no pretende liberar Palestina. Los palestinos quieren llevar una vida normal en el 22 % de lo que ellos piensan que es su patria. Los palestinos consideran que ha de hacerse una distinción entre patria y Estado. Comprenden el desarrollo histórico que ha conducido a la presente situación en la que dos pueblos viven en la misma tierra y en el mismo país. A pesar de esta buena voluntad, no queda de qué hablar.

DK. Ha mencionado la franja de Gaza. ¿Qué piensa de la nueva realidad allí?

Darwix. Es una situación trágica, un ambiente de guerra civil. Lo que sucede entre los partidarios de Fatah y los partidarios de Hamás en Gaza refleja un horizonte cerrado. No hay un Estado palestino ni una autoridad palestina y la gente allí lucha contra ilusiones. Cada una de las partes quiere tomar el control del Gobierno. Todo es “como si”: como si hubiera un estado, como si hubiera un gobierno, como si hubiera un ministro o esto o lo otro, como si hubiera una bandera, como si hubiera un himno. Mucho “como si” pero ningún contenido. Es como si metes a la gente en prisión —la franja de Gaza es una gran prisión— y los prisioneros son pobres y carecen de todo, están desempleados y carecen de asistencia médica básica: encontrarás gente sin esperanza, lo cual crea un manifiesto sentimiento natural de violencia interna. No saben contra quién luchar, por eso luchan entre sí. Eso es lo que se llama guerra civil. Es una explosión entre presiones mentales, económicas y políticas.

DK. ¿Le alarma el auge del fundamentalismo de Hamás?

Darwix. Hay un conflicto cultural entre la parte laica que cree en el multiculturalismo y una patria nacional y la gente que considera Palestina exclusivamente bajo el prisma de la herencia. No me asusta desde el punto de vista político. Es una alarma cultural. Su inclinación a imponer sus principios a los demás no resulta cómoda. Ellos creen en una democracia trasnochada, y eso sólo para ganar las elecciones y lograr el poder. Pero son una catástrofe para la democracia. Es una democracia antidemocrática. Ambos partidos, Fatah y Hamás, no pueden permanecer inflexibles. Ahora, cuando la sangre está caliente y las heridas sangran, es duro hablar de diálogo, pero al final, si Hamás pide perdón por lo hecho en Gaza y rectifica los resultados de la campaña en Gaza, será posible hablar de diálogo. Es imposible ignorar a Hamás como fuerza política que tiene partidarios en la sociedad palestina.

DK. Así que usted está de nuevo jugando en las manos de Israel, lo cual es fruto en cierto modo de esta situación.

Darwix. Israel proclama continuamente que no tiene interlocutores, incluso cuando hay alguien dispuesto al diálogo. Ahora dicen que es posible hablar con Mahmud Abbás, pero Abbás estaba ahí antes de que Hamás ganara las elecciones. ¿Qué puede Abbás hacer si no han quitado ningún control? Es la política israelí lo que impulsa a los palestinos al extremismo y a la violencia. Los israelíes no quieren dar nada a cambio de la paz. No quieren retirarse a las fronteras de 1967, no quieren hablar del derecho al retorno o de la evacuación de los asentamientos, y, por supuesto, no quieren hablar de Jerusalén. Entonces, ¿hay algo de qué hablar? Estamos en un callejón sin salida. Yo no veo el final de este oscuro túnel mientras Israel sea incapaz de diferenciar la historia de la leyenda.

Los Estados árabes están dispuestos a reconocer a Israel y están pidiendo a Israel que acepte la iniciativa árabe de paz que consiste en la retirada a las fronteras de 1967 y el establecimiento de un Estado palestino a cambio no sólo de reconocer plenamente a Israel sino también de la normalización de las relaciones. Dígame quién está perdiendo la oportunidad. Se suele decir que los palestinos nunca pierden una oportunidad porque sí. ¿Por qué está Israel emula el rechazo de los árabes?

DK. ¿Cree que vivirá lo suficiente para ver algún acuerdo entre las dos naciones?

Darwix. Yo no desespero. Soy paciente y estoy esperando una revolución profunda en la conciencia de los israelíes. Los árabes están dispuestos a aceptar a un Israel fuerte con armas nucleares, todo lo que tienen que hacer es abrir las puertas de su fortaleza y establecer la paz. Dejar de hablar de los profetas y de la tumba de Raquel. Estamos en el siglo XXI. Mire lo que está sucediendo en el mundo. Todo ha cambiado, aparte de la posición israelí que, como he dicho, mezcla la historia con la leyenda.

DK. La terrible asociación entre tierra y muerte se está ahora dando por sentado en ambos lados.

Darwix. He dicho que los políticos tienen que realizar una revolución cultural en Israel para comprender que es imposible pedir a los jóvenes de Israel que esperen la próxima guerra. La globalización afecta a la juventud; desean viajar y vivir fuera del Ejército. No espere que haga una comparación entre la desesperación de los dos lados del conflicto. Si la desesperación existe entre los israelíes, es una buena señal. Tal vez la desesperación ejerza presión sobre los dirigentes para crear una nueva situación

Sabe cuál es la diferencia entre un general y un poeta? El general cuenta el número de muertos entre el enemigo en el campo de batalla, mientras que el poeta cuenta cuántas personas han muerto en la batalla. No hay enemistad entre los muertos. Hay un enemigo: la muerte. La metáfora es clara. Los muertos de ambos lados no son enemigos.

DK. ¿Se puede producir una situación que le impulse a dedicarse a la política, como hizo Václav Havel, por ejemplo?

Darwix. Havel pudo haber sido un buen presidente, pero no se le conoce como un escritor excepcional. A mí se me da mucho mejor escribir poemas que la política.

DK. ¿Quiere anticiparnos lo que dirá en el recital poético?

Darwix. Quiero hablar de cómo me marché del Carmelo y cómo he regresado y me pregunto por qué me marché.

DK. ¿Se arrepiente de haberse marchado en 1970, cuando formando parte de una joven delegación comunista viajó a Egipto y nunca regresó?

Darwix. A veces el tiempo produce sabiduría. La historia me ha enseñado el significado de la ironía. Siempre me preguntaré: “¿Me arrepiento de haberme marchado en 1970?” He llegado a la conclusión de que la respuesta no es importante. Quizá la pregunta de por qué me marché del Monte Carmelo es más importante.

DK. ¿Por qué lo hizo?

Darwix. Para regresar 37 años después. Eso quiere decir que no me marché del Carmelo en 1970 ni regreso en 2007. Todo es una metáfora. Si en este momento estoy en Ramala y la próxima semana estoy en el Carmelo y recuerdo que no he estado allí desde hace casi 40 años, el círculo se cierra y todos esos largos años habrán sido una metáfora. Pero no asustemos a los lectores. No intento llevar a cabo el derecho al retorno.

DK. ¿Y si se diera una conjunción de los astros que hiciera posible su regreso a Galilea, a Haifa y a la familia?

Darwix. Usted fue testigo de mis fuertes emociones durante la primera visita, en 1996, después de una ausencia de 26 años. Iba a encontrarme con Emile Habibi para participar en una película sobre su vida. Hasta grité y deseé permanecer en Israel. Pero si me lo pregunta hoy, no estoy dispuesto a cambiar mi carné de identidad palestino por uno israelí. Lo relevante ahora es lo que he hecho durante estos años: escribo mejor, he progresado y he beneficiado a mi nación desde el punto de vista literario.

DK. Algunos han criticado que su lectura se produzca este mes, aprovechando la situación política y el asunto de Azmi Bishara.

Darwix. Nosotros estamos vivos, y no sé lo que está bien y lo que no. Todo nuestro tiempo y nuestra distribución del mismo está dislocado. Ésta no es mi primera visita. Estuve aquí en 1996 y leí una elegía en el funeral de Habibi; y también estuve en el 2000 y leí mis poemas en Nazaret, y estuve en un acto de una escuela a la que asistí en Kafr Yasif. No puedo tomar partido en las disputas entre partidos políticos. Soy un invitado de todo el público árabe de Israel y no diferencio entre el movimiento islámico, Hadash y Balad. Soy el poeta de todos ellos. No debo olvidar que hay muchos poetas que me odian y también hay odio entre los que se consideran poetas. La envidia es una emoción humana, pero cuando se convierte en odio, es otra cosa. Los hay que me consideran una amenaza literaria, pero yo los veo a ellos como niños que deben rebelarse contra su padre espiritual. Tienen derecho a matarme, pero que sea a un alto nivel, en un texto.

DK. ¿Mantiene relaciones con intelectuales judíos israelíes?

Darwix. Tengo contacto con el poeta Yitzhak Laor y con el historiador Amnon Raz-Krakotzkin. He leído menos en hebreo durante los últimos 20 años, pero me interesan algunos escritores israelíes.

DK. ¿Se siente halagado por el hecho de que hace siete años Yossi Sarid, que entonces era ministro de Educación, quisiera introducir sus poemas en la asignatura de Literatura, con el resultado de que algunos miembros de la derecha le amenazaron con disolver la coalición?

Darwix. Me da igual que en la asignatura de literatura se estudien o no mis poemas. Cuando me enteré de que iba a haber una moción de censura, me pregunté con ironía dónde estaba el orgullo israelí. ¿Cómo se puede derrocar a un Gobierno por un poeta palestino, cuando hay otras razones para hacerlo? Me da igual que los alumnos estudien o no mis poemas en las escuelas árabes porque los alumnos generalmente odian la literatura que les obligan a estudiar.

DK. ¿Dónde está su casa?

Darwix. Yo no tengo casa. Me he trasladado y he cambiado de casa tan a menudo que no tengo casa en el sentido profundo de la palabra. Mi casa es el lugar donde duermo, leo y escribo, y eso puedo hacerlo en cualquier parte. He vivido en más de veinte casas, y siempre me he dejado en ellas medicinas, libros y ropa. Yo huyo.

DK. En el archivo de Siham Daoud hay cartas, manuscritos y poemas que usted dejó en 1970.

Darwix. Yo no sabía que no iba a regresar. Pensé que intentaría no regresar. Yo no elegí la diáspora. Durante diez años tenía prohibido salir de Haifa, y durante tres de estos años estuve en arresto domiciliario. No siento especial nostalgia por ninguna casa. Al fin y al cabo, una casa no son sólo los objetos que uno ha acumulado. Una casa es un lugar y un ambiente. Yo no tengo casa.

