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30/11/11

Cartel de Thomas Kruse (1983)


© Poster Project, Center for Palestine Studies, Middle East Institute, Columbia University

17/11/09

The Astounding Eyes of Rita, por Anouar Brahem

Acaba de aparecer el disco The Astounding Eyes of Rita (ECM), del músico de jazz y laudista tunecino Anouar Brahem (n. 1957). Es un álbum dedicado a la memoria de Mahmud Darwix, con temas como el epónimo y “Al Birwa”, en el que se rememora la aldea galilea en que nació Darwix en 1941, arrasada por las fuerzas de ocupación judías en junio de 1948 y reemplazada por un kibutz.

Para escuchar algo, pínchese aquí. Mahmud Darwish

20/1/09

Historia de Birwa

En el texto que sigue, una carta de junio de 1986 dirigida a Samih al-Qásim, Mahmud Darwix narra la noche de junio de 1948 en que él y su familia hubieron de abandonar Birwa, su aldea natal, invadida y destruida por las tropas israelíes, y reemplazada al cabo por un kibutz. A Darwix y al-Qásim se asoció la aparición, a finales de los años sesenta, de la llamada poesía de resistencia palestina. Mientras que al-Qásim permaneció en Israel, Darwix se exilió en 1970.

Los meses no se decían con nombres que siempre recuerdan cuándo se quebró la albahaca de la infancia. Aunque sí sé que aquella noche no era tan fría como las de estos días. Tampoco existían por entonces canciones a la luna en hebreo. Y de lo que me acuerdo bien es del corral, con la morera en medio que distinguía la casa de las otras y la convertía en la casa de mi abuelo. Dejamos todo como estaba: el caballo, las ovejas, los terneros, y las puertas abiertas, con la cena caliente, la llamada a la oración y la única radio que había, acaso encendida para que fuera informando de nuestras victorias. Bajamos hasta el estrecho cauce que enfilaba hacia el sureste y acababa en un aljibe. Relucía al salir el sol por la parte del llano que nos conduciría hasta Chaab, el pueblo en el que vivían unos parientes de mi madre y para entonces también su familia, que había ido allí desde Damún, que ya había sido ocupada... Y allí, al cabo de unos días, los campesinos de las aldeas vecinas, que habían vendido el oro de sus mujeres para comprar fusiles de fabricación francesa, hicieron un llamamiento para liberar Birwa.

La liberaron al caer la noche. Se bebieron el té caliente de los ocupantes. Pasaron la primera noche de la victoria. Y al día siguiente la entregaron, sin acuse de recibo, al Ejército de Salvación,* para que los judíos volvieran a ocuparla y destruyeran hasta la última piedra... Mientras, a las puertas de la patria, nosotros aguardábamos el regreso.

Conoces todo lo que pasó, Samih, que la guerra fue breve y la excursión de los que se habían marchado se prolongó. Y sabes cómo “nos infiltramos” desde el Líbano cuando mi abuelo se dio cuenta de que el viaje se alargaría y que él debía apegarse a la tierra antes de que ésta echara a volar. Cuando llegamos, sólo encontramos ruinas. Habíamos perdido el derecho de residencia y perdido el derecho a la tierra. Al cabo, cuando consumé el rito de mi primera peregrinación a Birwa, mi pueblo, sólo hallé de él el algarrobo y la iglesia derruida, más un vaquero que no hablaba bien ni árabe ni hebreo: ¿Quién es usted? Respondió: Soy del kibutz Yasur. Le dije: ¿Dónde está el kibutz Yasur? Dijo: Aquí. Le dije: Aquí está Birwa. Dijo: ¿Dónde? Dije: Aquí, debajo de nosotros, a nuestro alrededor, sobre nosotros, aquí, en todas partes. Dijo: Pero yo no veo nada, ni siquiera piedras. Dije: Esta iglesia... ¿no la ve? Dijo: No es una iglesia. Es una cuadra para las vacas. Y eso de ahí son unas ruinas romanas. Le dije: ¿De dónde es usted? Dijo: Del Yemen. Dije: ¿Y qué hace aquí? Dijo: He vuelto a mi país. Luego me preguntó: ¿Y tú de dónde eres? Dije: De aquí... He vuelto a mi país.

* Milicia árabe formada por voluntarios palestinos, egipcios y sirios, más algunas unidades de la Legión Árabe jordana, cuya desunión y escasa aptitud contribuyó a la rápida caída de la mayoría del territorio palestino.

Mahmud Darwix y Samih al-Qásim: al-Rasail (Correspondencia), Beirut, Dar al-Auda, 1990.

Traducción de Luz Gómez García

13/8/08

La fecha de nacimiento

Mahmud Darwix nació el 13 de marzo de 1941. En los documentos oficiales, la fecha de su natalicio se retrasa un año, hasta 1942, debido a que éste fue el dato con que le registraron al escolarizarle en 1950, y así fue reproduciéndose posteriormente, tanto en documentos oficiales como en obras literarias. Parece que el error fue intencionado por parte de sus padres, que habrían buscado de este modo prolongar un año la escolarización del niño.

El contexto en que se produjo la Nakba aclara este malentendido. La noche del 11 de junio de 1948, la familia Darwix hubo de salir precipitadamente de su aldea, Birwa, cercada por las tropas israelíes. Se encaminaron a la cercana frontera del Líbano, donde permanecieron menos de dos años. Cuando regresaron a Birwa, situada en las colinas que otean el Mediterráneo de Acre, la aldea había sido arrasada y, literalmente, borrada de los mapas; con ella, es de suponer que desaparecieron los archivos y documentos que hubiera.

La familia de Darwix decidió permanecer en Palestina y se topó con un nuevo estatuto: el de “presentes-ausentes”, denominación que el nuevo Estado israelí dio a todos aquellos habitantes del país que, no estando presentes o no habiéndose personado en el momento de la realización del censo de 1949, se hallaban físicamente en el territorio, pero a los cuales no se les reconocía existencia jurídica y, por tanto, derechos. Se les consideró ‘infiltrados’, un número sin nombre, y como a tales se les perseguía. El niño Mahmud fue al colegio en Deir al-Ásad y en Kafr Yasif, dos pueblos a escasos kilómetros del suyo, en los que malvivió la familia. Allí sufrió esta realidad de existir sin existir, que le obligaba, a mitad de clase, a correr a esconderse en las grutas de los alrededores cuando el vigía alertaba de la llegada de los guardias israelíes. Darwix recordaba que está por escribir la historia de los ‘infiltrados’, entre ellos la de los gitanos y trovadores ambulantes que mantuvieron viva la cultura popular palestina durante la primera década de la Nakba.

