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25/10/26

Sara M. Saleh: No hay colonizadores en este poema


Solo fieles en Al-Aqsa al acabar el ayuno / toda la noche en iʿtikāf /
relatos de hakawati incendian la Ciudad Vieja / entre una multitud
de coronas festivas y árboles de Navidad / que son árboles y
no alambre de espino / no hay colonizadores en este poema / solo
el viejito / que estira y retuerce el knafeh de queso / sirope
de azahar carameliza su barba / otra hija que regresa
del exilio / cada llegada le limpia la sangre /
No hay colonizadores en este poema / la nieve
no es sentimental, los críos se tiran bolas
de nieve / no hay prisa por ir a la escuela,
si hacen pellas, es cosa suya / hacen lo que hacen
los niños / los turistas tocados de escarcha / salen del Hospicio 
        Austriaco /
calientan sus manos con chocolate caliente / No hay
colonizadores en este poema / solo amantes en la parte
trasera del coche / atraviesan pueblos y villas sin despedirse
sin fanfarria / para rozar la gran ciudad y los labios
de su amante / no hay colonizadores en este poema / los gorriones
unen su aliento en rapsodia / los que viven lejos comienzan
su turno / o duermen hasta tarde / pueden ir a cualquier parte / no
hay colonizadores en este poema / inmaculada el agua / lo bastante 
        limpia
para saciar jardines y veredas / los hijos se reúnen con madres
y padres / y abuelos para la cena / y las discusiones solo
son discusiones y no manifiestos / no hay colonizadores
en este poema / solo una alegría loca / todos estamos aquí /

Shireen también estaría.
Y Roshdi. Y Refaat. Y Hiba.

También ellos estarían aquí.

Traducción de Fruela Fernández

Si dices Gaza. Poesía palestina actual, ed. Fruela Fernández, Calumnia Edicions, 2026


10/5/11

Con su ausencia formé su imagen

Con su ausencia formé su imagen: en lo terrenal nace
lo celestial oculto. Aquí estoy, midiendo
con las muallaqas de los yahilíes la distancia... y la ausencia es
la medida, la medida. Para cada rima he levantado
una jaima. Para cada cosa expuesta al viento
una rima. La ausencia me enseña su lección: «De no haber sido
por el espejismo, no habrías resistido...» En el vacío,
extraje una letra de antiguos alfabetos
y me apoyé en la ausencia. ¿Quién soy después
de la visita? ¿Un pájaro o un transeúnte entre símbolos
y vendedores de recuerdos? Como un resto arqueológico,
como un espectro infiltrado de Jebús, me dije:
Vayamos a las siete colinas. Dejé
mi máscara sobre una piedra y eché a andar como caminan
los soñadores, guiado por mi sueño. Salté de una luna
a otra. Aquí hay inconsciente de sobra
para que los objetos se liberen de su historia. Hay
historia de sobra para que el inconsciente se libere
de su mirach. «Llévame a nuestros años
primeros» —me dijo mi primera novia—. «Deja
la ventana abierta para que el gorrión entre
en tu sueño...» Me despierto y no hay ciudad
en la ciudad. No hay «aquí» sino «allí». No hay
allí salvo aquí. De no haber sido por el espejismo
no habría ido a las siete colinas...
¡De no haber sido por el espejismo!

Mahmud Darwix: No te excuses (La ta'tadiru 'an ma fa'alta), Beirut, Riad El-Rayyes, 2004

Traducción de Luz Gómez García

Leído en Como dijo el poeta por Wole Soyinka.
Y en memoria de la Nakba, que se conmemora el próximo domingo, 15 de mayo. Año 63 de la Desposesión.

1/12/10

Un río que muere de sed

Érase un río
con dos orillas
y una madre celestial que de sus nubes,
gota a gota, le daba de mamar,
era un río pequeño que corría despacio,
que bajaba de lo alto de los montes
y visitaba los pueblos y los campamentos
como un huésped amable
que lleva al valle adelfas y palmeras
y sonríe al que vela en sus orillas:
«Bebed leche de las nubes,
abrevad los caballos,
y echad a volar a Jerusalén y a Damasco»,
cantaba heroico a veces,
apasionado a veces...
Era un río con dos orillas
y una madre celestial que de sus nubes,
gota a gota, le daba de mamar.
Pero raptaron a su madre
y él sufrió un síncope hídrico:
murió de sed despacio.