Todo se parece: Ramala es como Ammán y como París. Tal vez porque he vencido a la nostalgia, no me conviene caer en ella nunca más, o tal vez las emociones me hayan abandonado. Puede que la razón haya vencido a la emoción y la ironía se haya intensificado. Ya no soy el mismo.

DK. ¿Es por eso por lo que nunca ha formado una familia?

Darwix. Mis amigos me recuerdan a veces que me he casado dos veces, pero yo en realidad no me acuerdo. No me arrepiento de no haber tenido un hijo. Quizás habría ido por mal camino. No sé por qué intuyo que no habría ido por buen camino. Pero lo que tengo claro es que no me arrepiento.

DK. Entonces ¿de qué se arrepiente?

Darwix. De que publiqué poemas siendo muy joven, y son poemas malos. Me arrepiento de haber causado daño con palabras a un amigo o haber sido grosero o brusco. Quizá no he sido fiel a ciertos recuerdos, pero no he cometido ningún crimen.

DK. ¿Le gusta su soledad?

Darwix. Mucho. Cuando tengo que acudir a una cena, siento que estoy sufriendo un castigo. En los últimos años me gusta estar solo. Acudo a los demás cuando los necesito. Tal vez sea un egoísta, pero tengo cinco o seis amigos. Son muchos. Tengo miles de conocidos, pero eso no ayuda.

DK. Entre sus primeros poemas que no considera buenos ¿incluye “A mi madre”?

Darwix. Escribí ese poema en la cárcel de Ma’asiyahu en 1963-64. Me invitaron a leer poesía en la Universidad Hebrea de Jerusalén —entonces yo vivía en Haifa— e hice una petición [para viajar, porque los árabes que vivían en Israel estaban bajo la ley marcial], pero no obtuve respuesta. Fui en tren. ¿Todavía existe ese tren? Al día siguiente me citaron en el puesto de policía de Nazaret y me condenaron a una sentencia de cuatro meses más otros dos en la cárcel de Ma’asiyahu. Allí fue donde, en un paquete amarillo de cigarrillos Ascot con el dibujo de un camello, escribí el poema que el compositor libanés Marcel Khalife convirtió en un himno nacional. Se considera mi poema más bello y lo leeré en Haifa.

DK. ¿Va a visitar el pueblo en el que nació, Birwa?

Darwix. No. Ahora es un kibutz llamado Yas’ur. Prefiero conservar el recuerdo de espacios abiertos, campos y sandías, olivos y almendros. Recuerdo el caballo que estaba atado en la morera, en el patio. Una vez lo monté, me tiró al suelo y mi madre me pegó. Ella siempre me pegaba porque creía que yo era un diablillo, pero no recuerdo haber sido tan malo.

Recuerdo las mariposas y la sensación de que todo era un espacio abierto. El pueblo estaba situado en una colina y todo se extendía abajo. Un día me despertaron diciendo que nos teníamos que marchar. Nadie habló de guerra o peligro. Fuimos andando —yo con mis tres hermanos— a Líbano. Uno de ellos era muy pequeño y no dejó de llorar durante todo el trayecto.

DK. ¿Su actividad de escritor le obliga a un ritual disciplinado o se ha vuelto más flexible con el paso del tiempo?

Darwix. No tengo obligaciones sino costumbres. Suelo escribir por la mañana, entre las 10 y las 12. Escribo a mano. No tengo ordenador y escribo solamente en casa, y cierro la puerta aunque esté solo, pero no desconecto los teléfonos. No escribo todos los días, pero me obligo a sentarme a la mesa todos los días. Tal vez exista la inspiración, no lo sé. No creo mucho en ella, pero si existe, hay que esperarla y estar preparado para recibirla. A veces, las mejores ideas surgen en sitios que no son muy bonitos: en el baño, en un avión, en un tren. En árabe decimos “De la pluma de”... Pero creo que ya no se escribe a mano. El talento reside en el asiento. Hay que saber sentarse. Si no sabes, no escribes. La disciplina es necesaria.

DK. ¿Por qué tengo la sensación de que no duerme bien?

Darwix. Duermo nueve horas por la noche y nunca padezco insomnio. Puedo dormir en cualquier sitio. Dicen que soy caprichoso. ¿Dónde dijeron eso de mí? En la prensa hebrea. Me consideran una especie de príncipe que está por encima de la gente. Pero no es así. No es cierto que sea antipático. Soy tímido, y algunos interpretan la timidez como antipatía.

DK. ¿El hecho de haber estado a punto de morir, al menos una vez en su vida, le hace temer la vejez y la traición del cuerpo?

Darwix. Me encontré con la muerte dos veces: una en 1984 y otra en 1998, cuando estuve clínicamente muerto y ya se estaban haciendo los preparativos para mi funeral. En 1984 sufrí un ataque cardíaco en Viena. Fue un sueño profundo y plácido en una nube blanca con una luz clara. No creía que estaba muerto. Floté hasta que sentí un fuerte dolor que significaba que había vuelto a la vida. Dijeron que había estado muerto durante dos minutos. En 1998 la muerte fue agresiva y violenta. No fue un sueño placentero. Tuve terribles pesadillas. No era la muerte sino una guerra dolorosa. La muerte en sí no produce dolor.

DK. ¿Cuál es su actitud hacia la muerte ahora?

Darwix. No estoy preparado para ella. No la estoy esperando. No me gusta esperar. Tengo un poema de amor sobre el sufrimiento de la anticipación. Ella, la amada, se retrasa en llegar. Entonces digo: quizá se ha ido a un sitio donde haga sol, tal vez haya ido de compras. Puede que se haya mirado en el espejo, se haya enamorado de sí misma y haya dicho: es una pena que alguien me toque, yo soy mía. Tal vez haya tenido un accidente y ahora esté en el hospital. Quizá haya llamado por la mañana, cuando yo no estaba porque había ido a comprar flores y una botella de vino. Tal vez haya muerto, porque a la muerte, como a mí, no le gusta esperar. A mí no me gusta esperar. A la muerte tampoco le gusta esperar.

Yo tengo un pacto con la muerte y está claro que todavía no estoy preparado para ella. Me quedan cosas por escribir y por hacer. Hay mucho trabajo y hay guerras por todas partes. Tú, muerte, no tienes nada que ver con la poesía que yo escribo, no es ninguna de tus tareas. Concertemos una cita. Dímelo por anticipado: me prepararé, me vestiré elegantemente y nos encontraremos en un café a la orilla del mar, beberemos un vaso de vino y luego me llevarás. No tengo miedo ni me preocupa la muerte. Estoy preparado para aceptarla cuando venga, pero que sea de forma rápida, que se termine todo de repente, no mediante cáncer, enfermedad del corazón o sida. Que no venga como un ladrón. Que me lleve de golpe.

DK. ¿Qué le produce intensa alegría?

Darwix. En Francia se dice que si después de los cincuenta no tienes ningún dolor es que estás muerto. Yo me siento feliz de despertarme cada mañana. De forma general, creo que la felicidad es una quimera. La felicidad es un momento. La felicidad es una mariposa. Yo me siento feliz cuando termino un trabajo.

DK. Da la sensación de que se muestra más conciliador que nunca.

Darwix. Puede sonar brusco, pero es la estética de la desesperación. Yo no tengo ilusiones. No espero muchas cosas. Por eso, si sucede algo bueno, me produce gran alegría. También poseo humor, junto con la desesperación. Soy un “pesoptimista” [alusión a la novela de ese título de Emile Habibi].

DK. ¿Echa de menos a Habibi?

Darwix. Los sitios se llenaban cuando Emile Habibi se hallaba presente. Era una fuerza de la naturaleza. Era risueño y tenía un humor especial. Creo que luchaba contra la desesperación mediante el humor. Al final fue vencido. Todos seremos vencidos, incluidos los victoriosos. Uno tiene que saber comportarse tanto en el momento de la victoria como en el momento de la derrota. Una sociedad que no conoce la derrota no es madura.

DK. Hace poco, ha terminado un nuevo libro, un diario personal, una fusión de prosa y poesía. ¿Ahora está satisfecho consigo mismo?

Darwix. En absoluto. Cuando los poetas jóvenes se acercan a mí y puedo aconsejarlos, les digo: “Un poeta que se sienta a escribir y no se siente como un cero no evolucionará ni ganará prestigio”. Yo siento que no he hecho nada. Eso es lo que me impulsa a mejorar mi escritura, estilo e imaginería. Siento que soy un cero, y eso significa que me quiero mucho. Tengo un amigo que sabe que no puedo soportar ver mi imagen en la televisión. Me dice que eso es narcisismo invertido. Eso es lo que me dice el muy tunante.

Haaretz Magazine, 12/07/2007

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7/7/08

Para mí, la poesía está ligada a la paz. Entrevista por Muriel Steinmetz

Tras largos años de exilio, Mahmud Darwix vive ahora en Ramala. En 1948 tenía seis años cuando el ejército israelí expulsó a su familia del pueblo de Birwa, donde nació. En 1950, volvió a su tierra, pero Birwa había desaparecido. En su lugar habían construido dos colonias israelíes. La historia del poeta se confunde con la de su pueblo, cuyo derecho al retorno, más que nunca, sigue siendo algo hipotético. Sin embargo, Mahmud Darwix afirma que «el poeta no tiene obligación alguna de ofrecer un programa político a su lector». Preconiza una lectura inocente de su obra, que está impregnada de un «lirismo épico», según las palabras del poeta griego Yannis Ritsos. La poesía de Darwix, cualesquiera que sean sus raíces, no se inscribe en un tiempo y un espacio dados, por muy candentes que sean. El exilio sigue siendo su verdadero sustrato, lo más cercano de una geografía concreta del mundo, bañada en más de una época histórica. Mahmud Darwix se define como un troyano y, con una leve sonrisa, reivindica el estatuto de víctima. ¿Acaso no es más noble cantar, aunque sea en la cárcel, en vez de ocuparse de oprimir y controlar al prójimo? Acaba de publicar Estado de sitio, testimonio escrito en caliente por un hombre aislado en el seno de su propia tierra, cercada por los tanques. Su larga y poética reflexión nació del tiempo libre impuesto a este heraldo de un pueblo también situado bajo estrecha vigilancia. Desde su ventana escruta las calles de Ramala, escribe la crónica de las horas y los días. De visita en Francia, ha accedido a responder a nuestras preguntas, traducidas por Faruk Mardam-Bey, su editor en Actes Sud.