25/7/08

Regreso a Haifa. Entrevista por Dalia Karpel

DK. ¿Siente emoción ante su próxima visita a Haifa? ¿Qué impacto le produce saber que se han vendido en un día 1200 entradas (de un total de 1450) para su lectura poética de este domingo en un auditorio del Monte Carmelo? ¿Le conmueve esta acogida?

Darwix. Cuando pasé de los cincuenta años, aprendí a controlar mis emociones. Voy a Haifa sin ninguna esperanza. Tengo una barrera en el corazón. Tal vez en el momento del encuentro con el público, unas cuantas lágrimas caigan en el corazón. Espero una cálida acogida, pero me temo que el público se sentirá decepcionado, porque no voy a leer muchos poemas antiguos. No quiero presentarme como un patriota, un héroe o un símbolo. Quiero presentarme como un poeta modesto.

DK. ¿Cómo se pasa de símbolo del espíritu nacional palestino a poeta modesto?

Darwix. El símbolo no existe ni en mi inconsciente ni en mi imaginación. Estoy haciendo esfuerzos para romper las demandas de símbolo y acabar con este estado icónico; para acostumbrar a la gente a tratarme como a una persona que desea desarrollar su poesía y el gusto de sus lectores. En Haifa voy a ser real, lo que soy. Y voy a elegir poemas de un alto nivel.

DK. ¿Por qué desprecia sus poemas antiguos?

Darwix. Cuando un escritor declara que su primer libro es el mejor, mal asunto. Yo progreso de un libro a otro. Todavía no he decidido qué leeré al público. No soy tonto. No los decepcionaré. Sé que muchos desean escuchar poemas antiguos.

Darwix llegó a Ramala, procedente de Amman, el lunes por la mañana de esta semana. Estaba preparado para realizar encuentros de trabajo los días siguientes y luego ir a Haifa, la ciudad en la que embarcó en su trayectoria literaria en la década de los años cincuenta. Todavía no sabe cómo irá —hay muchos voluntarios que desean llevarle al encuentro en Haifa con los residentes en Galilea—. La velada está siendo organizada por Siham Daoud, poeta y editor de la revista literaria Masharef, en colaboración con el partido político árabe-judío Hadash. Darwix hablará y recitará unos veinte poemas. Samir Yubrán le acompañará al laúd y el cantante Amal Murkus asesorará. Darwix espera que el ministro del Interior le permita permanecer en Israel una semana, aunque el permiso de entrada que le han concedido es válido sólo para dos días.

La conversación con el poeta tiene lugar a las cuatro de la tarde en el centro cultural Jalil Sakakini en Ramala. El magnífico y bien conservado edificio contiene una galería de arte y una sala para películas y conciertos. También hay una amplia oficina desde la que Darwix edita la revista de poesía al-Karmel.

La sala en la que estamos contiene una biblioteca rica en libros árabes, entre los cuales hay intercalados algunos ejemplares en hebreo. Se trata de una colección poética editada por la revista literaria hebrea Iton 77, y también ejemplares de la revista literario-política Mita’am, editada por el poeta Yitzhak Laor, y una colección poética de Sami Shalom Chetrit.

Darwix, más delgado que de costumbre y elegantemente vestido, es cordial. Teniendo en cuenta que hace ocho años se le dio por clínicamente muerto y volvió a la vida casi milagrosamente, su aspecto es saludable y no aparenta los 66 años que tiene.

“¿Hay alguna esperanza para esta nación?”, pregunto, y Darwix, el gran pesimista, pregunta a su vez que a qué nación me refiero. “Aunque no haya esperanza, estamos obligados a inventar y crear esperanza. Sin esperanza estamos perdidos. La esperanza debe brotar de las cosas sencillas: del esplendor de la naturaleza, de la belleza de la vida, de su fragilidad. Uno debe olvidar las cosas esenciales ocasionalmente para mantener la mente sana. Es duro hablar de esperanza en esta época, es como si ignorásemos la historia y el presente, como si mirásemos al futuro separándolo de lo que sucede en este momento. Pero para vivir, debemos inventar esperanza a la fuerza”.

DK. ¿Y cómo lo hace usted?

Darwix. Yo soy un trabajador de metáforas, no un trabajador de símbolos. Creo en el poder de la poesía, que me da razones para mirar hacia adelante e identificar un destello de luz. La poesía puede ser una auténtica desalmada. Deforma. Tiene el poder de transformar lo irreal en real y lo real en imaginario. Tiene el poder de construir un mundo que está reñido con el mundo en el que vivimos. Yo considero la poesía una medicina espiritual. Puedo crear con palabras lo que no encuentro en la realidad. Es una tremenda ilusión, pero positiva: no tengo otra herramienta con la que buscarle un sentido a mi vida o a la vida de mi nación. Tengo el poder de otorgarles belleza por medio de las palabras y plasmar un mundo bello y también expresar su situación. Una vez dije que yo construyo con palabras una patria para mi nación y para mí.

DK. Usted una vez escribió: “Esta tierra impone el asedio a todos nosotros”, y ahora más que nunca el sentimiento de desaliento e impotencia es arrollador.

Darwix. La situación actual es la peor que quepa imaginar. Los palestinos son la única nación en el mundo que sienten con certeza que el día de hoy es mejor que los días venideros. Mañana siempre trae una situación peor. No es una cuestión existencial. Yo no puedo hablar del lado israelí, no soy experto en eso. Sólo puedo hablar del lado palestino. En 1993, durante el acuerdo de Oslo, yo sabía que el acuerdo no garantizaba que fuéramos a lograr la verdadera paz basada en la independencia para los palestinos y el fin de la Ocupación israelí. A pesar de todo, sentía que la gente albergaba esperanzas. Pensaban que quizá una mala paz era mejor que una guerra victoriosa. Aquellos sueños se esfumaron. La situación ahora es peor. Antes de Oslo no había controles, los asentamientos no se habían expandido como ahora y los palestinos tenían trabajo en Israel.

DK. ¿Cree usted que la disposición para la paz era mutua?

Darwix. Los israelíes se quejan de que los palestinos no los quieren. Tiene gracia. La paz se acuerda entre Estados y no se basa en el amor. Un acuerdo de paz no es un convite de boda. Yo entiendo el odio hacia los israelíes, cualquier persona normal odia vivir bajo la Ocupación. Primero que se firme la paz y luego que se contemplen los sentimientos como amor o no amor. A veces, después de firmarse la paz, no hay amor. El amor es un asunto privado, no se puede forzar.

DK. ¿A qué esperanza se refiere?

