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25/10/26

Sara M. Saleh: No hay colonizadores en este poema


Solo fieles en Al-Aqsa al acabar el ayuno / toda la noche en iʿtikāf /
relatos de hakawati incendian la Ciudad Vieja / entre una multitud
de coronas festivas y árboles de Navidad / que son árboles y
no alambre de espino / no hay colonizadores en este poema / solo
el viejito / que estira y retuerce el knafeh de queso / sirope
de azahar carameliza su barba / otra hija que regresa
del exilio / cada llegada le limpia la sangre /
No hay colonizadores en este poema / la nieve
no es sentimental, los críos se tiran bolas
de nieve / no hay prisa por ir a la escuela,
si hacen pellas, es cosa suya / hacen lo que hacen
los niños / los turistas tocados de escarcha / salen del Hospicio 
        Austriaco /
calientan sus manos con chocolate caliente / No hay
colonizadores en este poema / solo amantes en la parte
trasera del coche / atraviesan pueblos y villas sin despedirse
sin fanfarria / para rozar la gran ciudad y los labios
de su amante / no hay colonizadores en este poema / los gorriones
unen su aliento en rapsodia / los que viven lejos comienzan
su turno / o duermen hasta tarde / pueden ir a cualquier parte / no
hay colonizadores en este poema / inmaculada el agua / lo bastante 
        limpia
para saciar jardines y veredas / los hijos se reúnen con madres
y padres / y abuelos para la cena / y las discusiones solo
son discusiones y no manifiestos / no hay colonizadores
en este poema / solo una alegría loca / todos estamos aquí /

Shireen también estaría.
Y Roshdi. Y Refaat. Y Hiba.

También ellos estarían aquí.

Traducción de Fruela Fernández

Si dices Gaza. Poesía palestina actual, ed. Fruela Fernández, Calumnia Edicions, 2026


23/10/26

Maya Abul al-Hayat: Soy una paria


Me paso la vida en los check-points.

Disfruto con insignificancias

como no ver un soldado en todo el día,

aburrirme,

escribir allí mi nueva novela

sobre un carnicero que quería ser violinista,

malo y abominable,

pero un cuchillo afilado y reluciente

le traicionó.

Tú bien sabes lo deprimente que es

ser paria y vivir en un check-point

y alegrarte por menudencias,

como adelantar en la cola a un poeta charlatán,

o a unos trabajadores molidos que cargan con bolsas

de plátanos, guayabas y leche Tnuva.

Soy una paria.

Hace un montón que vivo en una tumba

y hasta la fecha    

no he visto ni demonios ni ángeles,

sino solo soldados somnolientos.


Traducción de Luz Gómez


Si dices Gaza. Poesía palestina actual, ed. Fruela Fernández, Calumnia Edicions, 2026


1/10/25

Luz Gómez: Maneras de ser Palestina. Antología de nuevas poetas

Ya está en librerías nuestro nuevo libro: Maneras de ser Palestina. Antología de nuevas poetas (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo). Se trata de una antología de 15 poetas palestinas de las últimas generaciones: Ghada Shafii, Jumana Mustafa, Hala Shrouf, Maya Abu al-Hayat, Neama Hassan, Dareen Tatur, Hind Joudah, Asmaa Azaizeh, Samar Abd al-Jaber, Dalia Taha, Amina Abu Safat, Hiba Abu Nada, Razan Bannura, Mona Musaddar y Batool Abu Akleen. La selección y traducción de los poemas árabes originales va acompañada de sendas poéticas escritas por las autoras. 



22/9/25

Hind Joudah: Soplaré las heridas de Gaza

Soplaré las heridas de Gaza
y le cantaré para que se duerma.
Le taparé los oídos para que no oiga el rugido de los aviones y de los 
    misiles.
Meteré a sus hijos en el arcón de mi corazón, lo cerraré
y uniré a todos con mi cordón umbilical.
Haré que Gaza se duerma.
Se lo prometo.
Os lo prometo.
Todavía no estoy loca.
Solo sueño. 

Traducción de Luz Gómez

Luz Gómez, Maneras de ser Palestina. Antología de nuevas poetas, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, Madrid, 2025.