MS. Una recopilación de entrevistas con usted llevaba por título Palestina como metáfora. ¿De qué es una metáfora Palestina?

Darwix. Fue mi editor quien escogió el título. Esa metáfora permite decir cosas sobre la poesía: la relación del ser humano con su historia, con su existencia, con la naturaleza, consigo mismo, así como su lucha por las libertades individuales y colectivas. Para mí, Palestina es sólo un espacio geográfico delimitado. Remite a la búsqueda de la justicia, de la libertad, de la independencia, pero también a un lugar de pluralidad cultural y de coexistencia. La diferencia entre lo que yo defiendo y la mentalidad oficial israelí —incluso diría la mentalidad dominante hoy en Israel— es que esta última conduce a una concepción exclusivista de Palestina, mientras que, para nosotros, se trata de un lugar plural, ya que aceptamos la idea de una pluralidad cultural, histórica y religiosa en Palestina. Este país la heredó. Nunca fue unidimensional ni perteneció a un solo pueblo. En mi escritura, me confieso hijo de varias culturas sucesivas. Hay lugar para las voces judía, griega, cristiana y musulmana. La visión opuesta concentra toda la historia de Palestina en su periodo judío. No tengo derecho alguno a criticar la concepción que ellos tienen de sí mismos. Pueden definir su identidad como deseen. El problema es que esa concepción de la identidad significa la negación de la del otro. Eso nos impide vivir libres e independientes. Consideran que no tenemos ningún derecho sobre esta tierra, en la medida en que la aprehenden como tierra bíblica y juzgan que, desde hace dos mil años, está a la espera del «regreso» de quienes la habitaron antaño. Hay, pues, una tentativa permanente de monopolización de la tierra, de la memoria, incluso de Dios. Por eso, la lucha se sitúa hoy en diversos ámbitos. Los gobernantes israelíes tratan de aplicar su concepción del pasado sobre una realidad que no les abona en absoluto. A veces, provoco a un soldado en el puesto de control. Le digo: «Si queréis la tierra santa tal como está escrita en la Torá, quedaos con ella y dadnos la tierra que no es sagrada, es decir, todo el litoral palestino. No hay historia bíblica sobre este litoral». Si la referencia es religiosa, hablemos de este intercambio entre el litoral y el interior, pero si es jurídica, si depende del derecho internacional, volvamos a las resoluciones de la ONU.

MS. ¿Qué lugar ocupa hoy la poesía de lengua árabe y, en particular, su propia poesía en la literatura árabe?

Darwix. Los países europeos y Estados Unidos creen que la poesía de lengua árabe ocupa el lugar de honor en la cultura árabe, como sucedió durante tres siglos. Se habla de la crisis de la poesía en Occidente, de la decadencia de su masa de lectores. La misma crisis existe entre nosotros. La relación entre la poesía y los lectores se ha vuelto problemática, quizá debido a que la poesía árabe se ha adentrado en formas experimentales, que la han aislado del gran público. Establece una distancia entre el texto y la realidad y se priva de la riqueza de las cadencias de la métrica árabe. Hay también una razón de orden cultural. La poesía no es el primer género literario entre los árabes. La novela ha tomado el relevo. Eso es algo positivo. Yo añadiría que vivimos una crisis de identidad cultural y política. Los árabes retroceden en numerosos planos. Tenemos el sentimiento de no participar en el curso de la historia. Por ejemplo, se oye hablar de un gran Oriente Próximo. Pero los estadounidenses, iniciadores de dicho proyecto, consideran que los árabes ni siquiera merecen ser consultados. En la medida en que las fronteras de los países árabes fueron fijadas por extranjeros, estos mismos extranjeros pueden modificarlas a su antojo. Los árabes no participan en la definición de su destino. ¿Qué quiere que haga la poesía en tales condiciones? ¿Hablar de la edad de oro? ¿Adorar el pasado? La verdadera poesía árabe es una poesía crítica de la realidad árabe.

MS. Perdone que le haga esta pregunta un poco brutal, pero ¿puede la poesía, en su sentido más elevado, tal como usted la practica hoy, constituir la alternativa a la religión?

Darwix. William Blake decía que la imaginación es una nueva religión. Todo el movimiento romántico busca sustituir la inspiración poética por la inspiración religiosa y profética. Yo creo que la religión y la poesía nacieron de la misma fuente, pero la poesía no es monoteísta. Tal como dijo Heidegger, nombra a los dioses. La poesía está en rebelión permanente contra sí misma. No cesa de modificarse. La religión es estable, fija, permanente. Sin embargo, la búsqueda de lo desconocido es común a ambas. La poesía tiende hacia lo invisible, sin encontrar solución. La religión encuentra una, de una vez por todas. ¿Acaso el gran problema del marxismo no fue que en cierto momento se convirtió en una religión?

MS. ¿Es hoy compatible la poesía con la religión bajo su forma más reivindicativa y violenta?

Darwix. El integrismo impide que florezca la poesía. Su maniqueísmo sin apelación no conviene en absoluto a la poesía. El integrismo tiene respuestas totalmente preparadas. Es poeta quien duda y acepta al otro. Para mí, la poesía está ligada a la paz. Está en perpetua adoración ante la belleza de las cosas y, desde luego, ante la belleza femenina. El integrismo aísla a la mujer y la esconde. A la poesía le gusta el vino; el integrismo lo prohíbe. La poesía sacraliza los placeres en la tierra. El integrismo se les opone ferozmente. La poesía libera los sentidos. El integrismo los reprime. La poesía humaniza a los profetas. Por eso la cultura engendrada por el integrismo religioso es antipoética por excelencia. El integrismo puede llegar a suprimir todo lo que sea contrario a su concepción del mundo. En sus formas más extremas, representa un peligro mortal para la poesía y los poetas. Durante los siglos IX, X y XI —la edad de oro de la poesía árabe— el Estado fue bastante tolerante, abierto a todas las culturas. Hubo, en particular, una bellísima poesía erótica y báquica. El fundamentalismo musulmán es en sí mismo una reacción al fundamentalismo y al integrismo estadounidense e israelí. El despotismo universal de Estados Unidos, tal como se despliega hoy en día, está legitimando el integrismo musulmán. Cuando los estadounidenses hablan del terrorismo como algo inherente al islam, empujan a los musulmanes hacia ciertos extremos. La lucha actual, que se nos presenta como una lucha entre civilizaciones, no es más que una lucha entre integrismos. No es una guerra de civilizaciones, sino una guerra entre diferentes barbaries.

MS. Nos sorprende la reflexión de Ritsos, que calificó su poesía de «lirismo épico». ¿Cree que eso lo define a usted todavía hoy, teniendo en cuenta que en Occidente la epopeya es una forma que desapareció hace siglos, mientras que el lirismo parece considerablemente en retirada?

Darwix. La poesía épica, en el sentido tradicional del término, desapareció hace tiempo. Tal como demostró Hegel, estuvo vinculada a las antiguas civilizaciones. El lirismo es intemporal, porque existe siempre una pluralidad de «yoes». Este tipo de poesía expresa detalles, partes del alma de un pueblo. Se centra en los individuos que lo componen, más que en el pueblo entero. Desde luego, estos conceptos no tienen base alguna en la poesía árabe. Provienen de las lenguas occidentales. En Occidente, se dice que el lirismo es lo que no es ni épico ni dramático en sentido teatral. Por el contrario, nuestra poesía árabe es lírica desde su origen, pero según diversas corrientes. Las formas son múltiples en ella. Cuando Ritsos define mi poesía como un «lirismo épico» se refiere a la arquitectura del poema y a la multiplicidad de las voces en su seno. Mi voz no es la única, pues hay otras que expresan al grupo. Mi poesía no se sitúa en un espacio limitado y personal, sino en un espacio amplio, en el plano histórico y geográfico. De ahí que algunos de sus rasgos recuerden la épica. El lirismo de estos poemas no es ni muy personal ni individual, es un lirismo colectivo. Se trata de una poesía que no es totalmente lírica ni totalmente épica. El lirismo también está en retirada en el mundo árabe. Los jóvenes poetas, un poco perdidos, no dominan los conceptos. A menudo confunden lirismo y romanticismo.

MS. ¿Puede la poesía ayudar a que un pueblo conserve su identidad, incluso en las peores dificultades de supervivencia?

Darwix. No creo que la poesía tenga un papel evidente en la lucha nacional. Su influencia no es inmediata. Constituye un viaje permanente entre culturas, tiempos y espacios. En ese sentido, yo no creo en una poesía nacional. Dado que el poeta es el hijo de una época y de una lengua, contribuye sin duda a dar forma a la identidad nacional de un pueblo al desempeñar un papel de orden cultural, pero no tiene por qué incitar a nada. En los años cincuenta, sin duda, en el mundo árabe y en el mundo entero –pienso en toda la poesía comprometida, en particular, entre ustedes los franceses, en Louis Aragon–, el poeta tuvo un papel político directo. El mundo era un poco menos complejo que hoy en día. En nuestro caso, la ocupación israelí es una larga ocupación, a diferencia de la alemana en Francia. ¿Qué artista puede representar sin interrupción el papel de poeta de circunstancias, de poeta comprometido, en el sentido antiguo del término? Si pretende representar ese papel, la Ocupación habrá conseguido matar también la poesía.

Traducción de Manuel Talens

L’Humanité, 15/04/2004

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28/6/08

La poesía palestina no debe someterse al estado de excepción. Entrevista por Luz Gómez García

Mahmud Darwix, poeta palestino, nació en 1941 en Birwa, pequeña población de Galilea arrasada por el ejército israelí en 1948. Considerado uno de los mayores poetas árabes vivos, su obra y su vida han estado sometidas a parejas vicisitudes que las del pueblo palestino: exilio interior en Israel y exilio en Egipto, Líbano y Francia. Vinculado durante años a la dirección de la OLP, ahora vive en Ammán, retirado a un segundo plano político. La gloria le ha perseguido desde muy joven: hace unos meses, 10.000 personas se congregaron para escucharle en Beirut, y sus presuntos nuevos poemas circulan vía Internet.