Mahmud Darwix: La huella de la mariposa (Ázar al-faracha, Beirut, Riad El-Rayyes, 2008)

Traducción de Luz Gómez García

20/9/10

La necesidad de la idea binacional, por Luz Gómez García

En realidad, poco importa la vuelta de palestinos e israelíes a las negociaciones directas bajo el auspicio de Obama. Y no se trata de ser catastrofistas. Estas nuevas negociaciones no pueden acabar sino donde todas las anteriores. Y ello se debe a que, como afirmaba recientemente Saeb Erakat, negociador jefe palestino, las negociaciones directas carecen de base real, pues se acometen a partir de unas negociaciones de proximidad truncadas y fraudulentas. La parte israelí ha incumplido los requisitos mínimos, especialmente la congelación sin componendas de los asentamientos y el fin de la colonización de Jerusalén Este. A los palestinos se les pide una buena sonrisa y que se sienten para la foto. Estamos ante una nueva negociación en falso de la marca Clinton, como ya sucedió en el Camp David del año 2000. Esto en lo que se refiere al aspecto técnico del proceso de paz.

Pero existe un aspecto de fondo responsable siempre, en mayor o menor medida, del regreso del fracaso: la negativa a reconocer el carácter binacional que, a fecha de hoy, tiene la Palestina histórica.

Que Palestina es hoy binacional significa que existe una nueva entidad, fruto del decurso histórico, en la que judíos y palestinos están inextricablemente mezclados. No unidos, de momento. Una entidad que, desde luego, es el resultado de la Ocupación, pero que obliga a las partes al reconocimiento de este hijo indeseado. Una entidad que no exime de responsabilidades y no impide la exigencia de reparaciones. Porque ha de quedar claro: Palestina es hoy binacional, pero no lo era en 1948 ni en 1967. La binacionalidad es un estado de cosas presente, no pasado, por más que hunda sus raíces en las propias consideraciones del pueblo judío para el establecimiento de un Estado en la tierra de Palestina.

Al principio lo binacional fue sólo una idea. Hoy es una herramienta para la resolución del conflicto. O debería serlo. En el pasado fue el sueño de una parte de la judaidad. A veces de los sionistas. A veces de los antisionistas. Surgió como ideal utópico en la década de 1920, cuando la colonización de la Palestina del Mandato británico les planteó a algunos intelectuales judíos un problema de conciencia: el de cómo convivir con el pueblo en cuyas tierras se quería levantar el Estado nacional judío. El binacionalismo de entonces soñó con la ciudadanía compartida de las dos comunidades, no exenta del reconocimiento jurídico de sus respectivas especificidades. Sus principales defensores fueron los filósofos Martin Buber, Judah Magnes y Hannah Arendt, si bien sus voces se apagaron con la fundación del Estado de Israel, en 1948.

Cuando la idea resurge a finales del siglo XX, la realidad política, social y hasta topográfica es muy distinta. Como recuerda el historiador palestino Elias Sanbar, poco amigo del Estado binacional, el binacionalismo actual es el resultado de tres fracasos: el de la OLP en su intento de instaurar un Estado que reagrupase a árabes y judíos en el territorio de la Palestina histórica; el de los Acuerdos de Oslo para crear un Estado palestino en Cisjordania y Gaza; y el de Israel al no permitir la plena ciudadanía de sus ciudadanos palestinos.

Hoy, tras casi 100 años de idea binacional, lo binacional ha dejado de ser una entelequia. Es una consideración realista a partir del estado de cosas de la Ocupación. Trabaja con la Ocupación, no la consagra. El binacionalismo hoy es un intento de superación de la segregación comunitaria y de la confusión entre identidad nacional, personal y del Estado.