Darwix. Yo acuso a la parte israelí de no mostrar disposición a acabar con la Ocupación en la franja de Gaza y Cisjordania. El pueblo palestino no pretende liberar Palestina. Los palestinos quieren llevar una vida normal en el 22 % de lo que ellos piensan que es su patria. Los palestinos consideran que ha de hacerse una distinción entre patria y Estado. Comprenden el desarrollo histórico que ha conducido a la presente situación en la que dos pueblos viven en la misma tierra y en el mismo país. A pesar de esta buena voluntad, no queda de qué hablar.

DK. Ha mencionado la franja de Gaza. ¿Qué piensa de la nueva realidad allí?

Darwix. Es una situación trágica, un ambiente de guerra civil. Lo que sucede entre los partidarios de Fatah y los partidarios de Hamás en Gaza refleja un horizonte cerrado. No hay un Estado palestino ni una autoridad palestina y la gente allí lucha contra ilusiones. Cada una de las partes quiere tomar el control del Gobierno. Todo es “como si”: como si hubiera un estado, como si hubiera un gobierno, como si hubiera un ministro o esto o lo otro, como si hubiera una bandera, como si hubiera un himno. Mucho “como si” pero ningún contenido. Es como si metes a la gente en prisión —la franja de Gaza es una gran prisión— y los prisioneros son pobres y carecen de todo, están desempleados y carecen de asistencia médica básica: encontrarás gente sin esperanza, lo cual crea un manifiesto sentimiento natural de violencia interna. No saben contra quién luchar, por eso luchan entre sí. Eso es lo que se llama guerra civil. Es una explosión entre presiones mentales, económicas y políticas.

DK. ¿Le alarma el auge del fundamentalismo de Hamás?

Darwix. Hay un conflicto cultural entre la parte laica que cree en el multiculturalismo y una patria nacional y la gente que considera Palestina exclusivamente bajo el prisma de la herencia. No me asusta desde el punto de vista político. Es una alarma cultural. Su inclinación a imponer sus principios a los demás no resulta cómoda. Ellos creen en una democracia trasnochada, y eso sólo para ganar las elecciones y lograr el poder. Pero son una catástrofe para la democracia. Es una democracia antidemocrática. Ambos partidos, Fatah y Hamás, no pueden permanecer inflexibles. Ahora, cuando la sangre está caliente y las heridas sangran, es duro hablar de diálogo, pero al final, si Hamás pide perdón por lo hecho en Gaza y rectifica los resultados de la campaña en Gaza, será posible hablar de diálogo. Es imposible ignorar a Hamás como fuerza política que tiene partidarios en la sociedad palestina.

DK. Así que usted está de nuevo jugando en las manos de Israel, lo cual es fruto en cierto modo de esta situación.

Darwix. Israel proclama continuamente que no tiene interlocutores, incluso cuando hay alguien dispuesto al diálogo. Ahora dicen que es posible hablar con Mahmud Abbás, pero Abbás estaba ahí antes de que Hamás ganara las elecciones. ¿Qué puede Abbás hacer si no han quitado ningún control? Es la política israelí lo que impulsa a los palestinos al extremismo y a la violencia. Los israelíes no quieren dar nada a cambio de la paz. No quieren retirarse a las fronteras de 1967, no quieren hablar del derecho al retorno o de la evacuación de los asentamientos, y, por supuesto, no quieren hablar de Jerusalén. Entonces, ¿hay algo de qué hablar? Estamos en un callejón sin salida. Yo no veo el final de este oscuro túnel mientras Israel sea incapaz de diferenciar la historia de la leyenda.

Los Estados árabes están dispuestos a reconocer a Israel y están pidiendo a Israel que acepte la iniciativa árabe de paz que consiste en la retirada a las fronteras de 1967 y el establecimiento de un Estado palestino a cambio no sólo de reconocer plenamente a Israel sino también de la normalización de las relaciones. Dígame quién está perdiendo la oportunidad. Se suele decir que los palestinos nunca pierden una oportunidad porque sí. ¿Por qué está Israel emula el rechazo de los árabes?

DK. ¿Cree que vivirá lo suficiente para ver algún acuerdo entre las dos naciones?

Darwix. Yo no desespero. Soy paciente y estoy esperando una revolución profunda en la conciencia de los israelíes. Los árabes están dispuestos a aceptar a un Israel fuerte con armas nucleares, todo lo que tienen que hacer es abrir las puertas de su fortaleza y establecer la paz. Dejar de hablar de los profetas y de la tumba de Raquel. Estamos en el siglo XXI. Mire lo que está sucediendo en el mundo. Todo ha cambiado, aparte de la posición israelí que, como he dicho, mezcla la historia con la leyenda.

DK. La terrible asociación entre tierra y muerte se está ahora dando por sentado en ambos lados.

Darwix. He dicho que los políticos tienen que realizar una revolución cultural en Israel para comprender que es imposible pedir a los jóvenes de Israel que esperen la próxima guerra. La globalización afecta a la juventud; desean viajar y vivir fuera del Ejército. No espere que haga una comparación entre la desesperación de los dos lados del conflicto. Si la desesperación existe entre los israelíes, es una buena señal. Tal vez la desesperación ejerza presión sobre los dirigentes para crear una nueva situación

Sabe cuál es la diferencia entre un general y un poeta? El general cuenta el número de muertos entre el enemigo en el campo de batalla, mientras que el poeta cuenta cuántas personas han muerto en la batalla. No hay enemistad entre los muertos. Hay un enemigo: la muerte. La metáfora es clara. Los muertos de ambos lados no son enemigos.

DK. ¿Se puede producir una situación que le impulse a dedicarse a la política, como hizo Václav Havel, por ejemplo?

Darwix. Havel pudo haber sido un buen presidente, pero no se le conoce como un escritor excepcional. A mí se me da mucho mejor escribir poemas que la política.

DK. ¿Quiere anticiparnos lo que dirá en el recital poético?

Darwix. Quiero hablar de cómo me marché del Carmelo y cómo he regresado y me pregunto por qué me marché.

DK. ¿Se arrepiente de haberse marchado en 1970, cuando formando parte de una joven delegación comunista viajó a Egipto y nunca regresó?

Darwix. A veces el tiempo produce sabiduría. La historia me ha enseñado el significado de la ironía. Siempre me preguntaré: “¿Me arrepiento de haberme marchado en 1970?” He llegado a la conclusión de que la respuesta no es importante. Quizá la pregunta de por qué me marché del Monte Carmelo es más importante.

DK. ¿Por qué lo hizo?

Darwix. Para regresar 37 años después. Eso quiere decir que no me marché del Carmelo en 1970 ni regreso en 2007. Todo es una metáfora. Si en este momento estoy en Ramala y la próxima semana estoy en el Carmelo y recuerdo que no he estado allí desde hace casi 40 años, el círculo se cierra y todos esos largos años habrán sido una metáfora. Pero no asustemos a los lectores. No intento llevar a cabo el derecho al retorno.