LGG. Un verso suyo dice “lo que a la gente le sirve está en las palabras del poema”. En Europa, con la decadencia que vive la poesía como género de lectura, esta declaración puede sonar en exceso entusiasta.

Darwix. Me refería a mí mismo, a lo que es posible vivir, en el sentido de que las palabras del poema son el suelo del significado. Yo no defiendo una función inmediata, práctica, de la poesía, sino que su función es metafórica, no concreta y evidente.
Es cierto que la poesía sufre cierto retroceso en su relación con el lector, en Europa y fuera de ella. Es fruto de nuestra época: las rapidísimas transformaciones sociales, los medios de comunicación, la preponderancia de una lengua de consumo y la prisa que caracteriza al modo de vida moderno han abierto un abismo entre el lector y la poesía, y ésta se inclina cada vez más al aislamiento, alejándose de las preocupaciones comunes al ser humano y sumergiéndose en su yo cerrado y en el experimentalismo formal. Aunque tampoco es un fenómeno generalizable, porque en algunos países, como los árabes, la poesía sigue disfrutando de un lugar privilegiado, ha conservado una estrecha relación con el lector, que encuentra en ella un eco de sus propias dudas existenciales, lo cual hace de la poesía parte de su vida corriente, de su formación intelectual y de sus señas de identidad.

LGG. Entre los poetas árabes, usted destaca por su acusada conciencia de la función del poeta. ¿Ha influido en ello el peso que durante muchos años ha recaído sobre sus espaldas, y posiblemente aún recae, de ser a ojos de muchos el poeta nacional palestino, algo análogo a lo que a Seamus Heaney le ha ocurrido respecto al problema irlandés?

Darwix. No sé hasta qué punto semejante consideración libera del aislamiento o es una cadena más. En mi caso, se han borrado los límites entre lo personal y lo colectivo. Los referentes de mi lenguaje poético apuntan hacia la experiencia del ser humano en su totalidad, hacia los lugares compartidos. Pero yo sé muy bien que la misión del poeta es ante todo poética: ha de proteger a la lengua del avasallamiento de una actualidad siempre de paso, y renovar su vida continuamente, sin que esto contradiga la necesidad de que el poeta forme parte de una comunidad y sea testigo de su época. Porque el mundo se mueve en el poema, pero el poema no cambia el mundo o las cosas a menos que cambie su propia concepción estética. Y eso es un proceso muy lento. Nosotros amamos la poesía porque dice, en último término, lo que nos gustaría decir sobre nuestra relación con la existencia, nuestro amor a la vida, a la libertad y a la belleza. Me asusta su apreciación de que yo hablo en nombre de mi pueblo, porque me dan miedo las lecturas reductoras de mi poesía; quiero decir, me asusta que a cada símbolo se le ponga un referente nacional predeterminado: que la mujer sea la patria y la rosa la herida. Es verdad que uno no nace sino en un lugar, pero ese lugar forma parte de una existencia humana más amplia, y en él hay sitio para preguntarse por la poesía, por la patria y por la existencia.

LGG. ¿Puede un poeta palestino escribir sin que los conceptos de pueblo y Estado graviten directamente sobre su conciencia? Buena parte de la poesía palestina de las últimas décadas da muestras de que no.

Darwix. No es fácil, pero un poeta verdadero, al escribir, debe hallarse libre de cualquier condicionamiento, incluida la conciencia de su papel, de manera que pueda moverse inevitable y automáticamente hacia la poesía. Pero esta no-conciencia no se sustenta en la nada, sino que hay un medio cultural y personal que la constriñe, y un pensamiento que conduce al poema, igual que el poema nos devuelve al pensamiento por otros derroteros. Digo esto para situar al poeta palestino dentro de un marco general, para no hacerle siempre esclavo de sus circunstancias particulares. Soy especialmente susceptible a esa especificidad cuyo objetivo no es otro que encarcelar al poeta en una tipología opresiva que parece no acabar nunca. Porque al margen de sus condiciones nacionales, el pueblo palestino tiene su propia vida, constituida por las vidas de individuos que tienen sus dudas existenciales y metafísicas, como todos, y sus preocupaciones estéticas. En otras palabras: no quiero que la poesía palestina esté sometida a las exigencias del estado de excepción. ¿Es esto posible? Es una aspiración enormemente difícil y compleja. Y forma parte de nuestra búsqueda de una vida normal en circunstancias totalmente anormales.

LGG. ¿Qué papel cumple en su obra El fénix mortal?

Darwix. No me fío mucho de lo que los poetas afirman de su poesía… Aun así, diría que éste es el libro que más se cerca a mí mismo, porque contiene rasgos autobiográficos de doble signo: históricos y literarios; en él he sintetizado mi infancia y mi experiencia poética, mi trayectoria estilística y rítmica, para que cristalizaran en un canto épico.

LGG. Usted es un experimentador constante de las posibilidades rítmicas y melódicas de la lengua árabe. ¿Hasta qué punto eso obedece a una inmersión en la propia tradición o a un conocimiento de tradiciones ajenas?

Darwix. Quizá yo sea uno de los poetas contemporáneos más fieles al concepto de ritmo árabe, pues no concibo una verdadera modernidad poética que rompa con los valores estéticos y la riqueza rítmica de nuestra lengua. En la tradición árabe se pueden hallar enormes posibilidades de desarrollo de un modelo rítmico moderno, que dé respuesta al tono de la vida actual, que se abra, por ejemplo, a la poeticidad de la prosa, como ha hecho la poesía moderna occidental.

LGG. El uso de la mitología es muy variado en El fénix mortal. ¿Con qué fin entabla este diálogo con el pasado?

Darwix. La poesía siempre tiende a recordar el pasado, a buscar su incógnita primera. Es así como alcanza lo más lejano. Casi me atrevería a decir que el futuro de la poesía pasa por dejar expedito el camino del pasado, pues el presente huye arrasándolo todo. En cuanto a mí mismo, puede que aúne la lucha por mi derecho a tener un lugar y un futuro con la lucha por la legitimidad de mi existencia en el pasado de este lugar, Palestina. Porque la teoría sionista del otro pretende monopolizar Palestina y su pasado vaciando el tiempo de carga histórica, en el sentido de que la realidad actual de la existencia de Israel pretende ser la extensión natural de la presencia histórica judía en Palestina, que, en su discurso ideológico, ha estado al margen del individuo y de la historia a lo largo de tres mil años. De tal manera que es la presencia árabe en Palestina la que se convierte en ocupación. Pero yo, que no he nacido en otro lugar, ni tengo otra infancia fuera de Palestina, me considero producto de las muchas civilizaciones de las que ha sido testigo esta tierra, desde los cananeos hasta hoy. Por eso, cuando escribí una especie de autobiografía en El fénix mortal, intentando relatar mi viaje constitutivo, recurrí a los mitos de esta tierra partiendo de su realidad histórica, tanto para proteger mi propia realidad de lo mitológico como para conquistar la realidad y la mitología, para ser parte de la historia y dejar constancia de qué ha hecho la historia de mí.

LGG. Usted ha dialogado con la tradición cultural judía, de hecho es un buen conocedor de la lengua hebrea, ¿qué es lo más le ha atraído de esa tradición?

Darwix. La fuerza de la Torá es la fuerza de la escritura literaria; no es un texto histórico, y en Israel los historiadores ya están empezando a cuestionarse la validez del uso de este texto como fuente para el estudio de la historia de Palestina. De esta gran obra me atraen las dudas existenciales que expresa la figura de Job, el Salomón del Eclesiastés y la musicalidad pastoril de El cantar de los cantares.

LGG. ¿Cree que un movimiento análogo de apertura a la tradición árabe literaria se ha producido en Israel?

Darwix. No soy ningún experto en literatura hebrea, pero es bien sabido que los escritores israelíes de cultura árabe, los sefardíes, no ocupan un lugar destacado en el panorama literario israelí. Los grandes escritores son de origen askenazi, y no parece que tengan el menor interés por la cultura árabe que les rodea, ni saben árabe.

LGG. Usted ve a Palestina como una metáfora del destino humano... Hace poco David Grossman afirmaba en este mismo periódico que Israel no es un Estado como los demás, que parece más un símbolo que otra cosa, y que eso le impide actuar como un Estado verdadero y llegar, por añadidura, a un acuerdo digno con Palestina. ¿No son demasiadas metáforas?

Darwix. La poesía no es posible sin metáforas, y la metáfora es el significado del significado. Pero hacer de la política una metáfora es querer matar el significado. Ver el Estado de Israel como un símbolo (no sé de qué, la verdad) es intentar liberarle de su responsabilidad como Estado y de su sometimiento a la legalidad internacional.

El País, 2/12/00

22/6/08

Poesía y poética en el último Mahmud Darwix. Entrevista

La publicación de cualquier libro de Mahmud Darwix propicia la revisión, por parte de la crítica árabe, de su trayectoria vital y literaria. En la entrevista que traducimos, concedida con motivo de la aparición de La cama de la extranjera (1999), Darwix, cada vez más convencido de la necesidad de una estricta lectura de su obra desde presupuestos poéticos, reflexiona sobre sus preocupaciones técnicas y espirituales, que ya habían dado un giro definitivo en su anterior libro, El fénix mortal (1995). La entrevista fue realizada por varios críticos y escritores en la Casa de la Poesía de Ramala, y se publicó en la revista al-Shuará (abril de 1999). La presente edición es una versión corregida de la que publicamos en la revista española Nación Árabe, nº 40, invierno 2000.

Hasan al-Barguzi (HB): Me gustaría preguntarte sobre la “estructura artística”, sobre tu plan previo para la articulación del poema. Por ejemplo, ya desde la década de los sesenta lo divides en partes y utilizas un leitmotiv, una especie de estribillo, recurriendo a técnicas compositivas de la música, que, en la poesía palestina, o en la árabe en general, no se habían dado de forma sostenida. ¿Dónde aprendiste tan temprano a concebir un plan para el poema? Algunos grandes poetas sólo empezaron a prestar atención a esto tras una larga experiencia; en tu caso, ¿viene de tu interés por la música y el canto? ¿Cómo te hiciste con estos mecanismos?