La actual configuración de un Estado (Israel) y unos bantustanes (en Cisjordania y Gaza) resulta, a medio plazo, insostenible en términos demográficos, económicos y políticos. Demográficamente, porque la segregación de casi la mitad de la población de Israel y de los Territorios Ocupados es inviable en un territorio conjunto de apenas 27.000 km2 (sin contar a los refugiados en el extranjero y a la diáspora, el número de palestinos es prácticamente igual al de israelíes judíos). Económicamente, porque no hay más alternativa al subdesarrollo de los Territorios Ocupados que la recíproca dependencia económica (el agua y la mano de obra son palestinas; la industria y la tecnología, israelíes), lo cual va en contra del establecimiento de fronteras cerradas. Políticamente, porque la maraña de asentamientos en lo alto de las colinas de Cisjordania ha reordenado de tal manera el territorio y el poblamiento (el número de colonos sobrepasa los 300.000, sin contar los de Jerusalén) que resulta imposible una retirada que no suponga una expulsión masiva de población. La Ocupación ha llegado tan lejos que la idea binacional ya es irremediable. Se ajusta exactamente al escenario creado.

La consideración binacional del estado de cosas cumple otro requisito sin el que no puede haber visos de solución del conflicto: se ajusta a las nuevas narrativas históricas. Los historiadores palestinos e israelíes vienen estableciendo desde hace dos décadas ciertos hechos: la legitimidad del rechazo palestino del plan de partición de Naciones Unidas de 1947 (Walid Khalidi); la limpieza étnica de 1948 (Ilan Pappé); la planificación de la segregación de los palestinos de Israel (Nur Masalha); la transformación de la topografía (Eyal Weizman); la forja de una identidad ad hoc del pueblo judío (Shlomo Sand). Pero esta dilucidación de los hechos por parte de la historiografía no ha conducido a cambios significativos en la conciencia israelí. Es más, ha servido para que, en aras del mantenimiento de la definición judía del Estado, se perfeccione la política israelí de hechos consumados: es la víctima, y sólo ella, la responsable de su suerte.

Pero la aceptación de los postulados binacionales no es fácil. Hoy como ayer, la mayor parte de la intelligentsia israelí abomina de ellos. Soliviantan por igual a la izquierda y a la derecha. Amnon Raz-Krakotzkin ha analizado en un libro fundamental (Exil et souveraineté: judaïsme, sionisme et pensée binationale, La Fabrique, 2007) cómo la idea binacional pone en evidencia el carácter colonialista y orientalista del sionismo y desmonta los planteamientos binarios característicos de la cultura israelí: judío/árabe, laico/religioso, askenazí/sefardí. En cuanto a la parte palestina, la idea binacional está muy extendida entre la comunidad que vive en Israel, con varias décadas de convivencia en desigualdad con la comunidad judía, pero tiene menos eco en los Territorios Ocupados, y casi ninguno entre los refugiados.

Hablar hoy de visión binacional es referirse al modelo sudafricano. Sudáfrica viene siendo el horizonte de quienes aún piensan que paz es convivencia. En el ejemplo sudafricano se mira la campaña Boicot, Sanciones, Desinversión (BSD), que busca el fin del apartheid en Palestina por medio de la presión de la sociedad civil internacional. Pero la opción sudafricana es también la de una sociedad que, llegado un momento, se miró al espejo y se pensó de manera diferente. Dicho con las palabras sudafricanas de un personaje de Coetzee en Verano: “Esa actitud estribaba en considerar que nuestra presencia en aquel territorio era legal pero ilegítima. Teníamos un derecho abstracto a estar allí, un derecho de nacimiento, pero la base de ese derecho era fraudulenta. Nuestra presencia se cimentaba en un delito, el de la conquista colonial, perpetuado por el apartheid”.

Los partidarios de otros modelos para la solución del conflicto, combaten el sudafricano. Se olvidan de que es el único que ofrece una respuesta a una situación real de apartheid. El sueño de la mutua exclusión no es más dulce que el de la convivencia.

