Anunciamos la primera actividad del Aula Darwish, que hemos creado en el marco del grupo de investigación Ideologías y Expresiones Culturales Árabes Contemporáneas (IEXCUL) de la Universidad Autónoma de Madrid. El Aula Darwish se propone como un espacio abierto y móvil en formatos y expresiones con el objetivo de promover la obra de Mahmud Darwish, la cultura palestina y la literatura árabe en general.
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1/6/23
22/9/08
Fragmento de “Cultura y resistencia”, por Edward Said y David Barsamian
DB. Mahmud Darwix está considerado el poeta nacional de Palestina. ¿Cuál es su importancia?
Said. Es algo complicado. En primer lugar, Darwix creció en Israel. No era un palestino como la mayoría de los miembros de la OLP. No era de la diáspora. Se quedó en el interior y se convirtió en ciudadano israelí. Sabe perfectamente hebreo, además de árabe. Se le conoció como uno de los primeros, así llamados, “poetas de resistencia”. Lo cual quiere decir que hablaba de temas nacionalistas y, sobre todo, de la afirmación de la identidad palestina. Su poema más famoso se titula “Carnet de identidad”, y comienza: “¡Apunta! Soy árabe”. Es un poema que, de hecho, proviene de la experiencia personal de tener que acudir regularmente a presentarse ante las autoridades israelíes. Hasta 1966, los palestinos de dentro de Israel estaban bajo control militar, así que tenían que presentarse a firmar constantemente. Y él, en una especie de afirmación desafiante, le dice al funcionario: “Apunta que soy árabe”, lo cual casi inadvertidamente se convirtió en el primer verso de un poema.
Más tarde, cuando Darwix dejó Palestina a comienzos de la década de 1970 y vivió en Egipto y luego en Beirut y París, fue un poeta del exilio. [...] Se podría comparar con lo que significó Faiz Ahmed Faiz en la tradición de Asia del Sur [la tradición en urdu]. Darwix mueve a multitudes, a miles de personas, que acuden a escucharle recitar su poesía.
Es un lector voraz, y, pesar de su larga filiación a la OLP, es un hombre bastante solitario, que raramente hace públicas sus posiciones políticas. Es muy cosmopolita en sus gustos y modos. En los últimos veinte años, en los que ha sido tremendamente productivo, ha desarrollado otro tipo de poesía, que yo calificaría de meditativa y lírica. Ha escrito poemas sobre asuntos que van desde Al-Ándalus a los indios nativos americanos, su grave enfermedad y, más recientemente, un última gran oda ―o casida, como se dice en árabe―, titulada Estado de sitio. El poema relata la experiencia de ser sitiado durante la invasión israelí de Cisjordania en la primavera de 2002.
Darwix es un poeta de múltiples dimensiones. Es sin duda un poeta público, pero al mismo tiempo es un poeta enormemente personal y lírico. Para mí, en la escala mundial actual, es sin duda uno de los mejores. Está a la altura de Derek Walcott y Seamus Heaney ―por mencionar dos premios Nobel, uno caribeño y el otro irlandés― en su dominio de la lengua. Darwix logra amalgamar buena parte de la imaginería coránica de un modo secular. No es en absoluto un poeta religioso, pero muchos de sus poemas se modulan con el lenguaje del Corán y de los Evangelios. También tiene influencia de Lorca, de Neruda y de Yevtushenko. Pasó algo de tiempo en Rusia, por lo que conoce bien la literatura de aquel país, y también a algunos de sus poetas más nuevos, como Brodsky.
DB. Usted ha comparado a Darwix con el W. B. Yeats de la primera época.
Said. Sí, por cómo estuvo estrechamente relacionado con la lucha de liberación, por la manera en que Yeats participó en la lucha por la libertad de Irlanda frente al colonialismo británico. Pero Yeats siempre fue muy activo en la vida cultural irlandesa, por ejemplo a través del Abbey Theatre. Fue miembro del parlamento irlandés. Fue una figura pública mayor de lo que Darwix lo ha sido, aunque Darwix sea muy conocido. Pero nunca ha tenido más cargo formal que el de pertenecer, durante un tiempo, al Consejo Nacional Palestino, lo cual no quiere decir mucho.
David Barsamian and Edward Said, Culture and Resistance. Conversations with Edward W. Said, Londres, 2003.
Traducción de Luz Gómez García
Said. Es algo complicado. En primer lugar, Darwix creció en Israel. No era un palestino como la mayoría de los miembros de la OLP. No era de la diáspora. Se quedó en el interior y se convirtió en ciudadano israelí. Sabe perfectamente hebreo, además de árabe. Se le conoció como uno de los primeros, así llamados, “poetas de resistencia”. Lo cual quiere decir que hablaba de temas nacionalistas y, sobre todo, de la afirmación de la identidad palestina. Su poema más famoso se titula “Carnet de identidad”, y comienza: “¡Apunta! Soy árabe”. Es un poema que, de hecho, proviene de la experiencia personal de tener que acudir regularmente a presentarse ante las autoridades israelíes. Hasta 1966, los palestinos de dentro de Israel estaban bajo control militar, así que tenían que presentarse a firmar constantemente. Y él, en una especie de afirmación desafiante, le dice al funcionario: “Apunta que soy árabe”, lo cual casi inadvertidamente se convirtió en el primer verso de un poema.