Darwix: A uno le resulta difícil controlar a qué le presta atención, o sea, que me cuesta fijarme en cómo me ocupo de la estructura. Quizá lo aprendiera de los modelos poéticos que leí, ya que cada uno tiene sus referentes; o tal vez provenga de la conciencia que va cristalizando con la experiencia y la práctica. La poesía es básicamente una estructura: la articulación de las relaciones entre los elementos del poema; no hay nada gratuito, ni en las imágenes, ni en las metáforas, ni siquiera en el ritmo. Yo, puedes estar seguro, continuo indagando en el proceso estructural, no en la estructura en su sentido clásico de introducción, nudo y desenlace. Por eso me alegra tu observación a propósito de la estructura en mi poesía. Es una cuestión compleja cuando se trata de poemas largos, dada la dificultad de crear una estructura armónica: la del muwaxxah, o la de los cuartetos, por ejemplo, es una estructura de sobra conocida, incluso fácil y trillada, dado que existen unos moldes poéticos; lo más difícil es la estructura dramática, especialmente por su carácter narrativo de naturaleza prosística, porque la necesaria relación o diálogo textual entre prosa y poesía no puede darse con un ritmo poético fuerte y ascendente, y se imponen ciertos descansos o silencios en el poema. Hay en ello un trabajo estructural más consciente, más visible; pero retomando tu pregunta sobre mi aprendizaje, cuantos más conocimientos poéticos tengo, mayor es mi obsesión por la estructura.

HB: En la práctica, la columna vertebral de tu estructura poética ha sufrido una mudanza: en los sesenta la estructura era óptica, como en “Apunta: soy árabe”, y el motivo del poema era el debate con los otros, por ejemplo el juez militar, o bien había una voz poemática que interpelaba a una mujer o a otra persona; después, fuiste introduciendo el diálogo, hasta llegar a producirse, en mi opinión, un salto cualitativo entre el diálogo del poema “Un soldado sueña con azucenas blancas”, y el anterior y menos logrado de Enamorado de Palestina (1966). Mientras hablabas con los profetas [alusión al tipo de escritura desarrollado en los libros Bajo antiguas ventanas y Enamorado de Palestina], se produjo el salto a la fusión entre “la descripción cantada” y el diálogo. Dice Nietzsche que en la poesía el poeta se envuelve en el yo como si fuera un todo, pero que cuando se pasa al teatro, el yo se envuelve en el otro; “Un soldado sueña con azucenas blancas” es la primera experiencia en la que el yo se envuelve en el otro y el otro en el yo, experiencia que se completa en poemas como “Shûlamît”. En mi opinión, la madurez del diálogo culmina en el poema “El largo invierno de Rita”; en él se mezclan las técnicas del teatro, del diálogo y el drama, y disminuye la sobreabundancia de descripción al margen del diálogo. ¿Tiene esto raíces conscientes o inconscientes en el teatro? Es decir, ¿hay una inspiración en los elementos teatrales y dramáticos, un diálogo de tu poesía con ellos?

Darwix: Puede que sí, que haya interferencias de la experiencia teatral. Las formas de creación artísticas interfieren unas en otras, no existen límites definitivos entre ellas. En cuanto a los ejemplos que has mencionado, era una poesía con pretensiones de realismo, que improvisó una manera de tratar poéticamente la realidad, aunque a condición de simplificar la expresión, porque si ésta primaba en exceso el poema perdía efectividad, exhausto como estaba de tanta retórica preestablecida. Con ello le llegó una oportunidad única al poema que prescinde del pie métrico, o que parece prosa, que decimos en árabe [en la literatura árabe, el concepto qasidat al-nazr, no equivale a la expresión española “poema en prosa”, que sería su traducción literal castellana: se refiere a un tipo de escritura cercana a nuestro “verso libre”, expresión ésta que a su vez plantea problemas de traducción al existir un movimiento poético con esta denominación (al-shi`r al-hurr) caracterizado sin embargo por el uso del pie métrico; a lo largo de la entrevista, hemos adaptado, en la medida de lo posible, la terminología árabe a sus correlatos españoles, alejándonos de su traducción literal, que suele ser la más usada]: el poema en verso libre se puede librar de la ramplonería, del romanticismo y de los abusos propios de la lírica, dejando, por un lado, que fluya la melodía, y al mismo tiempo aproximando el texto poético al mundo real de una forma más abierta. En este sentido, mi preocupación fue cómo debe expresar el texto moderno, con medios modernos, esta realidad, sin que la descripción resultante quede fuera de la realidad, sino dentro de ella; o si la realidad podría expresar su naturaleza no poética en un auténtico poema.

HB: Si se comparan tus experimentos con los de otros poetas, tú has librado a lo poético de sí mismo mediante el acercamiento a lo real, y a lo real de un realismo excesivo preservando, por el contrario, lo poético.

Darwix: Esto último es el quehacer primero del poeta, así como la función de la poesía consiste en librar a lo real de los abusos del realismo; en eso estamos de acuerdo. Pero en lo que discrepo es en que privemos a la poesía de su componente expresivo, que no le dejemos profundizar en la dicción y la melodía. Por ejemplo, las citas se dan mucho en la poesía moderna, se han convertido en un elemento básico en la modulación del poema, lo cual constituye una manera de dialogar con otras culturas y otros poetas; interpolar estas frases tal vez parezca prosaico, pero su poeticidad resulta de su propia condición humanística más que de su belleza melódica. Esto es lo que hace a la poesía menos lírica, como no podría ser de otra manera.

HB: En la colección Te quiero o no te quiero (1972) se entabla cierta dialéctica con el poema en verso libre, hasta el punto de que te lanzas por nuevos derroteros cercanos a la prosa. Hoy, cuando este diván tiene más de un cuarto de siglo, parece que has dejado el tipo de diálogo entre lo real y la poesía a la manera de Te quiero o no te quiero. ¿Cuál es la causa de que hayas abandonado este experimento?

Darwix: ¿Qué experimento?

HB: Quiero decir, que hayas vuelto a utilizar pies métricos, pero no mezclándolos como habías hecho en Te quiero o no te quiero, y que renuncies a usar el poema en verso libre a la manera de varias composiciones de ese libro. ¿Hubo algún tipo de consideración que te hiciera abandonar esta vía?

Darwix: Esa experiencia de la que hablas forma parte de la serie “Salmos”, mediante la que traté de recuperar las dimensiones de la tradición bíblica, escenificando la desolación palestina a la luz de un diálogo con las tribulaciones de la Torá. Suponía dialogar con los Salmos del Antiguo Testamento, los cuales constituyen un criterio de autoridad, tanto si les concedemos un crédito de tipo histórico como cultural o literario; al menos eran una referencia, y esto condicionaba la modulación del poema, a mitad de camino entre la lírica y la prosa. El eje del experimento no era la prosa, sino más bien la modulación, y desde mi perspectiva actual no me parece que el resultado fuera satisfactorio. Fue expresión de una voluntad explícita que se plasmó en verso libre en medio de una obra poética que entiende el verso desde la musicalidad métrica; la juzgo con benevolencia, no la considero un punto crucial, sino un momento experimental, pues creo que ningún poeta cultural y creativamente responsable puede dejar de lado la necesidad de dialogar con una de las partes más sobresalientes de la poesía árabe, a saber: la poesía que prescinde del pie métrico. El problema es que existe cierta confusión en la traducción al árabe de las expresiones europeas “prosa poética” y “verso libre”, y a grandes rasgos me parece que la expresión “prosa poética” que usamos en árabe para el poema que prescinde del pie métrico no es muy precisa. Investigar el potencial poético a espaldas del pie métrico es una de las maneras de estudiar el ritmo de lo real y verter aguas nuevas en los cauces de la poética, y ningún poeta puede, milite en la estética que milite, ignorar este diálogo, y yo dialogo con el verso libre a mi manera particular.

EL DIÁLOGO INTERTEXTUAL

Hasan Jádir (HJ): En tu obra se produce cierta intertextualidad con otros textos o ideas, lo cual también sucede en La cama de la extranjera (1999). Sin embargo, en este libro la intertextualidad quiere darse en el nivel lingüístico. Me explico: anteriormente indagabas en la composición, articulando el poema a tenor de la intertextualidad; en cambio ahora ésta se centra en la lengua, intentando buscar una lengua nueva. Es un rasgo distintivo de La cama de la extranjera y me interesa saber por qué conductos has llegado a este punto.

Darwix: La intertextualidad o las referencias que ejecuto conscientemente son parte fundamental de mi proceder, partiendo de la base de que no existe un libro que nazca en un único instante: no hay un libro originario, un libro que parta de cero, como por principio tampoco existe la poesía con fecha fija. Por eso, en una época de interacción entre las culturas y, por ende, de referentes inevitables, dado el enorme desarrollo de la creación poética, uno es libre de introducir las relaciones intertextuales que le parezca, sea con los clásicos árabes, sea con el mundo contemporáneo, porque escribir hoy es escribir sobre lo ya escrito. Tú no puedes entrar en este mundo de la poesía con nacionalidad; si no escribes sobre lo escrito, estarás sacando a la poesía de su existencia cultural, en cuanto que la poesía es, en primera instancia, un producto esencialmente cultural. En lo tocante a la especificidad de cada uno, y cómo ésta exprese lo cultural, depende de cuestiones técnicas. No hay un poeta libre de otros poetas, es posible que cada poeta sea todos los poetas, si su trabajo es serio. Cuanto más sepas, más difícil te resultará escribir, porque buscarás tu lugar en medio del barullo general. El desarrollo de la poesía ha sido tan enorme que polemizar desde un bando u otro forma parte de lo meramente técnico; en la misma medida, debe reconocerse que el poeta jamás es algo enteramente único, sino la voz de una individualidad que a su vez es el resultado de una tradición cultural.
El poeta entabla un diálogo: con los demás, con cada objeto y consigo mismo, y este diálogo es una referencia continua de su experiencia poética. En La cama de la extranjera, intento limpiar mi lengua de los excesos de la retórica poética, es decir, hay un plan consciente de moderación; que lo consiga o no es otro asunto. Lo que hay es un deseo y una afán claro de no permitir que las pompas retóricas campen por sus respetos, es decir, que refreno la imaginería poética, unas veces reduciendo su papel, y otras introduciendo ritmos que corran libres y desenfadados, sin función aparente, como se marca cualquier melodía en una composición musical. La buena música es la que tiene bien cogidas las riendas de la melodía y tira de ellas en el momento adecuado, y la moderación expresiva puede ser parte de una nueva estilística.