Que concretar políticamente la idea binacional es complejo, no se le oculta a nadie. Pero es una hipótesis de trabajo necesaria. Su mera consideración no significa que las negociaciones de paz deban culminar, algún día, en un Estado binacional. La aceptación de la idea binacional no fuerza a un modelo de Estado, es simplemente un requisito previo para que cualquier solución estatal se asiente en la historia y en la justicia.

10/9/10

Gilad Atzmon: Al-Quds

Gilad Atzmon es una de las figuras más destacadas del jazz actual. Nacido en Tel Aviv en 1963, es ciudadano británico desde 2002. Además de su faceta de jazzman, ha desarrollado una importante obra como activista antisionista. El tema que damos a continuación, “Al-Quds” (“ Jerusalén”) reelabora versos de Mahmud Darwix. Pertenece al álbum Exile, que fue álbum del año de la BBC en 2003. Sobre su música, Atzmon ha dicho: “Muchos me preguntan por qué toco jazz. No toco jazz por ninguna razón. Simplemente, me encanta. Me seduce la idea de reinventarme día a día, y el jazz permite que esto ocurra”. Y también: “Mi música es una fusión de muchas cosas. Me encantan el folk y el jazz antiguo. De hecho, no estoy tan seguro de que me guste tanto el jazz contemporáneo. Opino que su enseñanza se las ha arreglado para esterilizar esta música y convertirla en una manifestación artística fría e intelectual”. O dicho más aún a su manera: “Durante años consideré que USA era mi tierra prometida. Como joven jazzman estaba convencido de que tarde o temprano terminaría viviendo en Nueva York. Mi Jerusalén era el centro de Manhattan y, por supuesto, mis sagradas escrituras eran los viejos vinilos de Blue Note. Mis rabinos se llamaban Coltrane, Bird, Miles, Duke, Dizzy, Bill Evans y, naturalmente, otros muchos. Durante un tiempo estuve convencido de dicha realidad y, a decir verdad, tardé en darme cuenta de que el jazz era mucho más que simple música, que era otra cosa, que en realidad era una forma de resistencia. Hoy sé que el jazz no es diferente de la yihad* y, por eso, mi yihad personal consiste en tocar jazz”.

* Más que "guerra santa", yihad significa "esfuerzo personal para cambiar las cosas".

30/3/10

Elias Khoury lee el poema de Mahmud Darwix “En Jerusalén”



El novelista libanés Elias Khoury (Beirut, 1948) lee el poema de Mahmud Darwix “En Jerusalén” en el programa “L’hora del lector", de Canal 33, dirigido y presentado por Emili Manzano. Vaya en recuerdo del Día de la Tierra Palestina, que hoy se celebra.

EN JERUSALÉN

En Jerusalén, esto es, intramuros,
camino de un tiempo a otro sin recuerdos
que me guíen. Allí los profetas se reparten
la historia de lo sagrado... Suben al cielo
y vuelven menos abatidos y menos tristes, pues el amor
y la paz son dos santos camino de la ciudad.
Bajo una cuesta murmurando: ¿Tanta
discrepancia por lo que dicen que dijo la luz en una piedra?
¿Por unas piedras de avara luz estallan las guerras?
Camino dormido. Entresueños, abro bien los ojos. Nadie
detrás. Nadie delante.
Toda la luz es mía. Sigo. Me hago más ligero. Echo a volar
y me transfiguro. Las palabras
brotan como las hierbas de la boca profética
de Isaías: «No se salvará quien no creyó».
Sigo andando como si no fuera yo. Mi herida es una rosa
blanca de los Evangelios. Mis manos, dos palomas
que sobrevuelan la cruz y cargan con la tierra.
No sigo, echo a volar, me transfiguro.
Ni tiempo ni espacio. ¿Quién soy?
Yo no soy yo ante la ascensión de Mahoma. Pero
pienso: Sólo él, el Profeta,
hablaba el árabe clásico. «Y ¿qué?»
¿Cómo que y qué? De pronto, una soldado me grita:
¿Otra vez tú? ¿No te había matado?
Sí... pero, como tú, me olvidé de morir.