DK. ¿Y si se diera una conjunción de los astros que hiciera posible su regreso a Galilea, a Haifa y a la familia?

Darwix. Usted fue testigo de mis fuertes emociones durante la primera visita, en 1996, después de una ausencia de 26 años. Iba a encontrarme con Emile Habibi para participar en una película sobre su vida. Hasta grité y deseé permanecer en Israel. Pero si me lo pregunta hoy, no estoy dispuesto a cambiar mi carné de identidad palestino por uno israelí. Lo relevante ahora es lo que he hecho durante estos años: escribo mejor, he progresado y he beneficiado a mi nación desde el punto de vista literario.

DK. Algunos han criticado que su lectura se produzca este mes, aprovechando la situación política y el asunto de Azmi Bishara.

Darwix. Nosotros estamos vivos, y no sé lo que está bien y lo que no. Todo nuestro tiempo y nuestra distribución del mismo está dislocado. Ésta no es mi primera visita. Estuve aquí en 1996 y leí una elegía en el funeral de Habibi; y también estuve en el 2000 y leí mis poemas en Nazaret, y estuve en un acto de una escuela a la que asistí en Kafr Yasif. No puedo tomar partido en las disputas entre partidos políticos. Soy un invitado de todo el público árabe de Israel y no diferencio entre el movimiento islámico, Hadash y Balad. Soy el poeta de todos ellos. No debo olvidar que hay muchos poetas que me odian y también hay odio entre los que se consideran poetas. La envidia es una emoción humana, pero cuando se convierte en odio, es otra cosa. Los hay que me consideran una amenaza literaria, pero yo los veo a ellos como niños que deben rebelarse contra su padre espiritual. Tienen derecho a matarme, pero que sea a un alto nivel, en un texto.

DK. ¿Mantiene relaciones con intelectuales judíos israelíes?

Darwix. Tengo contacto con el poeta Yitzhak Laor y con el historiador Amnon Raz-Krakotzkin. He leído menos en hebreo durante los últimos 20 años, pero me interesan algunos escritores israelíes.

DK. ¿Se siente halagado por el hecho de que hace siete años Yossi Sarid, que entonces era ministro de Educación, quisiera introducir sus poemas en la asignatura de Literatura, con el resultado de que algunos miembros de la derecha le amenazaron con disolver la coalición?

Darwix. Me da igual que en la asignatura de literatura se estudien o no mis poemas. Cuando me enteré de que iba a haber una moción de censura, me pregunté con ironía dónde estaba el orgullo israelí. ¿Cómo se puede derrocar a un Gobierno por un poeta palestino, cuando hay otras razones para hacerlo? Me da igual que los alumnos estudien o no mis poemas en las escuelas árabes porque los alumnos generalmente odian la literatura que les obligan a estudiar.

DK. ¿Dónde está su casa?

Darwix. Yo no tengo casa. Me he trasladado y he cambiado de casa tan a menudo que no tengo casa en el sentido profundo de la palabra. Mi casa es el lugar donde duermo, leo y escribo, y eso puedo hacerlo en cualquier parte. He vivido en más de veinte casas, y siempre me he dejado en ellas medicinas, libros y ropa. Yo huyo.

DK. En el archivo de Siham Daoud hay cartas, manuscritos y poemas que usted dejó en 1970.

Darwix. Yo no sabía que no iba a regresar. Pensé que intentaría no regresar. Yo no elegí la diáspora. Durante diez años tenía prohibido salir de Haifa, y durante tres de estos años estuve en arresto domiciliario. No siento especial nostalgia por ninguna casa. Al fin y al cabo, una casa no son sólo los objetos que uno ha acumulado. Una casa es un lugar y un ambiente. Yo no tengo casa.

Todo se parece: Ramala es como Ammán y como París. Tal vez porque he vencido a la nostalgia, no me conviene caer en ella nunca más, o tal vez las emociones me hayan abandonado. Puede que la razón haya vencido a la emoción y la ironía se haya intensificado. Ya no soy el mismo.

DK. ¿Es por eso por lo que nunca ha formado una familia?

Darwix. Mis amigos me recuerdan a veces que me he casado dos veces, pero yo en realidad no me acuerdo. No me arrepiento de no haber tenido un hijo. Quizás habría ido por mal camino. No sé por qué intuyo que no habría ido por buen camino. Pero lo que tengo claro es que no me arrepiento.

DK. Entonces ¿de qué se arrepiente?

Darwix. De que publiqué poemas siendo muy joven, y son poemas malos. Me arrepiento de haber causado daño con palabras a un amigo o haber sido grosero o brusco. Quizá no he sido fiel a ciertos recuerdos, pero no he cometido ningún crimen.

DK. ¿Le gusta su soledad?

Darwix. Mucho. Cuando tengo que acudir a una cena, siento que estoy sufriendo un castigo. En los últimos años me gusta estar solo. Acudo a los demás cuando los necesito. Tal vez sea un egoísta, pero tengo cinco o seis amigos. Son muchos. Tengo miles de conocidos, pero eso no ayuda.

DK. Entre sus primeros poemas que no considera buenos ¿incluye “A mi madre”?

Darwix. Escribí ese poema en la cárcel de Ma’asiyahu en 1963-64. Me invitaron a leer poesía en la Universidad Hebrea de Jerusalén —entonces yo vivía en Haifa— e hice una petición [para viajar, porque los árabes que vivían en Israel estaban bajo la ley marcial], pero no obtuve respuesta. Fui en tren. ¿Todavía existe ese tren? Al día siguiente me citaron en el puesto de policía de Nazaret y me condenaron a una sentencia de cuatro meses más otros dos en la cárcel de Ma’asiyahu. Allí fue donde, en un paquete amarillo de cigarrillos Ascot con el dibujo de un camello, escribí el poema que el compositor libanés Marcel Khalife convirtió en un himno nacional. Se considera mi poema más bello y lo leeré en Haifa.

DK. ¿Va a visitar el pueblo en el que nació, Birwa?

Darwix. No. Ahora es un kibutz llamado Yas’ur. Prefiero conservar el recuerdo de espacios abiertos, campos y sandías, olivos y almendros. Recuerdo el caballo que estaba atado en la morera, en el patio. Una vez lo monté, me tiró al suelo y mi madre me pegó. Ella siempre me pegaba porque creía que yo era un diablillo, pero no recuerdo haber sido tan malo.