LA FUNCIÓN DEL POETA

Zakariya Mahmud (ZM): El poema largo que se da en tu periodo intermedio [el que va de Mi amada se despierta (1970) a Es una canción, es una canción (1986)] parece más bien un poema-tragedia. Hay un héroe trágico cercado por la gente, el universo y el destino; sin embargo, parece que ya has salido de este periodo y echado cuentas con él. ¿Por qué abandonaste este tipo de poema largo en favor de un poema más breve? Tengo la sensación de que esos poemas largos pretendían actuar frente a la historia a modo de contrapeso, que se construían a sí mismos a tenor del curso de la historia, mientras que los nuevos poemas de los últimos divanes, desde Menos rosas (1986) a La cama de la extranjera, no pretenden elaborarse al calor de los acontecimientos históricos, sino de otras cosas.

Darwix: Tu observación es cien por cien acertada, y abordarla implica salirse del contexto estrictamente poético. Aquel proceder estaba orientado por algo parecido a la épica, una épica inexistente entre nosotros, y no me quedó más remedio que desistir de semejante intento, pues los cantos épicos cuentan un relato histórico o popular en un tiempo ya pasado. Mi pretensión con esos poemas era trasladar la realidad al ámbito de la leyenda y empujar a la leyenda hacia los márgenes de la realidad: un mito para la realidad, y realismo para lo legendario. Teníamos un héroe y una historia heroica, y éramos víctimas que ansiábamos la libertad y la liberación a través de la adopción de una fórmula heroica. Cualquier poeta en nuestras circunstancias nacionales no habría tenido más remedio que arreglárselas solo, hubiera tenido que trabajar sin colaboración, ser historiador, geógrafo, mitólogo, negociador y combatiente. Los intereses generales eran el objeto del texto poético; cada poema era el primero y el último, y debía contar la Historia entera, desde el principio hasta un final feliz o trágico, una especie de Génesis y Eclesiastés, porque uno se las había con un procedimiento que, en última instancia, le terminaba eclipsando, aunque uno se sirviera de sus propias armas lingüísticas, racionales, psicológicas y estéticas. Éste era un proceder heroico que sólo se podía llevar a cabo mediante un uso valiente de la lengua, de la construcción poética. Pero el héroe como concepto ha sufrido nuevas mutaciones: se ha aburrido de su papel, de la ambigüedad de un papel a mitad de camino entre el héroe y la víctima, y no ha recurrido a la lujuria para seguir siendo héroe, ni ha querido disfrutar de su posición de víctima; se ha transformado voluntariamente en un hombre corriente. Ante estas transformaciones históricas las formas literarias no podían quedarse al margen, porque para la literatura contemporánea el tiempo de la heroicidad estaba acabado. El héroe contemporáneo es el hombre corriente: su normalidad se exagera hasta en los aspectos marginales, habiendo quien llega a glorificarlos. La historia obra ahora de una manera distinta, y el poeta ha llegado a comprender que él no es un salvador, ni un redentor, ni un mesías, ni tampoco un profeta —que eran las cualidades del poeta romántico—, el poeta de hoy en día es el individuo que disfruta de su soledad y está solo para poder tener la ocasión de fijarse en su individualidad y su esencia, sin que esto sea a costa de romper con la sociedad. Pero la manera de expresar la relación de la poesía con la realidad necesita de la observación, y, por lo tanto, del estudio de todas las transformaciones del héroe, incluidas las lingüísticas y el proceso de progresivo declive del poeta como voz del pueblo en favor del poeta que habla en su propio nombre como aportación a la colectividad. Y esto incluye, naturalmente, el poema de lo más insignificante o nimio, que ensalza lo humano de un hombre que por la fuerza de su voluntad no se reduce al victimismo, que canta el amor a la vida y no a la muerte, que eleva lo humano que hay en él. Esto es una parte del quehacer palestino en busca de su humanidad.

Gasán Zaqtán (GZ): Hablamos de que el poeta ha abandonado su misión, o de que la heroicidad ha perdido la partida... y a partir de ahí, de las transformaciones que se han producido en la lengua como resultado del cambio de papel y de perspectiva... Estas transformaciones lo abarcan prácticamente todo, pero no comprenden al “otro”, que es fundamental en tu puesta en escena. O sea, que el poeta se separó de la comunidad y se encaminó a solas hacia sí mismo, mientras que el “otro” ha seguido atrincherado en el grupo, sin llevar a cabo su labor de persuasión en solitario. No hay una diferencia clara entre el enemigo de “Un soldado sueña con azucenas blancas” y el de algunos poemas de El fénix mortal (1995), más bien es casi el mismo, mientras que por el contrario la ruptura en el poeta ha sido más que evidente.

Darwix: Al hablar de cambios y transformaciones lo hacemos siempre de una forma metafórica, proclive a las tergiversaciones, y que no se entenderá bien si olvidamos que estamos hablando de la reacción a todo eso desde la poesía, que hablamos de práctica poética, y no de una operación de pacificación. No me he separado de la comunidad, pero estamos en un periodo cultural muy delicado y mi poesía aspira a salirse del papel que se le ha adjudicado: el de ser el representante poético de la comunidad a la manera tradicional. Debemos hablar con suma propiedad, pues existe cierta confusión entre ética y creación, cuando lo fundamental es cómo incorporar el texto poético a la historia de manera que sea más artístico y no más patriótico. Y en cuanto al asunto del “otro”, el otro —que sólo puede vivir en cuanto espejo— es uno de los espejos del yo. No obstante, existe una gradación, el otro no es siempre un enemigo, ni es siempre un extraño, ni siempre un forastero, el otro puede ser yo, uno mismo puede ser un otro, y esto es lo que intenta decir La cama de la extranjera a través de la relación hombre-mujer: cada uno es el yo del otro, es decir, el yo se ve a sí mismo en su otro yo. Este vivir en lo ajeno está relacionado con el sentimiento humano de desarraigo, con el exilio interior que el hombre siente, más allá de las circunstancias trágicas de las que hemos hablado, es decir, de la causa palestina o la árabe. Porque a nuestra poesía le ha llegado la hora de abordar las preguntas existenciales, la encrucijada del ser humano, las eternas cuestiones que preocupan al hombre y que no están directamente relacionadas con la Ocupación, la liberación o la patria, ni con el exilio, la creación de un Estado o el autogobierno.
Creo que soy un tunante. Reconozco que La cama de la extranjera es un libro de amor, de la alienación del hombre por la mujer y viceversa, de su mutua fusión; pero, al mismo tiempo, desde una perspectiva ideológica y cultural, me parece que tal vez oculte cierta resistencia. ¿Que cómo? La Ocupación quiere que el poeta palestino se encarcele en la jaula del discurso sobre la Ocupación, que se estanque en el llanto eterno por la madre simbólica, y le obliga a dar vueltas a las cuestiones primarias de la existencia, como a nuestro derecho a unas exigencias mínimas —¿tenemos derecho a cruzar la verja o no?—. Pero si el hombre es capaz de poner en práctica, al menos en su imaginación, e incluso en la relación con su lengua, su absoluta libertad, hay en ello una resistencia al hecho de que la Ocupación haya logrado que la lengua literaria palestina siempre exprese el instante y la duración a través de la relación con la Ocupación, en un dualismo esclerótico.
Cruzar la verja, conseguir una vida digna de un ser humano, todo eso está muy bien, pero la Ocupación ya se ha hecho larga, y no se trata de un fenómeno pasajero como para que podamos decir que estamos atravesando un periodo de poesía de resistencia o de poesía de emergencia. La Ocupación se prolonga, y debemos reparar en que desde hace cincuenta años hay un pueblo que no ha escrito más que sobre la Ocupación, sobre su mundo ocupado, sobre la necesidad de resistirse a la Ocupación. Lo sorprendente y hasta milagroso es que seamos capaces de escribir algo distinto, que yo escriba como ser humano en medio de la oscuridad y el asedio, porque si seguimos obedeciendo los dictados de la Ocupación, escribiendo reacciones ya leídas en su momento, estamos consumando la rendición de nuestra lengua, y ésta llegará a no ser más que arenilla.

ZM: O sea: que abandonas un estilo pero no abandonas la causa.

Darwix: La cuestión no es si éramos patriotas antes y ahora ya no lo somos. Lo que ponemos sobre el tapete son conceptos a los que ha llegado la hora de prestar atención, y a la cabeza de ellos está el concepto de literatura nacional. Éste es el meollo de la cuestión: ¿qué es la literatura nacional? ¿Qué la literatura de agitación? ¿Es la literatura de agitación una literatura que pueda vivir por sí misma en el tiempo venidero? ¿Puede una tradición literaria basarse enteramente en el poema de agitación o en la literatura directamente combativa al margen de logros literarios independientes de tal asunto? ¿Debemos continuar ligados a lo relativo y vivir de espaldas a lo absoluto? Ésta es la cuestión, y si somos o no patriotas, es un asunto zanjado.