Hiba Abu Nada: Buenas noches, Gaza

La noche de la ciudad es oscura, salvo por el brillo
    de los misiles.
Silenciosa, salvo por el sonido de los bombardeos.
Aterradora, salvo por el sosiego de las oraciones.
Negra, salvo por la luz de los mártires.
Buenas noches, Gaza.

Traducción de Luz Gómez

Luz Gómez, Maneras de ser Palestina. Antología de nuevas poetas, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, Madrid, 2025.




9/5/25

Hiba Abu Nada: Una segunda ciudad

En las alturas

estamos construyendo una segunda ciudad:

médicos sin enfermos ni heridos,

profesores que no se desgañitan en aulas abarrotadas,

familias nuevas sin dolor ni penas,

periodistas que fotografían el paraíso,

poetas que escriben del amor eterno.

Todos son de Gaza, todos.

En el paraíso existe una nueva Gaza,

sin bloqueo,

que cobra forma ahora mismo.


Traducción de Luz Gómez


Luz Gómez, Maneras de ser Palestina. Antología de nuevas poetas, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, Madrid, 2025.




16/4/25

Luz Gómez: Nasser Rabah y la nueva poesía de Gaza

Hoy llega a las librerías el libro de Nasser Rabah Gaza: el poema hizo su parte (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo), traducido por Alberto Benjamín López Oliva. Este es un fragmento de nuestro prólogo:

"Nasser Rabah es un refugiado. Si bien la condición de refugiado se hereda, a diferencia de la tierra y sus derechos, por los que cada palestino lucha, esta condición conlleva una conciencia existencial y va más allá del estatuto jurídico, bajo el que viven prácticamente la mitad de los palestinos. De ello se derivan dos de las características principales de su poesía: la fuerza objetual de la realidad, que incluye el rechazo de la espectralidad del ser en que se quiere recluir a lo palestino, y el humor como antídoto contra las falsas ilusiones: “El cardiólogo que me trata ya solo me recomienda que deje de escribir el diario de un pueblo muerto”. Las escenas de sus poemas rehúyen la retórica, las imágenes son necesarias y la lengua precisa. La perplejidad, las dudas, las contradicciones forman parte de su humanidad, de la visión de alguien que no consigue entender su mundo, Gaza, y se sorprende de ello".

20/2/25

Nasser Rabah: Oh, canto

        A Mahmud Darwish

Le haces la pregunta de las preguntas
mientras Darwish camina hacia el bar:
–Si hemos aprendido que son las lágrimas las que buscan a los ojos,
¿cómo va a recuperar su voz el canto?

Traducción de Luz Gómez

4/2/25

Nasser Rabah: La huella de tu mariposa

Hace tiempo que debería haber comprendido por qué no soporto tener las obras completas de Darwish en mi biblioteca. Los escalones de la casa están desgastados, sí, pero son acogedores. El color de la pintura está desvaído, aunque no es uno de esos verdes insulsos. Las niñas pequeñas de los vecinos desafinan a la hora de la siesta, aunque huyen cuando despierto. Aun así, no es sino el libro de Darwish lo que me irrita, con su media sonrisa marchita en la portada, sus gafas impasibles y su cabello perfectamente liso, como si nada, con su indiferencia hacia mí como poeta y dueño de esta casa. Me irrita su prominente presencia en el estante, como si estuviera ahí para que mis amigos no insinúen que le tengo envidia. Es, además, el libro más voluminoso de toda la biblioteca, lo que deja a La gitana de Khaled Juma, por ejemplo, en una invitación de boda. Pero todo esto no se puede comparar con mi enfado cuando la mariposa ignora el resto de la biblioteca y se posa en el borde de su libro para aplaudirle.

Nasser Rabah, Gaza: el poema hizo su parte, trad. Alberto López Oliva, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo (2025).

3/2/25

Refaat Alareer: Si tengo que morir (2011)

Si tengo que morir
tú tienes que vivir
para contar mi historia
para vender mis cosas
y comprar un trozo de tela
y unas cuerdas
(hazla blanca y con una larga cola)
y así un niño, en algún lugar de Gaza,
cuando sus ojos miren al cielo
buscando a su padre que se fue en una llamarada —
sin despedirse de nadie
siquiera de su carne
siquiera de sí mismo —
verá la cometa, mi cometa hecha por ti, volando
alto alto
y pensará por un momento que viene un ángel
trayéndole amor.
Si tengo que morir
deja que ella traiga esperanza
deja que cuente la historia.