Recuerdo las mariposas y la sensación de que todo era un espacio abierto. El pueblo estaba situado en una colina y todo se extendía abajo. Un día me despertaron diciendo que nos teníamos que marchar. Nadie habló de guerra o peligro. Fuimos andando —yo con mis tres hermanos— a Líbano. Uno de ellos era muy pequeño y no dejó de llorar durante todo el trayecto.

DK. ¿Su actividad de escritor le obliga a un ritual disciplinado o se ha vuelto más flexible con el paso del tiempo?

Darwix. No tengo obligaciones sino costumbres. Suelo escribir por la mañana, entre las 10 y las 12. Escribo a mano. No tengo ordenador y escribo solamente en casa, y cierro la puerta aunque esté solo, pero no desconecto los teléfonos. No escribo todos los días, pero me obligo a sentarme a la mesa todos los días. Tal vez exista la inspiración, no lo sé. No creo mucho en ella, pero si existe, hay que esperarla y estar preparado para recibirla. A veces, las mejores ideas surgen en sitios que no son muy bonitos: en el baño, en un avión, en un tren. En árabe decimos “De la pluma de”... Pero creo que ya no se escribe a mano. El talento reside en el asiento. Hay que saber sentarse. Si no sabes, no escribes. La disciplina es necesaria.

DK. ¿Por qué tengo la sensación de que no duerme bien?

Darwix. Duermo nueve horas por la noche y nunca padezco insomnio. Puedo dormir en cualquier sitio. Dicen que soy caprichoso. ¿Dónde dijeron eso de mí? En la prensa hebrea. Me consideran una especie de príncipe que está por encima de la gente. Pero no es así. No es cierto que sea antipático. Soy tímido, y algunos interpretan la timidez como antipatía.

DK. ¿El hecho de haber estado a punto de morir, al menos una vez en su vida, le hace temer la vejez y la traición del cuerpo?

Darwix. Me encontré con la muerte dos veces: una en 1984 y otra en 1998, cuando estuve clínicamente muerto y ya se estaban haciendo los preparativos para mi funeral. En 1984 sufrí un ataque cardíaco en Viena. Fue un sueño profundo y plácido en una nube blanca con una luz clara. No creía que estaba muerto. Floté hasta que sentí un fuerte dolor que significaba que había vuelto a la vida. Dijeron que había estado muerto durante dos minutos. En 1998 la muerte fue agresiva y violenta. No fue un sueño placentero. Tuve terribles pesadillas. No era la muerte sino una guerra dolorosa. La muerte en sí no produce dolor.

DK. ¿Cuál es su actitud hacia la muerte ahora?

Darwix. No estoy preparado para ella. No la estoy esperando. No me gusta esperar. Tengo un poema de amor sobre el sufrimiento de la anticipación. Ella, la amada, se retrasa en llegar. Entonces digo: quizá se ha ido a un sitio donde haga sol, tal vez haya ido de compras. Puede que se haya mirado en el espejo, se haya enamorado de sí misma y haya dicho: es una pena que alguien me toque, yo soy mía. Tal vez haya tenido un accidente y ahora esté en el hospital. Quizá haya llamado por la mañana, cuando yo no estaba porque había ido a comprar flores y una botella de vino. Tal vez haya muerto, porque a la muerte, como a mí, no le gusta esperar. A mí no me gusta esperar. A la muerte tampoco le gusta esperar.

Yo tengo un pacto con la muerte y está claro que todavía no estoy preparado para ella. Me quedan cosas por escribir y por hacer. Hay mucho trabajo y hay guerras por todas partes. Tú, muerte, no tienes nada que ver con la poesía que yo escribo, no es ninguna de tus tareas. Concertemos una cita. Dímelo por anticipado: me prepararé, me vestiré elegantemente y nos encontraremos en un café a la orilla del mar, beberemos un vaso de vino y luego me llevarás. No tengo miedo ni me preocupa la muerte. Estoy preparado para aceptarla cuando venga, pero que sea de forma rápida, que se termine todo de repente, no mediante cáncer, enfermedad del corazón o sida. Que no venga como un ladrón. Que me lleve de golpe.

DK. ¿Qué le produce intensa alegría?

Darwix. En Francia se dice que si después de los cincuenta no tienes ningún dolor es que estás muerto. Yo me siento feliz de despertarme cada mañana. De forma general, creo que la felicidad es una quimera. La felicidad es un momento. La felicidad es una mariposa. Yo me siento feliz cuando termino un trabajo.

DK. Da la sensación de que se muestra más conciliador que nunca.

Darwix. Puede sonar brusco, pero es la estética de la desesperación. Yo no tengo ilusiones. No espero muchas cosas. Por eso, si sucede algo bueno, me produce gran alegría. También poseo humor, junto con la desesperación. Soy un “pesoptimista” [alusión a la novela de ese título de Emile Habibi].

DK. ¿Echa de menos a Habibi?

Darwix. Los sitios se llenaban cuando Emile Habibi se hallaba presente. Era una fuerza de la naturaleza. Era risueño y tenía un humor especial. Creo que luchaba contra la desesperación mediante el humor. Al final fue vencido. Todos seremos vencidos, incluidos los victoriosos. Uno tiene que saber comportarse tanto en el momento de la victoria como en el momento de la derrota. Una sociedad que no conoce la derrota no es madura.

DK. Hace poco, ha terminado un nuevo libro, un diario personal, una fusión de prosa y poesía. ¿Ahora está satisfecho consigo mismo?

Darwix. En absoluto. Cuando los poetas jóvenes se acercan a mí y puedo aconsejarlos, les digo: “Un poeta que se sienta a escribir y no se siente como un cero no evolucionará ni ganará prestigio”. Yo siento que no he hecho nada. Eso es lo que me impulsa a mejorar mi escritura, estilo e imaginería. Siento que soy un cero, y eso significa que me quiero mucho. Tengo un amigo que sabe que no puedo soportar ver mi imagen en la televisión. Me dice que eso es narcisismo invertido. Eso es lo que me dice el muy tunante.