TRADICIÓN Y SENSIBILIDAD

HJ: En tu obra es notorio el intento sostenido del poema por sobreponerse al yo y la desconfianza tanto hacia valores expresivos como hacia determinadas estructuras, un intento por ir siempre más allá.
Si bien se puede afirmar que tú te sometes a dos tradiciones distintas, yo creo que los seres humanos son rehenes del tiempo que les toca vivir, y nosotros no podemos escapar del nuestro. Cada época tiene su sensibilidad, y nosotros, en cuanto rehenes, no podemos ignorarla. La gran poesía siempre sienta las bases de una nueva tradición, y por lo tanto —en cierto sentido— tú asentaste la especial relación de Palestina con la tierra, con una tierra femenina, como una relación casi erótica; con el tiempo, esta especial relación pasó al resto de la poesía árabe. Yo no creo que los esfuerzos puntuales de algunos por feminizar la tierra hubieran sido capaces de, a partir de las abstracciones de patria y pueblo, ofrecer ejemplos personales; esto no hubiera sido posible sin que cuajara previamente esta tradición que ahora ya es un valor, ni tampoco sin una lengua nueva. Así, en La cama de la extranjera ha terminado de consolidarse otra tradición: la recuperación de una existencia palestina dentro de la normalidad, es decir, la búsqueda de lo que no me hace ser excepcional, de lo que me libera de los condicionantes del enemigo —que quiere que me vea a mí mismo como víctima o como resistente—, y el abandono de los determinantes temporales y de sus valores rumbo a nuevas condiciones, lo cual sólo es posible mediante una lengua nueva; también es esto lo que has pretendido en este libro, en el sentido de que la complejidad lingüística y el intento de buscar una lengua nueva van inevitablemente unidos al hecho de asentar una nueva tradición. Pero a mí me parece que la tradición precedente sigue conmoviendo al yo colectivo de los palestinos, y que la nueva tradición todavía adolece de ciertas ambigüedades. Una de ellas resulta de la búsqueda de explicaciones a la poesía desde lo político, de referentes políticos en la poesía, de tal modo que la sensibilidad que está en conexión con una lengua nueva es la sensibilidad de la “normalización”. Todo esto, ¿se ha producido de forma voluntaria y consciente o como consecuencia de una percepción vital, poética?

Darwix: No me siento con fuerzas para entrar a valorar contigo La cama de la extranjera porque “me puede mi inquietud”. Es la constante de mi vida, que me ha causado continuas enfermedades cardíacas. Yo siempre salgo corriendo a toda prisa, lo que equivale a romper los lazos genealógicos con mi última obra, pues ya estoy dentro de la siguiente: todos los libros “me abandonan antes de llegar a la imprenta”, sumergiéndome en una profunda atonía. De lo que sí me interesa hablar es del sentido o concepto que tenemos del yo, porque la tradición es algo más complicado y confuso, es la relación entre el lector y el texto, que no tiene vida sin un lector.
El texto poético renueva su vida sólo a través del lector, y por lo tanto, preocuparse por la otra vida del texto poético tiene que conllevar a la fuerza una observación cuidadosa del desarrollo del gusto estético general a través del tiempo, lo que llamamos sensibilidad. Es preciso no temer lo que tiene de inmutable, porque la sensibilidad no es como el polvo que limpiamos para poner otro objeto en su lugar, sino que es la sedimentación progresiva de una herencia larga y profunda en la que basarse, pero sin que nada la pueda borrar u ocupar su puesto. No podemos decir que hemos fabricado una sensibilidad para un periodo de veinte años y que ahora la vamos a cambiar, sino que la sensibilidad y uno mismo cambian juntos. No obstante, hay que tener cuidado con el concepto de tiempo, que es también engañoso, pues no todo lo nuevo es un avance: desde esta perspectiva llegaríamos a escribir poemas electrónicos. Hay algo conservador en el arte que es imprescindible para que sobreviva; por ejemplo, la libertad, la emancipación, la identidad y la especificidad, conceptos todos ellos considerados caducos hoy en día, en la era del cientifismo. ¿Vamos a aceptarlo sólo para ser modernos? No, yo prefiero ser conservador, estar con la emancipación y la libertad, aunque abuse de estos valores. Hay un pragmatismo del día a día que seduce, tanto a nivel mundial como nacional, sin que se llegue a distinguir entre moda y progreso, como si los tiempos trajeran cada día un avance. No, el tiempo a veces trae un retroceso, como en el caso de la tradición estética, que existe en cuanto comparación entre lo que ayer nos gustaba y lo que hoy apreciamos, por medio de una relación que no es de ruptura sino estructural. Por eso, el poeta que escribió tal texto no es otro distinto del que antes escribió textos peores, es el mismo en lo lingüístico, lo psicológico y lo físico, alguien que intenta aprender y avanzar, pero el lector que le lee no distingue eso, porque le ha acompañado en este devenir. La trayectoria es compartida, no hay complejos de superioridad, no podemos cambiar la tradición con una decisión repentina, porque no hay ruptura entre el texto antiguo y el nuevo, es el tiempo el que produce reajustes en nuestra concepción de la poesía, oscilando entre su fuerza de intervención social y la dicción que le es propia para expresar el tiempo del ser humano.

ZM: Eso choca con la sensibilidad a la que están acostumbrados todos los lectores de Darwix. Este diván, de alguna manera, acaso desconcierte a algunos lectores, que necesitarán varias lecturas para llegar a sentirse cómodos. ¿Está de acuerdo? ¿Se ha producido este choque?

Darwix: No veo ruptura alguna entre El fénix mortal y La cama de la extranjera, sino una continuidad de estilo desde distintas perspectivas. Quizá haya desconcertado la falta de retórica de este último, sin que yo lo haya pretendido. En lo que desde luego no hay ruptura es en la modulación y en la simplificación del ritmo y la expresión. Puede que lo que choque al lector no sea ni el ritmo ni el aliento poético, sino el contenido, porque La cama de la extranjera es un libro de amor, y tal vez el choque fuera menor si en el libro se mezclaran los poemas de amor con otros. Quien me haya leído, se habrá dado cuenta de que desde Menos rosas utilizo el mismo ritmo, el verso largo que comienza modulándose como si fuera prosa, que no abusa de las imágenes brillantes con pretensiones desmedidas. Nunca mi texto poético había sido así, pero como la visión tradicional esperaba de mí que hablase en su nombre —y me refiero a la política palestina después de Oslo— se encontró con que no era así, lo que causó cierta conmoción. Ésta es la parte negativa de la vieja sensibilidad, que no es sensibilidad en cuanto tal, sino la vieja concepción de la poesía, la de que el poeta responde a los acontecimientos dándoles una cobertura poética, bien sea a favor o en contra.

HJ: La tradición es, en primer lugar, el conjunto de procedimientos de los que el lector de una época determinada se apropia a través de la poesía; y en segundo lugar, el conjunto de procedimientos que el emisor cree que los lectores aplican a los textos para que éstos sean o no válidos. Por tanto, en cualquier periodo, hay distintas posibilidades en ambos sentidos.

Darwix: El cambio de sensibilidad es muy lento, a veces imperceptible, y en muchas ocasiones exige valentía por parte del emisor, que debe rebelarse contra la imagen preestablecida que de él se tiene y provocar un choque.

HJ: La cuestión presenta un aspecto más puramente estilístico, que es el que a mí me interesa: el paso —que se explica por el choque— de una sensibilidad a otra. El choque forma parte de las nuevas condiciones de la lectura, pero éste no es el objetivo, el objetivo es el proceso por el que se pasa de una sensibilidad a otra: el cómo se pasa de poner el énfasis en unos aspectos de la sensibilidad de menor importancia en un determinado periodo a darles prioridad en el siguiente, sin que se produzca una relación nueva con la lengua.

GZ: Hay más de un choque en tu trayectoria, como ocurrió con el poema “Sirhán se toma un café en la cantina”, que a mí me parece que supuso una fuerte conmoción para el lector.
Darwix: Como ha dicho Gasán, a lo largo de mi experiencia poética se han producido varios choques. La dialéctica forma parte de mi relación con el lector, por la que yo me intereso mucho, lo cual no significa que me pliegue a sus exigencias, aunque sí me preocupo de que no se produzca una ruptura. Esta dialéctica y estas diferencias se dan todas sobre una base que es lo que más me importa, una base casi sagrada, en la que confío, y es la convicción de que no le voy a defraudar, de que el poema sin él no tiene vida; es un pacto inviolable que siempre respeto.

ZM: Guerra y pacto al mismo tiempo, porque algunas veces, con lo que le pides, te opones al lector tenazmente, y también te quejas de que se te lee de manera inadecuada.

GZ: Y otras veces haces concesiones, como con el poema-libro Elogio de la alta sombra (1983), en el que hay ciertas concesiones al lector, ya que obedece a una trayectoria seguida por los poemas “Ahmad al-Zaatar” (1977) y “Beirut” (1984), máxime cuando inmediatamente después se deja atrás en Es una canción, es una canción (1986).

Darwix: Está bien que nos remontemos a este periodo. Yo no he hecho concesiones porque nunca he ofrecido texto alguno para complacer al lector. Aquella cólera y mi manera de ver el mundo se correspondían con la del lector común. Y mi enfado con el mundo conllevaba un desprecio hacia la poesía, la lengua poética y la ornamentación. Por eso le puse a Elogio de la alta sombra el subtítulo de “poema documental”, pues era tal mi enojo que llegaba a decir que hay momentos en los que no hay tiempo para la lírica, lo cual desde luego que no tiene que ver con las concesiones, sino con la expresión de las ganas de explotar.

LA POESÍA NUEVA

HB: La dialéctica, de cualquier modo, se produce en torno al universo de la lucha con el otro; en cada periodo crea una especie de lengua exclusiva de los palestinos, un lenguaje sólo comprensible en un momento determinado, un lenguaje codificado, compuesto de lamentos, protestas, instancias, verjas o piedras. Tu nuevo diván tiende hacia un componente lingüístico ajeno a esta lengua específica, busca su identidad en otro sentido, en una dirección más humanística, de mayor alcance. Lo que me ha llamado la atención es que en un determinado momento confluyen el antiguo lenguaje codificado y las nuevas palabras, que pretenden introducirse en las antiguas, de tal forma que se entabla una dialéctica entre las dos palabras, o en torno a las palabras. A partir de Elogio de la alta sombra (1983), desde Veo lo que quiero (1990), el léxico incorpora palabras de las leyendas cananeas y sumerias, intentando introducirlas de manera que se produzca una fusión con las viejas palabras. Los juegos lingüísticos entendidos con estas nuevas miras creo que han madurado en La cama de la extranjera, al menos en la fusión, o en el tránsito por la lengua, de determinadas palabras con un contenido o una dimensión que no se inscribe en la lucha sino que se encamina hacia una preocupación humanista de mayor calado. Esto significa que las nuevas palabras se han dotado de un marco totalmente nuevo, y se han reorientado en una dirección también por completo nueva. De ahí deriva la intertextualidad de la que hablaba Hasan: la intertextualidad con las leyendas cananeas y fenicias, o con las melopeas a la diosa Anaat, como en El fénix mortal, ejemplo extremo en el que el lenguaje codificado, que casi se había agotado en sí mismo, se desintegra y al fundirse se encamina hacia una lengua nueva con otros recursos y otras connotaciones. Este proceso cuajó a partir de Menos rosas, es decir, con el poema “La tragedia del narciso”, de Veo lo que quiero (1990) y El fénix mortal y La cama de la extranjera. En estos últimos divanes se produce un salto en dirección a otra lengua tuya, una lengua desconocida en los setenta, con nuevas palabras, con una nueva forma de diálogo con la prosa, de profundizar en el legado de toda la región a través del texto —y en el texto a través del legado de la región—, y también se produce una mudanza en busca de nuevos ámbitos de expresión: éste es el problema al que se enfrenta la tradición, porque la connotación surge de estos puntos de confluencia entre diversos libros.