Mahmud Darwix: Poesía escogida (1966-2005), Edición y traducción de Luz Gómez García, Valencia, Pre-Textos, 2008

16/10/09

Estreno de Checkpoint Rock. Canciones desde Palestina

El pasado mes de junio informamos del preestreno de la película de Fermín Muguruza y Javier Corcuera Checkpoint Rock. Canciones desde Palestina y anticipamos el tráiler. El documental denuncia la Ocupación y muestra las dificultades que tienen los músicos palestinos para realizar su trabajo y llevar una vida digna de tal nombre. Raperos y rockeros palestinos cantan sobre su vida perra. El hilo conductor del film es la figura de Mahmud Darwix, fallecido en el momento en que se iniciaba el rodaje, y al que los músicos palestinos rinden tributo. Se estrena hoy en cines de Madrid, Barcelona, Gerona, Bilbao, Vitoria, San Sebastián y Pamplona. Mahmud Darwish

23/8/09

¿Qué sucede cuando no sucede nada?, por Slavoj Žižek

El 2 de agosto de 2009, después de acordonar parte del barrio árabe de Sheikh Jarrah en Jerusalén este, la policía israelí expulsó a dos familias palestinas (más de 50 personas) de sus hogares y permitió que unos colonos judíos se mudaran inmediatamente a las casas evacuadas. Aunque la policía mencionó una orden del Tribunal Supremo del país, las familias árabes expulsadas llevaban viviendo allí más de 50 años. El hecho, que llamó la atención de los medios mundiales —cosa excepcional—, forma parte de un proceso mucho más amplio y, en su mayor parte, ignorado.

Cinco meses antes, el 1 de marzo de 2009, se informó de que el Gobierno israelí había elaborado unos planes para construir más de 70.000 nuevas viviendas dentro de asentamientos judíos en Cisjordania; si dichos planes se llevaran a cabo, podrían aumentar el número de colonos en los territorios palestinos en unos 300.000, un paso que no sólo dañaría gravemente las posibilidades de un Estado palestino viable, sino que harían más difícil la vida diaria de los palestinos.

Un portavoz del Gobierno desmintió las informaciones y dijo que los planes tenían una importancia relativa: para construir nuevas viviendas en los asentamientos era necesaria la aprobación del ministro de Defensa y del primer ministro. Sin embargo, ya se han aprobado 15.000 de esos planes, y casi 20.000 de las viviendas previstas se encuentran en asentamientos que están lejos de la línea verde que separa Israel de Cisjordania, es decir, en las zonas que Israel no puede aspirar a conservar en ningún futuro acuerdo de paz con los palestinos.

La conclusión es evidente: al tiempo que, teóricamente, apoya la solución de dos Estados, Israel está creando una situación sobre el terreno que, en su momento, hará que en la práctica sea imposible dicha solución. El sueño en el que se apoya esta estrategia queda patente en el muro que separa una ciudad de colonos de la ciudad palestina cercana en una colina de Cisjordania. El lado israelí del muro tiene pintada la imagen de la campiña al otro lado, pero sin la ciudad palestina, sólo con la naturaleza, la hierba, los árboles... ¿No es el más puro ejemplo de limpieza étnica, imaginar el otro lado de la verja tal como debería ser, vacío, virginal, esperando a ser colonizado?

¿Qué significa todo esto? Para captar la verdadera dimensión de las noticias, a veces basta con leer dos noticias por separado; el significado surge al unirlas, como una chispa que explota en un cortocircuito eléctrico. El mismo día en el que llegaron a los medios las noticias sobre el plan del Gobierno para construir 70.000 nuevas viviendas (2 de marzo), Hillary Clinton criticó el lanzamiento de cohetes desde Gaza y lo calificó de “cínico”, para luego añadir: “No hay duda de que ningún país, incluido Israel, puede permanecer pasivo cuando su territorio y su gente sufren ataques con misiles”.

¿Tendrían que permanecer pasivos los palestinos mientras les quitan las tierras de Cisjordania día a día? Cuando los pacifistas israelíes presentan su conflicto con los palestinos en términos neutrales y “simétricos” y reconocen que en ambas partes hay extremistas que rechazan la paz, deberíamos hacernos una sencilla pregunta: ¿qué sucede en Oriente Próximo cuando no ocurre nada en el plano directamente político-militar, es decir, cuando no hay tensiones, ataques ni negociaciones?