Traducción de Luz Gómez

(Rafaat Alareer fue asesinado en Gaza por el Ejército israelí el 6 de diciembre de 2023.)

22/3/24

Ibrahim Nasrallah: María de Gaza

La paz de la tierra no es con nosotros

ni con mi hijo o el tuyo,

María le dijo a María...

Hermana de mi tierra y mis pasos sobre ella,

mi hermana de espíritu y oración

hermana del alba al clarear, de este aniquilamiento

y de la muerte y la vida que aún nos queden

La paz de la tierra no es con nosotros

Este cielo de ahí arriba

¿no nos ve?

¿O es que la cruz que cargamos a la espalda

por tantos campos de sangre amarga nos oculta?

 

La paz de la tierra no es con nosotros

La paz es con nuestros enemigos, Señor,

con los aviones y con la muerte descendiendo, la muerte 

    ascendiendo,

la muerte hablando, mintiendo, bailando

Nada le basta

Ni nuestra sangre de luto

o nuestra sangre de fiesta

Ni nuestra sangre en el mar, el valle o la montaña

Ni nuestra sangre en el barro o la arena

Ni nuestra sangre en la respuesta o la pregunta

Ni nuestra sangre en el Norte o en el Sur

Ni nuestra sangre en la paz o la guerra

La paz es con nuestros enemigos, Señor

Con sus guardianes en países lejanos

Con sus guardianes en países vecinos

Con cada hermano que como un enemigo nos sitia

Con cada hermano que pasa por encima de nuestra muerte 

    para después asentar su trono sobre nuestras ruinas

No hay sitio para la mariposa donde una niña 

    perdió los pies

Ni para un enamorado muerto por amor, no por los 

    aviones,

Ni para que el poema se gloríe del poeta que escribió "Cuando 

    yo muera, tú has de vivir para contar mi historia"

El mar no es para los pájaros o las amadas,

y el cielo nos ha dado la espalda, como los países 

    extranjeros

 

La paz de la tierra no es con nosotros

La paz es con los demás y con los hijos de otros

Con el silencio después de que nos masacren

Con el silencio antes de que nos masacren

Con el silencio mientras nos masacran

Con el silencio si gritábamos

Con el silencio si callábamos

Con la voz cuando nos apuntan:

Matadlos, y con silencio nos matan

 

La paz de la tierra no es con nosotros

Es con los tiranos, los gobernantes gallitos y todos los 

    ejércitos de polvo

Con la devastación y los fantasmas de quienes mataron a 

    pequeños o grandes...

Con los soldados y quienes pusieron grilletes al horizonte

Con los que hicieron correr la sangre, odiaron a la víctima 

   y mataron a los testigos

La paz es con un tirano por aquí...

y otro por allí

La paz es con colas ladrando por acá...

con silbidos de mil armas por allá

La paz es con quien ahora me arranca los ojos para que 

    no te vea

 

Señor, llévate todo y deja aquí mismo, junto a nuestro 

    mar, las tumbas de los que amamos y nuestras casas

No desapareceremos, nos quedaremos juntos...

O llévanos si quieres... o déjanos

Haz lo que quieras cuando quieras

Nos tienes cerca del ojo de Tu corazón

O… Señor, sé nuestra fortaleza, no huiremos —si cae la 

    noche— de nuestra muerte

Déjanos, Señor, a las puertas de Tu espíritu:

de la iglesia, la mezquita y el mar;

del barro y las palmeras;

de la vida, si vida sigue existiendo aquí

O... Llévanos, Señor, y deja algo de nuestro espíritu aquí 

    mismo,

como despojos junto a las ruinas de las escaleras de 

    nuestras casas

Y que la paz sea con la tierra que no es nuestra

 

La paz que anhelamos, que amamos, que soñamos, que 

    deseamos... no es con nosotros

La paz tan sencilla como las lágrimas de mi madre en las 

    bodas y los duelos no es con nosotros

La paz que como una pluma vuela

La paz que como una pluma se posa

La paz tan bella como una canción,

tan dulce como como nuestras risas

y como nuestra gata antes de que la mataran...