Haaretz Magazine, 12/07/2007

Fuente

7/7/08

Para mí, la poesía está ligada a la paz. Entrevista por Muriel Steinmetz

Tras largos años de exilio, Mahmud Darwix vive ahora en Ramala. En 1948 tenía seis años cuando el ejército israelí expulsó a su familia del pueblo de Birwa, donde nació. En 1950, volvió a su tierra, pero Birwa había desaparecido. En su lugar habían construido dos colonias israelíes. La historia del poeta se confunde con la de su pueblo, cuyo derecho al retorno, más que nunca, sigue siendo algo hipotético. Sin embargo, Mahmud Darwix afirma que «el poeta no tiene obligación alguna de ofrecer un programa político a su lector». Preconiza una lectura inocente de su obra, que está impregnada de un «lirismo épico», según las palabras del poeta griego Yannis Ritsos. La poesía de Darwix, cualesquiera que sean sus raíces, no se inscribe en un tiempo y un espacio dados, por muy candentes que sean. El exilio sigue siendo su verdadero sustrato, lo más cercano de una geografía concreta del mundo, bañada en más de una época histórica. Mahmud Darwix se define como un troyano y, con una leve sonrisa, reivindica el estatuto de víctima. ¿Acaso no es más noble cantar, aunque sea en la cárcel, en vez de ocuparse de oprimir y controlar al prójimo? Acaba de publicar Estado de sitio, testimonio escrito en caliente por un hombre aislado en el seno de su propia tierra, cercada por los tanques. Su larga y poética reflexión nació del tiempo libre impuesto a este heraldo de un pueblo también situado bajo estrecha vigilancia. Desde su ventana escruta las calles de Ramala, escribe la crónica de las horas y los días. De visita en Francia, ha accedido a responder a nuestras preguntas, traducidas por Faruk Mardam-Bey, su editor en Actes Sud.

MS. Una recopilación de entrevistas con usted llevaba por título Palestina como metáfora. ¿De qué es una metáfora Palestina?

Darwix. Fue mi editor quien escogió el título. Esa metáfora permite decir cosas sobre la poesía: la relación del ser humano con su historia, con su existencia, con la naturaleza, consigo mismo, así como su lucha por las libertades individuales y colectivas. Para mí, Palestina es sólo un espacio geográfico delimitado. Remite a la búsqueda de la justicia, de la libertad, de la independencia, pero también a un lugar de pluralidad cultural y de coexistencia. La diferencia entre lo que yo defiendo y la mentalidad oficial israelí —incluso diría la mentalidad dominante hoy en Israel— es que esta última conduce a una concepción exclusivista de Palestina, mientras que, para nosotros, se trata de un lugar plural, ya que aceptamos la idea de una pluralidad cultural, histórica y religiosa en Palestina. Este país la heredó. Nunca fue unidimensional ni perteneció a un solo pueblo. En mi escritura, me confieso hijo de varias culturas sucesivas. Hay lugar para las voces judía, griega, cristiana y musulmana. La visión opuesta concentra toda la historia de Palestina en su periodo judío. No tengo derecho alguno a criticar la concepción que ellos tienen de sí mismos. Pueden definir su identidad como deseen. El problema es que esa concepción de la identidad significa la negación de la del otro. Eso nos impide vivir libres e independientes. Consideran que no tenemos ningún derecho sobre esta tierra, en la medida en que la aprehenden como tierra bíblica y juzgan que, desde hace dos mil años, está a la espera del «regreso» de quienes la habitaron antaño. Hay, pues, una tentativa permanente de monopolización de la tierra, de la memoria, incluso de Dios. Por eso, la lucha se sitúa hoy en diversos ámbitos. Los gobernantes israelíes tratan de aplicar su concepción del pasado sobre una realidad que no les abona en absoluto. A veces, provoco a un soldado en el puesto de control. Le digo: «Si queréis la tierra santa tal como está escrita en la Torá, quedaos con ella y dadnos la tierra que no es sagrada, es decir, todo el litoral palestino. No hay historia bíblica sobre este litoral». Si la referencia es religiosa, hablemos de este intercambio entre el litoral y el interior, pero si es jurídica, si depende del derecho internacional, volvamos a las resoluciones de la ONU.

MS. ¿Qué lugar ocupa hoy la poesía de lengua árabe y, en particular, su propia poesía en la literatura árabe?

Darwix. Los países europeos y Estados Unidos creen que la poesía de lengua árabe ocupa el lugar de honor en la cultura árabe, como sucedió durante tres siglos. Se habla de la crisis de la poesía en Occidente, de la decadencia de su masa de lectores. La misma crisis existe entre nosotros. La relación entre la poesía y los lectores se ha vuelto problemática, quizá debido a que la poesía árabe se ha adentrado en formas experimentales, que la han aislado del gran público. Establece una distancia entre el texto y la realidad y se priva de la riqueza de las cadencias de la métrica árabe. Hay también una razón de orden cultural. La poesía no es el primer género literario entre los árabes. La novela ha tomado el relevo. Eso es algo positivo. Yo añadiría que vivimos una crisis de identidad cultural y política. Los árabes retroceden en numerosos planos. Tenemos el sentimiento de no participar en el curso de la historia. Por ejemplo, se oye hablar de un gran Oriente Próximo. Pero los estadounidenses, iniciadores de dicho proyecto, consideran que los árabes ni siquiera merecen ser consultados. En la medida en que las fronteras de los países árabes fueron fijadas por extranjeros, estos mismos extranjeros pueden modificarlas a su antojo. Los árabes no participan en la definición de su destino. ¿Qué quiere que haga la poesía en tales condiciones? ¿Hablar de la edad de oro? ¿Adorar el pasado? La verdadera poesía árabe es una poesía crítica de la realidad árabe.

MS. Perdone que le haga esta pregunta un poco brutal, pero ¿puede la poesía, en su sentido más elevado, tal como usted la practica hoy, constituir la alternativa a la religión?

Darwix. William Blake decía que la imaginación es una nueva religión. Todo el movimiento romántico busca sustituir la inspiración poética por la inspiración religiosa y profética. Yo creo que la religión y la poesía nacieron de la misma fuente, pero la poesía no es monoteísta. Tal como dijo Heidegger, nombra a los dioses. La poesía está en rebelión permanente contra sí misma. No cesa de modificarse. La religión es estable, fija, permanente. Sin embargo, la búsqueda de lo desconocido es común a ambas. La poesía tiende hacia lo invisible, sin encontrar solución. La religión encuentra una, de una vez por todas. ¿Acaso el gran problema del marxismo no fue que en cierto momento se convirtió en una religión?

MS. ¿Es hoy compatible la poesía con la religión bajo su forma más reivindicativa y violenta?