Más tarde, cuando Darwix dejó Palestina a comienzos de la década de 1970 y vivió en Egipto y luego en Beirut y París, fue un poeta del exilio. [...] Se podría comparar con lo que significó Faiz Ahmed Faiz en la tradición de Asia del Sur [la tradición en urdu]. Darwix mueve a multitudes, a miles de personas, que acuden a escucharle recitar su poesía.
Es un lector voraz, y, pesar de su larga filiación a la OLP, es un hombre bastante solitario, que raramente hace públicas sus posiciones políticas. Es muy cosmopolita en sus gustos y modos. En los últimos veinte años, en los que ha sido tremendamente productivo, ha desarrollado otro tipo de poesía, que yo calificaría de meditativa y lírica. Ha escrito poemas sobre asuntos que van desde Al-Ándalus a los indios nativos americanos, su grave enfermedad y, más recientemente, un última gran oda ―o casida, como se dice en árabe―, titulada Estado de sitio. El poema relata la experiencia de ser sitiado durante la invasión israelí de Cisjordania en la primavera de 2002.
Darwix es un poeta de múltiples dimensiones. Es sin duda un poeta público, pero al mismo tiempo es un poeta enormemente personal y lírico. Para mí, en la escala mundial actual, es sin duda uno de los mejores. Está a la altura de Derek Walcott y Seamus Heaney ―por mencionar dos premios Nobel, uno caribeño y el otro irlandés― en su dominio de la lengua. Darwix logra amalgamar buena parte de la imaginería coránica de un modo secular. No es en absoluto un poeta religioso, pero muchos de sus poemas se modulan con el lenguaje del Corán y de los Evangelios. También tiene influencia de Lorca, de Neruda y de Yevtushenko. Pasó algo de tiempo en Rusia, por lo que conoce bien la literatura de aquel país, y también a algunos de sus poetas más nuevos, como Brodsky.
DB. Usted ha comparado a Darwix con el W. B. Yeats de la primera época.
Said. Sí, por cómo estuvo estrechamente relacionado con la lucha de liberación, por la manera en que Yeats participó en la lucha por la libertad de Irlanda frente al colonialismo británico. Pero Yeats siempre fue muy activo en la vida cultural irlandesa, por ejemplo a través del Abbey Theatre. Fue miembro del parlamento irlandés. Fue una figura pública mayor de lo que Darwix lo ha sido, aunque Darwix sea muy conocido. Pero nunca ha tenido más cargo formal que el de pertenecer, durante un tiempo, al Consejo Nacional Palestino, lo cual no quiere decir mucho.
David Barsamian and Edward Said, Culture and Resistance. Conversations with Edward W. Said, Londres, 2003.
Traducción de Luz Gómez García
15/7/08
Semblanza, por Jamel-Eddine Bencheikh
Jamel-Eddine Bencheikh, una de las grandes figuras intelectuales del Mágreb, traza un breve retrato de la figura de Darwix. Se publicó en la revista Letras libres (enero 2000).
Expulsado de su tierra, Darwix ha cruzado todas las fronteras para abrirse al mundo en su poema, de Moscú a Nueva York y de Grecia a China. Sueña con Cartago y con Andalucía. Se ha inspirado en las tragedias de Esquilo. Ha preferido a Sófocles a Imru’ al-Qays. Se ha conmovido con el martirio de Cristo. Ha recitado la Biblia y el Corán. Ha pronunciado el discurso del indio americano. Ha respondido a la llamada de todas las voces. Maiakovski, García Lorca, Cavafis acompañan sus pasos; Éluard y Aragon, su ensueño. Su lengua traza la historia y el presente, lo imaginario y lo real; se libera para vehicular los mitos, para expresar el amor y el sufrimiento. No transforma el lenguaje: deja que discurra, tan prometedor como el despuntar del alba, tan amargo como un crepúsculo.
Expulsado de su tierra, Darwix ha cruzado todas las fronteras para abrirse al mundo en su poema, de Moscú a Nueva York y de Grecia a China. Sueña con Cartago y con Andalucía. Se ha inspirado en las tragedias de Esquilo. Ha preferido a Sófocles a Imru’ al-Qays. Se ha conmovido con el martirio de Cristo. Ha recitado la Biblia y el Corán. Ha pronunciado el discurso del indio americano. Ha respondido a la llamada de todas las voces. Maiakovski, García Lorca, Cavafis acompañan sus pasos; Éluard y Aragon, su ensueño. Su lengua traza la historia y el presente, lo imaginario y lo real; se libera para vehicular los mitos, para expresar el amor y el sufrimiento. No transforma el lenguaje: deja que discurra, tan prometedor como el despuntar del alba, tan amargo como un crepúsculo.