Pero, ay, Señor, desde que murió nos sigue hambrienta, 

    maullando y asustada,

desde una habitación en el Norte a los campamentos del 

    Sur

 

La paz de la tierra no es con nosotros

No es con Gaza cuando en primavera es tan feliz como los 

    niños

Ni con Acre, mil años en vela, guardándonos como una 

    abuela

Ni con Yaffa la Bella

Ni con Jesús, sangre de nuestra sangre, carne de nuestra 

    carne, tierra de nuestra tierra, resucitado de 

    nuestras resurrecciones

La paz de la tierra no es con nosotros

La paz de la tierra no es con nosotros ni con Tu 

    Jerusalén, ensalzada por el Profeta y nuestro Corán

 

                                            *

 

La paz de la tierra tiene que ser conmigo, Señor, conmigo 

    y luego contigo

Con las mariposas que revolotean entre los dedos de mis 

    hijos del alma,

que ascendieron a los cielos contigo

y solo me quedan sus despojos, un día que gime

y plumas de paloma sobre sus nombres y las escaleras

Sus dedos son el sol de estas mariposas y la herida del 

    horizonte

Nada les he dicho a las mariposas

Las he dejado revolotear como si fueran mi espíritu, 

    viajando entre la ceniza y el rocío

A ellos les cantaré en nombre de los veinte... treinta mil...

que sobre nuestra tierra vivieron...

Jamás diré: La paz sea con quienes asesinan, 

    desarraigan, incendian

La paz de esta tierra fue con nosotros antes de que ellos 

    llegaran

Y la paz de esta tierra será con nosotros cuando se vayan

 

Que la paz sea con nosotros... Con nosotros


Traducción de Luz Gómez


1/11/10

Rutina

Bajas presiones. Viento del noroeste, chubascos intensos. Mar gris rizada. Cipreses altos. La operación Nubes de Otoño ha dejado treinta caídos al norte de Gaza, entre ellos dos mujeres que se manifestaban por un trozo de esperanza para las mujeres. Cielo despejado. Mar en calma, azul. Viento del norte. Buena visibilidad. Pero Nubes de Otoño —un sobrenombre del asesinato— ha dado cuenta de una familia de diecisiete vidas... los noticiarios buscan sus nombres bajo los escombros. Aparte de eso, la vida anormal parece rutinariamente normal. El demonio sigue alardeando de sus viejas diferencias con Dios. Las criaturas, si se despiertan con vida, siguen siendo capaces de decir: Buenos días. Y se van a su quehacer diario: el funeral por los caídos. No saben si volverán sanos y salvos a las casas que quedan, cercadas por buldózers, tanques y cipreses partidos. La vida es tan poca cosa que no parece sino el borrador de un deseo inconfesable: disfrutar de la seguridad de la cueva en igualdad de condiciones que el chacal. Pero además se nos exige una ardua tarea: que hagamos de intermediarios entre Dios y el demonio, para que pacten una corta tregua que nos permita enterrar a los nuestros.

Mahmud Darwix: La huella de la mariposa (Ázar al-faracha, Beirut, Riad El-Rayyes, 2008)

Traducción de Luz Gómez García

13/6/10

Gaza, ciudad del valor y de la miseria

En la oscuridad, entramos, o nos infiltramos, en Gaza. Te dejé caminar delante de mí, y me hice cargo de tu imaginación. Eres incapaz de evitar que sucumba ante la cruda realidad. Veo cómo escondes la cara a las cámaras que se afanan en captar la euforia del que vuelve, en fotografiar las palabras preparadas para denostar el exilio. Dices: Aquí estoy aunque no he llegado, he venido aunque no he vuelto. No mientes a nadie, ni a ti mismo, la ocasión no es para andarse con celebraciones. Gaza aún no se ha repuesto. La destrucción de la Ocupación ha llegado a sus entrañas. Si no sueñas que hay algo más allá, en tu lengua el mar se quedará sin pescadores. En semejante noche, descuartizada por los puestos de control, las colonias y las torretas de vigilancia, el hombre precisa de una geografía nueva para saber dónde está la frontera entre un paso y el siguiente, entre lo prohibido y lo permitido, tan difícil como distinguir lo claro y lo oscuro en los Acuerdos de Oslo.