Darwix: El mérito fundamental de la poesía respecto a la lengua, de toda la poesía en cualquier latitud, reside en que la poesía renueva constantemente la vida de la lengua, de manera que lo que hoy parece nuevo inmediatamente se convierte en antiguo y clásico. La lengua, pues, necesita siempre un impulso creador que renueve su vida y la proteja de las contaminaciones connotativas que se erigen en modelo; no sólo sucede esto entre los palestinos, pasa lo mismo en todos los pueblos. En todo el mundo, los poetas sienten la necesidad de renunciar a determinadas palabras totalmente atadas al tiempo, porque, aunque en un momento dado fueran nuevas, siempre se acaban consumiendo y pierden su vigor, y tú tienes la misión de dotar de nuevos significados a la lengua, porque al liberarla de los viejos has de darle otros nuevos: ésta es la exigencia primera de la poesía, procurar a la lengua una vida que antes no tenía, y protegerla de la decrepitud y la vejez. En cuanto pueblo, el marco de la vida de los palestinos se mantiene idéntico, de manera que tenemos unas cincuenta palabras de las que nos tenemos que liberar incluso aunque sean necesarias para expresar el momento histórico o el estado anímico, pues desde el punto de vista formal es preciso que podamos pasar sin ellas, hasta tal punto están expuestas al agotamiento. Burlonamente, nos podemos preguntar cómo producir un poema palestino, y respondernos: pon estas cincuenta palabras todas seguidas y habrás hecho un poema palestino. La poesía nueva es siempre capaz de devolver a este singular mineral su brillo, pero ¿de dónde le viene su carácter novedoso? A veces de propulsarla hacia nuevas regiones, es decir, cuando sacamos a la lengua de su patria y la ponemos en marcha, rumbo a la India o a otro lugar, surgen referencias llenas de connotaciones aparentemente inocentes, como si estuviéramos fuera del presente, fuera del ahora, como si tú fueras tú y al mismo tiempo no fueras tú.
Y al final, la poesía expresa un único significado, pues crea una realidad, sea equivalente, opuesta o contraria; al final, crea una realidad lingüística que el hombre necesita para soportar el trauma de su condición real de ser humano, de su dilema, y le plantea renovadas las preguntas que se hace de lo que no sabe, que es la manera de entrar en lo ignoto. La poesía no dice nada más que esto, sea a través de una elegía, de un poema amoroso o uno patriótico, la poesía está acotada por lo real, entre lo que existe de modo empírico y lo latente, entre la tierra y el cielo: cuanto más enraizados estamos en la tierra, más nos elevamos hacia el cielo; cuantos más vínculos establecemos con lo celestial, más volvemos a la tierra.
Nos pasamos la vida saliendo de nuestras referencias y rebelándonos contra ellas para luego volver a ellas, no tenemos otro referente, la realidad física es nuestra referencia básica, aunque obremos sin restricciones o seamos sufíes —incluso cuando no lo somos sino porque nos ponemos ese disfraz—, es una forma de renovar la lengua y aminorar su desgaste; a veces, incluso volver a una lengua extinta es una forma de renovación. Lo que importa es que el valor de uso de la lengua tiene que estar en continua revuelta, pues de lo contrario los poetas serán idénticos unos a otros, que es el problema actual de la poesía árabe.
Segunda cuestión: si retrotraemos la poesía a su madre, que es la prosa, entenderemos que esto es lo que da al verso libre su actual pujanza y variedad; pero lo que lo legitima indiscutiblemente es la falta de valores estéticos de la estandarización poética imperante, y que la búsqueda de cualquier novedad fuera de ella, hasta si es mala —que no es la mejor opción— es preferible a lo que tenemos ahora. Eso es lo que piensan algunos, que el poema en verso libre es más adecuado para este tiempo que el poema de pie métrico de antes. Así lo ven. ¿Responde esto a lo que será el futuro de la poesía? Desconozco lo que dirá el futuro, pero por ahora parece que es una respuesta legítima para hacer frente al aburrimiento y el ripio del verso de pie métrico o de la poesía en metros clásicos. La metáfora, los símiles logrados, el juego con la cantidad silábica, todo esto legitima la indagación acerca de la poeticidad de la prosa.

GZ: Pero la producción poética en verso libre ha empezado a ser mayoritaria también.

Darwix: Sí, nada es nuevo eternamente, ni nada antiguo muere para siempre. Lo nuevo evoluciona, y el poema con pie métrico, que fue la respuesta final a una crisis que arrastró durante siglos la poesía árabe, ha entrado rápidamente en crisis al irse estandarizando a lo largo del último medio siglo; en cambio, la poesía de prosodia normativa vivió más tiempo, y tuvo una legitimidad histórica más larga que el verso de pie métrico que se rebeló contra ella. De la misma manera, el poema en verso libre que se ha rebelado contra el verso de pie métrico también ha empezado a cuestionarse, especialmente en escritos teóricos. ¿Por qué llegan a parecerse hasta tal punto? ¿Por qué la lengua se gasta tanto? Todas estas crisis, en mi opinión, son la prueba de la vitalidad de la poesía, porque la poesía, cuando se complace en sus éxitos, o cuando es una respuesta o solución, está muerta. Yo doy la bienvenida a esta conmoción, doy la bienvenida a esta soledad, porque es la que da a los poetas la ocasión de revisar todas sus experiencias poéticas y de ponerse a buscar en su interior, en zonas desconocidas o que todavía estaban por expresar; gracias a ella enjuiciamos la experiencia. La condición del progreso es la crisis, ningún avance viene de la felicidad y la abundancia. Y hay un futuro que nos dice que la poesía seguirá siendo necesaria y posible, pero ¿cómo renovará el poeta su poética? Que sea mediante el poema en métrica normativa, a través del uso de pies métricos o del verso libre no es lo que importa, lo que importa es la poeticidad, que el texto poético cumpla con ella.

HB: Picasso decía que el arte nunca envejece. Quizá el arte faraónico esté más vivo ahora de lo que lo estuvo en su historia pasada. Creo que lo que existe es una fuerza creadora única y sincrónica; algunos suponen que a medida que pasa el tiempo se produce un avance, pero en la historia del arte no hay avances, sino interconexiones, del texto cananeo con el texto moderno, por ejemplo, o del arte rupestre con el clásico o el cubismo. Por eso pienso que en la historia de la poesía, como en la del arte, todas las formas poéticas se dan juntas ante el lector con unos mismos valores y una misma mentalidad, y puede que hasta en un mismo libro; es decir, se dan sincrónicamente. En relación con esto tengo una pregunta sobre la sincronía de los textos, referida a la vuelta a la mitología, a la época clásica y al Corán. Por ejemplo, la frase “Te quiero o no te quiero” tiene una modulación inspirada en la época clásica y unos ritmos melódicos muy concretos que reflejan lo que es tu nueva forma de estructurar el poema. Tú coges una forma estructural —valga la expresión— de textos que alguna vez en la historia fueron sincrónicos, y de ella haces una nueva estructura para el poema, como un soneto o unos cuartetos, o una estructura sólo en el nivel léxico o el sintáctico, como por ejemplo cuando dices “El corifeo blande las armas para darme muerte en un tiempo de pena enlatada”, en que tomas la expresión “el corifeo” de la Torá. ¿Cómo ves la relación entre estructura y creación poética dada la preeminencia que otorgas a la consecución de una lengua y un potencial nuevos; es decir, cuál es la relación entre la estructura del poema y la indagación o la intertextualidad con estos textos sincrónicos que además introduces en una forma dialogada a mitad de camino entre la prosa y la poesía?

Darwix: Se pueden “decir” las cosas más antiguas y las más tradicionales en un texto nuevo, igual que se puede decir que es nueva una poesía en la que entran aleyas del Corán y fragmentos de las maqâmât [relatos protagonizados por un pícaro en los que el didactismo, la crítica social y el entretenimiento se encauzan en una artificiosa prosa rimada; alcanzaron su apogeo artístico en el siglo XI]. Puede ocurrir que el texto más antiguo del acervo árabe sea un poema muy reciente; lo que importa es que la calidad de la estructura del poema sea el criterio por el que se acepte o se rechace la intertextualidad: que sea tal que tengan cabida los lemas, el precio de la verdura y el cambio de divisas, que el poema esté elaborado con componentes bien trabados y que esté abierto a todos estos campos, que lo integre todo; lo que importa es que todo esté subordinado a las exigencias de la estructura del poema, que esté se construya cuerdamente y lo abarque todo, a fin de que el lector comprenda que tú, en el poema, has grabado datos de un periodo histórico concreto y te has servido de ellos, datos que pueden ser utilísimos, como hizo Dante al grabar la historia de Italia en su obra. La pregunta debe ser: ¿qué se espera del poema?

HB: La estructura no es un concepto exclusivamente poético; por ejemplo, en arquitectura Le Corbusier dijo que el “plano” es la garantía frente al “ímpetu”.

Darwix: Y contra la divagación. Por desgracia se escriben muchos poemas que no responden a una sólida estructura, nada justifica su comienzo o su final; poemas que se abren en el vacío y no concluyen, pues se estructuran al azar, sin que nada justifique que concluyan o se detengan en un punto: ¿por qué cinco pisos y no cien? Por el contrario, una sólida estructura impide que el texto se dé a lo gratuito y a la prolijidad, su ruina.

Traducción de Luz Gómez García