Darwix. El integrismo impide que florezca la poesía. Su maniqueísmo sin apelación no conviene en absoluto a la poesía. El integrismo tiene respuestas totalmente preparadas. Es poeta quien duda y acepta al otro. Para mí, la poesía está ligada a la paz. Está en perpetua adoración ante la belleza de las cosas y, desde luego, ante la belleza femenina. El integrismo aísla a la mujer y la esconde. A la poesía le gusta el vino; el integrismo lo prohíbe. La poesía sacraliza los placeres en la tierra. El integrismo se les opone ferozmente. La poesía libera los sentidos. El integrismo los reprime. La poesía humaniza a los profetas. Por eso la cultura engendrada por el integrismo religioso es antipoética por excelencia. El integrismo puede llegar a suprimir todo lo que sea contrario a su concepción del mundo. En sus formas más extremas, representa un peligro mortal para la poesía y los poetas. Durante los siglos IX, X y XI —la edad de oro de la poesía árabe— el Estado fue bastante tolerante, abierto a todas las culturas. Hubo, en particular, una bellísima poesía erótica y báquica. El fundamentalismo musulmán es en sí mismo una reacción al fundamentalismo y al integrismo estadounidense e israelí. El despotismo universal de Estados Unidos, tal como se despliega hoy en día, está legitimando el integrismo musulmán. Cuando los estadounidenses hablan del terrorismo como algo inherente al islam, empujan a los musulmanes hacia ciertos extremos. La lucha actual, que se nos presenta como una lucha entre civilizaciones, no es más que una lucha entre integrismos. No es una guerra de civilizaciones, sino una guerra entre diferentes barbaries.

MS. Nos sorprende la reflexión de Ritsos, que calificó su poesía de «lirismo épico». ¿Cree que eso lo define a usted todavía hoy, teniendo en cuenta que en Occidente la epopeya es una forma que desapareció hace siglos, mientras que el lirismo parece considerablemente en retirada?

Darwix. La poesía épica, en el sentido tradicional del término, desapareció hace tiempo. Tal como demostró Hegel, estuvo vinculada a las antiguas civilizaciones. El lirismo es intemporal, porque existe siempre una pluralidad de «yoes». Este tipo de poesía expresa detalles, partes del alma de un pueblo. Se centra en los individuos que lo componen, más que en el pueblo entero. Desde luego, estos conceptos no tienen base alguna en la poesía árabe. Provienen de las lenguas occidentales. En Occidente, se dice que el lirismo es lo que no es ni épico ni dramático en sentido teatral. Por el contrario, nuestra poesía árabe es lírica desde su origen, pero según diversas corrientes. Las formas son múltiples en ella. Cuando Ritsos define mi poesía como un «lirismo épico» se refiere a la arquitectura del poema y a la multiplicidad de las voces en su seno. Mi voz no es la única, pues hay otras que expresan al grupo. Mi poesía no se sitúa en un espacio limitado y personal, sino en un espacio amplio, en el plano histórico y geográfico. De ahí que algunos de sus rasgos recuerden la épica. El lirismo de estos poemas no es ni muy personal ni individual, es un lirismo colectivo. Se trata de una poesía que no es totalmente lírica ni totalmente épica. El lirismo también está en retirada en el mundo árabe. Los jóvenes poetas, un poco perdidos, no dominan los conceptos. A menudo confunden lirismo y romanticismo.

MS. ¿Puede la poesía ayudar a que un pueblo conserve su identidad, incluso en las peores dificultades de supervivencia?

Darwix. No creo que la poesía tenga un papel evidente en la lucha nacional. Su influencia no es inmediata. Constituye un viaje permanente entre culturas, tiempos y espacios. En ese sentido, yo no creo en una poesía nacional. Dado que el poeta es el hijo de una época y de una lengua, contribuye sin duda a dar forma a la identidad nacional de un pueblo al desempeñar un papel de orden cultural, pero no tiene por qué incitar a nada. En los años cincuenta, sin duda, en el mundo árabe y en el mundo entero –pienso en toda la poesía comprometida, en particular, entre ustedes los franceses, en Louis Aragon–, el poeta tuvo un papel político directo. El mundo era un poco menos complejo que hoy en día. En nuestro caso, la ocupación israelí es una larga ocupación, a diferencia de la alemana en Francia. ¿Qué artista puede representar sin interrupción el papel de poeta de circunstancias, de poeta comprometido, en el sentido antiguo del término? Si pretende representar ese papel, la Ocupación habrá conseguido matar también la poesía.

Traducción de Manuel Talens

L’Humanité, 15/04/2004

Fuente

28/6/08

La poesía palestina no debe someterse al estado de excepción. Entrevista por Luz Gómez García

Mahmud Darwix, poeta palestino, nació en 1941 en Birwa, pequeña población de Galilea arrasada por el ejército israelí en 1948. Considerado uno de los mayores poetas árabes vivos, su obra y su vida han estado sometidas a parejas vicisitudes que las del pueblo palestino: exilio interior en Israel y exilio en Egipto, Líbano y Francia. Vinculado durante años a la dirección de la OLP, ahora vive en Ammán, retirado a un segundo plano político. La gloria le ha perseguido desde muy joven: hace unos meses, 10.000 personas se congregaron para escucharle en Beirut, y sus presuntos nuevos poemas circulan vía Internet.

LGG. Un verso suyo dice “lo que a la gente le sirve está en las palabras del poema”. En Europa, con la decadencia que vive la poesía como género de lectura, esta declaración puede sonar en exceso entusiasta.

Darwix. Me refería a mí mismo, a lo que es posible vivir, en el sentido de que las palabras del poema son el suelo del significado. Yo no defiendo una función inmediata, práctica, de la poesía, sino que su función es metafórica, no concreta y evidente.
Es cierto que la poesía sufre cierto retroceso en su relación con el lector, en Europa y fuera de ella. Es fruto de nuestra época: las rapidísimas transformaciones sociales, los medios de comunicación, la preponderancia de una lengua de consumo y la prisa que caracteriza al modo de vida moderno han abierto un abismo entre el lector y la poesía, y ésta se inclina cada vez más al aislamiento, alejándose de las preocupaciones comunes al ser humano y sumergiéndose en su yo cerrado y en el experimentalismo formal. Aunque tampoco es un fenómeno generalizable, porque en algunos países, como los árabes, la poesía sigue disfrutando de un lugar privilegiado, ha conservado una estrecha relación con el lector, que encuentra en ella un eco de sus propias dudas existenciales, lo cual hace de la poesía parte de su vida corriente, de su formación intelectual y de sus señas de identidad.

LGG. Entre los poetas árabes, usted destaca por su acusada conciencia de la función del poeta. ¿Ha influido en ello el peso que durante muchos años ha recaído sobre sus espaldas, y posiblemente aún recae, de ser a ojos de muchos el poeta nacional palestino, algo análogo a lo que a Seamus Heaney le ha ocurrido respecto al problema irlandés?