Te duermes al final de la noche, con la ayuda de un tranquilizante. Cuando te despiertas, necesitas cierto tiempo para convencerte de que estás en Gaza, a la que rápidamente has apodado «la ciudad del valor y de la miseria». En medio de una tórrida mañana, vas, con amigos que han vuelto, a visitar los campamentos de refugiados. Camináis con dificultad por las callejuelas, y te avergüenzas de la mera ida del agua y la limpieza. No crees, nunca lo has creído, que las bolsas de miseria justifiquen la insistencia en el derecho al retorno. Pero recuerdas lo que más te valdría olvidar: la mala conciencia del mundo. Respiras las teorías del progreso y el avance de la historia, que quizá han devuelto a la humanidad a las cavernas. Te privas, por realismo, del suero del optimismo y el entusiasmo, que sustituyes por una pastilla contra la hipertensión. Dices: Si un día pienso otra cosa, echaré mi conciencia a los gatos.

Te preguntas: ¿Qué argucia legal o lingüística puede formular un tratado de paz y buena vecindad entre un palacio y una choza, entre un carcelero y un preso? Y caminas por las callejuelas sintiendo vergüenza de todo: de tu ropa planchada, del esteticismo de la poesía, de la abstracción de la música, de un pasaporte que te brinda la posibilidad de viajar por el mundo. Te duele demasiado estar consciente. Regresas a la Gaza que está más allá de los campamentos y de los refugiados, recelosa de los que han vuelto,* y no sabes en qué Gaza estás. Y dices:

Aquí estoy pero no he llegado.
He venido ¡pero no he vuelto!

* A partir de 1994, con la creación de la Autoridad Palestina en Gaza, buena parte de la cúpula de la OLP se instaló en la Franja, de vuelta del exilio.

Mahmud Darwix: En presencia de la ausencia (Fi hadrat al-giyab, Beirut, Riad El-Rayyes, 2006)

Traducción de Luz Gómez García

1/6/10

La niña / el grito

En la orilla del mar hay una niña. La niña tiene una familia.
La familia una casa. La casa, dos ventanas y una puerta...
En el mar hay un acorazado que se entretiene
cazando a los paseantes de la orilla:
cuatro, cinco, siete
caen en la arena. La niña se salva por poco.
Una mano de niebla,
cierta mano divina, acude en su auxilio. Ella llama: ¡Papá,
papá! ¡Levanta, vamos, que el mar no es para nosotros!
No responde su padre, caído sobre su sombra
a merced de la ausencia.

Sangre en las palmeras, sangre en las nubes.

La lleva su voz en volandas, la alza y aleja
de la orilla. Ella grita en la noche desierta.
El eco no tiene eco. Ella
se convierte en el grito eterno
de una noticia urgente, que deja de ser urgente
cuando
vuelven los aviones y bombardean una casa
¡con dos ventanas y una puerta!

Mahmud Darwix: La huella de la mariposa (Ázar al-faracha, Beirut, Riad El-Rayyes, 2008)

Traducción de Luz Gómez García

11/11/09

Cinco años sin Arafat, por Luz Gómez García

Hoy se cumplen cinco años de la muerte de Yasir Arafat. Las causas siguen envueltas en la bruma. Los tres últimos años los pasó Arafat en la Muqata, sitiado por las tropas israelíes. Los que convivieron con él sostienen, cada vez con más énfasis, que fue envenenado (Bassam Abu Sharif, Arafat and the dream of Palestine, Palgrave Macmillan, 2009).

Su legado no ofrece tantas dudas. El mayor triunfo de Arafat fue lingüístico. Como dijo de él el poeta Mahmud Darwix, restituyó un gentilicio al mundo: “palestino”, que se había intentado borrar en beneficio del mito sionista de la tierra vacía, según el cual la tierra “bíblica” aguardaba deshabitada a judíos nacionales de decenas de países. Pero aquello no era la tierra bíblica. Y lo que se creó en ella no fue un reino bíblico, sino un Estado étnico-confesional de ingeniería poscolonial. Tan confesional, una vez salvados los subterfugios, como muchos de sus Estados vecinos.