Lo que sucede es la labor, lenta pero constante, de arrebatar la tierra a los palestinos de Cisjordania: el estrangulamiento gradual de la economía palestina, el despedazamiento de sus tierras, la construcción de nuevos asentamientos, las presiones a los campesinos palestinos hasta que acaban abandonando su tierra (que van desde la quema de las cosechas y las profanaciones religiosas hasta los asesinatos individuales), todo ello respaldado por una red kafkiana de normativas legales.

Saree Makdisi afirma, en Palestine Inside out: An Everyday Occupation, que, aunque la ocupación israelí de Cisjordania está en manos de la fuerzas armadas, en realidad es una “ocupación mediante la burocracia”: sus armas fundamentales son los formularios, los títulos de propiedad, los documentos de residencia y otros permisos. Esta microgestión de la vida diaria es la que garantiza la lenta pero firme expansión israelí. Uno tiene que pedir permiso para irse con su familia, para cultivar su tierra, para cavar un pozo, para trabajar, para ir a la escuela o a un hospital... Así, los palestinos nacidos en Jerusalén pierden, uno a uno, el derecho a vivir allí, a ganarse la vida, a la vivienda, y así sucesivamente.

Los palestinos suelen emplear el problemático cliché de que la Franja de Gaza es “el mayor campo de concentración del mundo”, pero, en el último año, esa calificación se ha acercado peligrosamente a la verdad. Ésa es la realidad fundamental que hace que todas las “plegarias por la paz”, en abstracto, sean escandalosas e hipócritas. El Estado de Israel está claramente llevando a cabo un proceso lento e invisible ignorado por los medios, una especie de lucha subterránea contra un topo, de tal forma que, un día, el mundo se despertará y verá que ya no hay una Cisjordania palestina, que la tierra está libre de palestinos, y que no tenemos más remedio que aceptar los hechos. El mapa de la Cisjordania palestina parece ya un archipiélago fragmentado.

En los últimos meses de 2008, cuando los ataques de colonos ilegales de Cisjordania contra campesinos palestinos se convirtieron en un hecho cotidiano, el Estado de Israel trató de contener los excesos (el Tribunal Supremo ordenó la evacuación de algunos asentamientos, por ejemplo); pero, como advirtieron muchos observadores, es inevitable ver esas acciones como unas medidas poco serias para contrarrestar una política que, en el fondo, es la política a largo plazo del Estado israelí, y que viola de forma increíble los tratados internacionales firmados por el propio Israel. Lo que dicen los colonos ilegales a las autoridades israelíes es: estamos haciendo lo mismo que vosotros, sólo que de forma más abierta, así que ¿qué derecho tenéis a condenarnos? Y la respuesta del Estado, en definitiva, es: sed pacientes, no os apresuréis, estamos haciendo lo que queréis, sólo que de manera más moderada y aceptable...

Es la misma historia desde 1949: Israel, al tiempo que acepta las condiciones de paz propuestas por la comunidad internacional, cuenta con que el plan de paz no va a funcionar. Los colonos descontrolados, a veces, recuerdan a Brunhilda en el último acto de La Valkiria de Wagner, cuando echa en cara a Wotan que, al desobedecer su orden explícita y proteger a Siegmund, sólo estaba haciendo realidad los deseos de él, que se ha visto obligado a renunciar a ellos por presiones externas, igual que los colonos ilegales hacen realidad los verdaderos deseos del Estado a los que ha tenido que renunciar por las presiones de la comunidad internacional. Mientras condena los excesos violentos descarados de los asentamientos “ilegales”, el Estado israelí promueve nuevos asentamientos “legales” en Cisjordania y sigue estrangulando la economía palestina.