Darwix. No sé hasta qué punto semejante consideración libera del aislamiento o es una cadena más. En mi caso, se han borrado los límites entre lo personal y lo colectivo. Los referentes de mi lenguaje poético apuntan hacia la experiencia del ser humano en su totalidad, hacia los lugares compartidos. Pero yo sé muy bien que la misión del poeta es ante todo poética: ha de proteger a la lengua del avasallamiento de una actualidad siempre de paso, y renovar su vida continuamente, sin que esto contradiga la necesidad de que el poeta forme parte de una comunidad y sea testigo de su época. Porque el mundo se mueve en el poema, pero el poema no cambia el mundo o las cosas a menos que cambie su propia concepción estética. Y eso es un proceso muy lento. Nosotros amamos la poesía porque dice, en último término, lo que nos gustaría decir sobre nuestra relación con la existencia, nuestro amor a la vida, a la libertad y a la belleza. Me asusta su apreciación de que yo hablo en nombre de mi pueblo, porque me dan miedo las lecturas reductoras de mi poesía; quiero decir, me asusta que a cada símbolo se le ponga un referente nacional predeterminado: que la mujer sea la patria y la rosa la herida. Es verdad que uno no nace sino en un lugar, pero ese lugar forma parte de una existencia humana más amplia, y en él hay sitio para preguntarse por la poesía, por la patria y por la existencia.

LGG. ¿Puede un poeta palestino escribir sin que los conceptos de pueblo y Estado graviten directamente sobre su conciencia? Buena parte de la poesía palestina de las últimas décadas da muestras de que no.

Darwix. No es fácil, pero un poeta verdadero, al escribir, debe hallarse libre de cualquier condicionamiento, incluida la conciencia de su papel, de manera que pueda moverse inevitable y automáticamente hacia la poesía. Pero esta no-conciencia no se sustenta en la nada, sino que hay un medio cultural y personal que la constriñe, y un pensamiento que conduce al poema, igual que el poema nos devuelve al pensamiento por otros derroteros. Digo esto para situar al poeta palestino dentro de un marco general, para no hacerle siempre esclavo de sus circunstancias particulares. Soy especialmente susceptible a esa especificidad cuyo objetivo no es otro que encarcelar al poeta en una tipología opresiva que parece no acabar nunca. Porque al margen de sus condiciones nacionales, el pueblo palestino tiene su propia vida, constituida por las vidas de individuos que tienen sus dudas existenciales y metafísicas, como todos, y sus preocupaciones estéticas. En otras palabras: no quiero que la poesía palestina esté sometida a las exigencias del estado de excepción. ¿Es esto posible? Es una aspiración enormemente difícil y compleja. Y forma parte de nuestra búsqueda de una vida normal en circunstancias totalmente anormales.

LGG. ¿Qué papel cumple en su obra El fénix mortal?

Darwix. No me fío mucho de lo que los poetas afirman de su poesía… Aun así, diría que éste es el libro que más se cerca a mí mismo, porque contiene rasgos autobiográficos de doble signo: históricos y literarios; en él he sintetizado mi infancia y mi experiencia poética, mi trayectoria estilística y rítmica, para que cristalizaran en un canto épico.

LGG. Usted es un experimentador constante de las posibilidades rítmicas y melódicas de la lengua árabe. ¿Hasta qué punto eso obedece a una inmersión en la propia tradición o a un conocimiento de tradiciones ajenas?

Darwix. Quizá yo sea uno de los poetas contemporáneos más fieles al concepto de ritmo árabe, pues no concibo una verdadera modernidad poética que rompa con los valores estéticos y la riqueza rítmica de nuestra lengua. En la tradición árabe se pueden hallar enormes posibilidades de desarrollo de un modelo rítmico moderno, que dé respuesta al tono de la vida actual, que se abra, por ejemplo, a la poeticidad de la prosa, como ha hecho la poesía moderna occidental.

LGG. El uso de la mitología es muy variado en El fénix mortal. ¿Con qué fin entabla este diálogo con el pasado?

Darwix. La poesía siempre tiende a recordar el pasado, a buscar su incógnita primera. Es así como alcanza lo más lejano. Casi me atrevería a decir que el futuro de la poesía pasa por dejar expedito el camino del pasado, pues el presente huye arrasándolo todo. En cuanto a mí mismo, puede que aúne la lucha por mi derecho a tener un lugar y un futuro con la lucha por la legitimidad de mi existencia en el pasado de este lugar, Palestina. Porque la teoría sionista del otro pretende monopolizar Palestina y su pasado vaciando el tiempo de carga histórica, en el sentido de que la realidad actual de la existencia de Israel pretende ser la extensión natural de la presencia histórica judía en Palestina, que, en su discurso ideológico, ha estado al margen del individuo y de la historia a lo largo de tres mil años. De tal manera que es la presencia árabe en Palestina la que se convierte en ocupación. Pero yo, que no he nacido en otro lugar, ni tengo otra infancia fuera de Palestina, me considero producto de las muchas civilizaciones de las que ha sido testigo esta tierra, desde los cananeos hasta hoy. Por eso, cuando escribí una especie de autobiografía en El fénix mortal, intentando relatar mi viaje constitutivo, recurrí a los mitos de esta tierra partiendo de su realidad histórica, tanto para proteger mi propia realidad de lo mitológico como para conquistar la realidad y la mitología, para ser parte de la historia y dejar constancia de qué ha hecho la historia de mí.

LGG. Usted ha dialogado con la tradición cultural judía, de hecho es un buen conocedor de la lengua hebrea, ¿qué es lo más le ha atraído de esa tradición?

Darwix. La fuerza de la Torá es la fuerza de la escritura literaria; no es un texto histórico, y en Israel los historiadores ya están empezando a cuestionarse la validez del uso de este texto como fuente para el estudio de la historia de Palestina. De esta gran obra me atraen las dudas existenciales que expresa la figura de Job, el Salomón del Eclesiastés y la musicalidad pastoril de El cantar de los cantares.

LGG. ¿Cree que un movimiento análogo de apertura a la tradición árabe literaria se ha producido en Israel?

Darwix. No soy ningún experto en literatura hebrea, pero es bien sabido que los escritores israelíes de cultura árabe, los sefardíes, no ocupan un lugar destacado en el panorama literario israelí. Los grandes escritores son de origen askenazi, y no parece que tengan el menor interés por la cultura árabe que les rodea, ni saben árabe.

LGG. Usted ve a Palestina como una metáfora del destino humano... Hace poco David Grossman afirmaba en este mismo periódico que Israel no es un Estado como los demás, que parece más un símbolo que otra cosa, y que eso le impide actuar como un Estado verdadero y llegar, por añadidura, a un acuerdo digno con Palestina. ¿No son demasiadas metáforas?

Darwix. La poesía no es posible sin metáforas, y la metáfora es el significado del significado. Pero hacer de la política una metáfora es querer matar el significado. Ver el Estado de Israel como un símbolo (no sé de qué, la verdad) es intentar liberarle de su responsabilidad como Estado y de su sometimiento a la legalidad internacional.

El País, 2/12/00