En vida de Arafat, los enemigos de Palestina juzgaban que la raíz del mal era Arafat. Luego, les pareció mejor su versión ridícula, Abbas. Últimamente el mal ha sido Hamás. Si un logro le ha cabido a la lucha palestina desde 1948 es que Israel no haya podido fabricarse un enemigo-pelele a su gusto. Arafat no quiso serlo. A Abbas, que ha estado más dispuesto, la presión de la calle se lo ha impedido. Israel, que hizo la vista gorda cuando se creó Hamás en 1987, se hizo ilusiones de que esta organización lo sería, pero el tiro le salió por la culata: los islamistas han llenado el espacio que ha dejado el descuartizamiento del movimiento nacional palestino, democrático y secular. Éste, congregado en la OLP, ha visto cómo embarrancaba su proyecto de paz, formulado, tras no pocas disputas internas, en términos de dos Estados soberanos: Israel y Palestina.

La legitimidad de la Autoridad Nacional Palestina se halla hoy en su punto más bajo. En los años finales de Arafat, tras la explosión de la Segunda Intifada en 2000, las encuestas daban un empate entre Fatah y Hamás, pero el 50%, la mayoría, no prefería a ninguno. Este ten con ten se esfumó a la muerte de Arafat. Fatah no supo mantener la llama. Desvanecida el aura, los palestinos optaron por una solución radical y novedosa, y votaron en masa a Hamás. Desde entonces, se ha venido consumando el mayor miedo del movimiento nacional palestino: la desunión y el enfrentamiento civil, que el liderazgo de Arafat había conjurado desde finales de los ochenta.

La invasión israelí de Gaza en diciembre pasado dejó a Abbas desnudo. Sus componendas para culpabilizar a Hamás encolerizaron a los palestinos. El colmo ha sido la reciente pasividad y dilación de la delegación de la OLP ante el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, que ha estudiado, a partir del llamado Informe Goldstone, los crímenes cometidos en la guerra de Gaza. La presión de toda la palestinidad, tanto la del interior como la del exilio (el 7 de octubre pasado, las asociaciones palestinas de España enviaron al presidente Abbas un duro comunicado en este sentido), acabó obligando a la delegación a cantar la palinodia, y el día 16 se aprobó una resolución que llama al Consejo de Seguridad a llevar el caso ante el Tribunal de La Haya si las partes (Israel y Hamás) no aclaran las imputaciones.

Como era de suponer, Estados Unidos votó en contra, y Rusia a favor, y los países europeos divididos. Ha sido la tónica general de este lustro, que ha facilitado que Israel incumpla sistemáticamente todo acuerdo u hoja de ruta, y que siga desmembrando Palestina. Los colonos en Cisjordania han aumentado un 18% desde 2004. Los 790 kilómetros del muro segregador declarado ilegal por el Tribunal de La Haya están prácticamente concluidos. Los checkpoints y las barreras a la movilidad impiden cualquier viso de normalidad en la vida de la población, y Jerusalén se halla ya aislada por completo de su entorno palestino. La retirada israelí de Gaza en agosto de 2005 y la declaración de la Franja como “entidad hostil” en septiembre de 2007, han permitido a Israel desentenderse impunemente de sus obligaciones jurídicas internacionales como potencia ocupante y castigar colectivamente a toda la población mediante el bloqueo. Gaza ha tenido el triste honor de inaugurar un nuevo limbo jurídico internacional, que en términos cotidianos significa depauperación económica, física y moral.

La desastrosa gestión de la cuestión de Gaza por parte de Abbas le ha conducido a un callejón sin salida. Su visión del proceso de paz, que choca con el verdadero 48, el palestino, el de la Nakba, ha fracasado. Frente al toma y daca de territorios, seguridad, autogobierno y desarrollo económico que ha caracterizado las rondas de conversaciones antes y después de la muerte de Arafat, en los últimos meses ha recobrado protagonismo el derecho al retorno de los refugiados. La intelligentsia israelí ha dado la voz de alarma (en este mismo diario la daba hace pocas semanas Shlomo Ben Ami), porque la cuestión de los refugiados plantea la paz en sus exactos términos: la justicia como solución y la superioridad moral de la víctima sobre el verdugo.

El País, 11/11/09 Mahmud Darwish