16/6/08
Darwix y Strand
En abril de 2006, Darwix leyó su poesía en Madrid, en la Residencia de Estudiantes. El siguiente texto, trasunto de aquella estancia madrileña de un par de días, figura en La huella de la mariposa, un diario de anotaciones poemáticas publicado a comienzos de este año (Ázar al-faracha, Beirut, 2008). Darwix y Strand leyeron por separado su obra y luego charlaron juntos sobre poesía e historia personal.
EN MADRID
Sol, llovizna, primavera vacilante. Los árboles son altos y viejos en el jardín de la Residencia de Estudiantes. Las veredas, pavimentadas con piedrecillas, hacen que caminar se acerque más bien a un ejercicio burlesco de flamenco. Una luz temblorosa agujerea las sombras. Desde esta colina nos asomamos a Madrid, que se extiende abajo como un estanque verde. Mark Strand, el poeta americano-canadiense, y yo nos sentamos en unas sillas de madera a hacernos fotos con los estudiantes, y a firmar nuestros libros traducidos al español, a cual de los dos más dispuesto a ocultar la alegría del poeta ante un lector desconocido, inesperado... ante el viaje de la poesía que se escribió en una habitación cerrada hasta este jardín. Se me acercó una señora elegante y me dijo: Soy sobrina de Lorca. Le di dos besos para aspirar lo que de los brazos de él quedara en ella. Y le pregunté: ¿Qué recuerda de él? Me respondió que había nacido después de que lo mataran. Le dije: ¿Sabe cuánto nos gusta? Y dijo: Todo el mundo dice lo mismo, es un orgullo para mí. Es un símbolo. El director de la Residencia me explicó que éste es un lugar emblemático de Madrid. Quien no lee poesía aquí es un pelagatos. Aquí vivieron Lorca, Alberti, Juan Ramón Jiménez, Dalí. Al final del encuentro, me pidieron que le hiciera una pregunta a Mark Strand. Le pregunté: ¿Cuál es el límite preciso entre el verso y la prosa? Titubeó, como hacen los verdaderos poetas ante una definición difícil, y dijo, él que escribe verso libre: El ritmo, el ritmo. La poesía se distingue por el ritmo. Y cuando salimos al jardín a pasear por las veredas de piedrecillas, no hablamos mucho para no romper el ritmo de la noche sobre los altos árboles. No sé por qué me vino a la cabeza la aguda frase de Nietzsche: “La sabiduría es el conocimiento privado del canto”.
Traducción de Luz Gómez García
Sobre la estancia de Darwix en la Residencia de Estudiantes
EN MADRID
Sol, llovizna, primavera vacilante. Los árboles son altos y viejos en el jardín de la Residencia de Estudiantes. Las veredas, pavimentadas con piedrecillas, hacen que caminar se acerque más bien a un ejercicio burlesco de flamenco. Una luz temblorosa agujerea las sombras. Desde esta colina nos asomamos a Madrid, que se extiende abajo como un estanque verde. Mark Strand, el poeta americano-canadiense, y yo nos sentamos en unas sillas de madera a hacernos fotos con los estudiantes, y a firmar nuestros libros traducidos al español, a cual de los dos más dispuesto a ocultar la alegría del poeta ante un lector desconocido, inesperado... ante el viaje de la poesía que se escribió en una habitación cerrada hasta este jardín. Se me acercó una señora elegante y me dijo: Soy sobrina de Lorca. Le di dos besos para aspirar lo que de los brazos de él quedara en ella. Y le pregunté: ¿Qué recuerda de él? Me respondió que había nacido después de que lo mataran. Le dije: ¿Sabe cuánto nos gusta? Y dijo: Todo el mundo dice lo mismo, es un orgullo para mí. Es un símbolo. El director de la Residencia me explicó que éste es un lugar emblemático de Madrid. Quien no lee poesía aquí es un pelagatos. Aquí vivieron Lorca, Alberti, Juan Ramón Jiménez, Dalí. Al final del encuentro, me pidieron que le hiciera una pregunta a Mark Strand. Le pregunté: ¿Cuál es el límite preciso entre el verso y la prosa? Titubeó, como hacen los verdaderos poetas ante una definición difícil, y dijo, él que escribe verso libre: El ritmo, el ritmo. La poesía se distingue por el ritmo. Y cuando salimos al jardín a pasear por las veredas de piedrecillas, no hablamos mucho para no romper el ritmo de la noche sobre los altos árboles. No sé por qué me vino a la cabeza la aguda frase de Nietzsche: “La sabiduría es el conocimiento privado del canto”.
Traducción de Luz Gómez García
Sobre la estancia de Darwix en la Residencia de Estudiantes
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