Una mirada al mapa cambiante de Jerusalén Este, donde los palestinos están cada vez más encerrados y ven su espacio recortado, es suficientemente significativa. La condena de la violencia antipalestina ajena al Estado oculta el verdadero problema de la violencia de Estado; la condena de los asentamientos ilegales oculta la ilegalidad de los legales. Ahí está el doble rasero de la alabada —por imparcial— “honestidad” del Tribunal Supremo israelí: a base de dictar de vez en cuando una sentencia en favor de los palestinos desposeídos y calificar su expulsión de ilegal, garantiza la legalidad de la mayoría de casos restantes.

Y, para evitar cualquier malentendido, que quede claro que tener todo esto en cuenta no implica, en absoluto, mostrar “comprensión” hacia los inexcusables actos terroristas. Al contrario, ofrece la única base desde la que es posible condenar los atentados terroristas sin hipocresía.

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia

El País, 22/08/09

21/6/09

Checkpoint Rock. Canciones desde Palestina, por Fermín Muguruza y Javier Corcuera

Ayer, el Círculo de Bellas Artes de Madrid ofreció un pase de preestreno del documental de Fermín Muguruza y Javier Corcuera Checkpoint Rock. Canciones desde Palestina. La película arranca con imágenes del entierro de Mahmud Darwix. La presencia de la poesía de Darwix va punteando el documental, que denuncia la Ocupación y muestra las dificultades que tienen los músicos palestinos para realizar su trabajo y llevar una vida digna de tal nombre. Raperos y rockeros palestinos cantan sobre su vida perra. Éste es el tráiler de la película.

10/6/08

Córdoba, Walcott y Jerusalén

En abril de 2006, Darwix leyó su poesía en Córdoba, en Cosmopoética. El siguiente texto, trasunto de aquella visita, figura en La huella de la mariposa, un diario de anotaciones poemáticas publicado a comienzos de este año (Ázar al-faracha, Beirut, 2008). Es un poema que ha sido citado en algún medio de información español de manera fragmentaria y deturpada. Lo damos completo.

EN CÓRDOBA

Las puertas de madera de Córdoba no me invitan a pasar y darle recuerdos damascenos a una fuente o un jazmín. Camino por los estrechos callejones un soleado y apacible día de primavera. Camino ligero, como si fuera huésped de mí mismo y de mis recuerdos, como si no fuera una pieza de museo sobre la que se vuelven los turistas. No le doy una palmada en la espalda a mi pasado con alegría incomparable, como un poema aplazado esperaría de mí. Ni me asusta la nostalgia desde que sobre ella cerré la maleta, sino que me da miedo el mañana que galopa ante mí con pasos eléctricos. Y cada vez que le importuno, me reprende: Ocúpate del presente. Pero hay demasiados poetas en Córdoba. Extranjeros y españoles. Hablan del pasado de los árabes y del futuro de la poesía. Y en un jardín, con pocos árboles y poco de todo, al ver una escultura de dos manos dedicada a Ibn Zaydún y Wallada, le pregunto a Derek Walcott, uno de mis poetas favoritos, si sabe algo de la poesía árabe, y no se disculpa cuando responde: No, nada en absoluto. Y aun así, pasamos juntos tres días sin parar de reír y bromear sobre la poesía y los poetas, a los que él describió como ladrones de metáforas... Me preguntó: ¿Cuántas metáforas has robado? Y no supe contestar. Rivalizamos tonteando con las cordobesas, y me preguntó: Si te gusta una mujer, ¿vas y le hablas? Le dije: Mi valor depende de su belleza... ¿Y tú? Dijo: A mí, si me gusta una mujer, es ella la que viene a mí. Le dije: Claro, tú eres ángel y demonio... lo que yo no sé ser. Y su tercera mujer se reía. En Córdoba, me paré ante un portalón de madera y me busqué en el bolsillo las llaves de mi vieja casa, como hizo Nizar Qabbani. No se me escaparon las lágrimas, porque la nueva herida tapaba la cicatriz de la vieja. Pero Derek Walcott me cogió por sorpresa con una pregunta hiriente: ¿De quién es Jerusalén? ¿Vuestra o de ellos...?

Traducción de Luz Gómez García


© Brian Snyder, Reuters