24/12/09

Mahmud Darwix en el Muro (Belén)

Litografía realizada por Ernest Pignon Ernest a partir de un proyecto iconográfico concebido por Elias Sanbar.
Fotografía de Juan Miguel Muñoz.

20/12/09

Quien escribe una cosa la posee

Las letras blancas sobre el encerado negro tienen la solemnidad de un amanecer en el campo. E igual que se vertía poco a poco el agua en los jarros, ibas absorbiendo la escritura de las vocales y su pronunciación, torturando la garganta para someterla al signo, supeditando la laringe al ojo.

Cada vez que una letra se unía a otra, un no sentido a otro no sentido, la misteriosa forma se trasmutaba en una voz nítida, y el lento clarear abría el cauce a un significado y su imagen, de manera que unas pocas letras se convertían en ‘puerta’ o ‘casa’. Así construyen unas letras insignificantes, sin valor alguno por separado, una casa si se unen.

¡Oh la lengua! ¡Qué magia! El mundo iba naciendo de las palabras. La escuela se convertía en el sitio para jugar con la imaginación... Trotabas a la escuela encantado, como si te hubieran prometido un regalo sorpresa, ibas no sólo a aprender la lección, sino, sobre todo, a afianzarte en el poder de dar nombre a las cosas. Todo lo lejano se acercaba. Y todo lo cerrado se abría. Si no te equivocabas al escribir la palabra ‘río’, el río corría por tu cuaderno. Hasta el cielo se convertía en parte de tus posesiones si no te confundías en el dictado.

Todo lo que estaba al alcance de tus pequeñas manos era suyo si lo ponías por escrito sin cometer faltas. Quien escribe una cosa la posee. Aspirarás el olor de la rosa (وردة) en la ta marbuta (ة) que se abre como un capullo. Y saborearás una mora (توت) de dos maneras: en la ta unida (تـــ) y en la ta aislada (ت) con forma de palma de la mano.

Mahmud Darwix: En presencia de la ausencia (Fi hadrat al-giyab, Beirut, Riad El-Rayyes, 2006)

Traducción de Luz Gómez García Mahmud Darwish

7/12/09

La grandeza de Yasir Arafat, por Gilles Deleuze

Gilles Deleuze escribió este texto en 1983, un año después de la salida de la OLP de Beirut y de la matanza de Sabra y Chatila. Su análisis clarividente de la encrucijada en que se hallaba entonces la OLP y la denuncia de la continuidad del proyecto sionista de colonización de Palestina continúan siendo hoy, más de veinticinco años después, igual de actuales. Hoy, como entonces, la alternativa al exterminio del pueblo palestino reside en una Autoridad Nacional fuerte y cohesionada que haga frente a la sistemática política israelí de sabotear cualquier posibilidad de solución del conflicto.

La causa palestina es ante todo el conjunto de las injusticias que este pueblo ha padecido y sigue padeciendo. Estas injusticias son los actos de violencia pero también las sinrazones, los falsos razonamientos, las falsas garantías con que se les pretende compensar y justificar. Arafat no ha usado más que una palabra para hablar de las promesas incumplidas, de los compromisos violados, tras las masacres de Sabra y Chatila: shame, shame.

Se dice que no es un genocidio. Sin embargo, es una historia que, desde el principio, tiene mucho de Oradour.* El terrorismo sionista no se dirigía únicamente contra los ingleses, sino contra los pueblos árabes que tenían que desaparecer; el Irgún fue muy activo en este sentido (Deir Yassine).** En todos los casos se trata de hacer como si el pueblo palestino no solamente no debiera existir, sino que no hubiera existido nunca.

Los conquistadores eran quienes habían padecido ellos mismos el mayor genocidio de la historia. Los sionistas hicieron de este genocidio un mal absoluto. Pero transformar el mayor genocidio de la historia en mal absoluto es una visión religiosa y mística, no una visión histórica. Esta visión no detiene el mal; al contrario, lo propaga, lo hace recaer sobre otros inocentes, exige una reparación que hace sufrir a otros una parte de lo que los judíos han sufrido (expulsión, asilamiento en el gueto, desaparición como pueblo). Con medios más “fríos” que los del genocidio, se trata de llegar al mismo resultado.

Los EE.UU. y Europa les debían a los judíos una reparación. Y esta reparación se la hicieron pagar a un pueblo del cual lo menos que puede decirse es que no tenía nada que ver con ella, que era singularmente inocente de todo holocausto y que ni siquiera había oído hablar de él. El sionismo, y después el Estado de Israel, exigieron a los palestinos reconocimiento jurídico. Pero él mismo, el Estado de Israel, no ha dejado de negar el hecho mismo de la existencia del pueblo palestino. Nunca se habla de palestinos, sino de árabes de Palestina, como si hubiesen estado allí por casualidad o por error. Luego se hará como si los palestinos expulsados viniesen de otro lugar, nunca se mencionará la primera guerra de resistencia que llevaron a cabo completamente solos. Se hará de ellos los descendientes de Hitler, puesto que no reconocen a Israel su derecho. Pero Israel se reserva el derecho de negar su existencia de hecho. Aquí comienza una ficción que cada vez se extenderá más, y que pesará sobre todos los defensores de la causa palestina. Esta ficción, que es una apuesta de Israel, consistía en hacer pasar por antisemitas a cuantos pusieran objeciones a los hechos y a las acciones del Estado sionista. La fuente de esta operación fue la fría política de Israel con respecto a los palestinos.

Desde el comienzo, Israel no ha ocultado su propósito: vaciar el territorio palestino. Aún más: hacer como si el territorio palestino estuviera vacío, destinado desde siempre a los sionistas. Se trataba de una colonización, pero no en el sentido europeo del siglo XIX: no se quería explotar a los nativos, se les quería expulsar. Quienes se resistieran a ello no se convertirían en una mano de obra dependiente del territorio, sino en una mano de obra volante y desarraigada, como si se tratase de inmigrantes reunidos en un gueto. Desde el principio se trató de ocupar las tierras como si estuviesen desiertas o pudiesen vaciarse. Es un genocidio, pero el exterminio físico está subordinado en este caso a la evacuación geográfica: al no ser más que árabes en general, los palestinos supervivientes deben fundirse con el resto de los árabes. El exterminio físico, aunque se confíe a mercenarios, no deja de estar presente. Pero se alega que no es un genocidio, ya que no se trata de la “solución final”: en efecto, es un medio entre otros. La complicidad de los EE.UU. con Israel no procede únicamente del poder de un lobby sionista. Elias Sanbar ha mostrado perfectamente que los EE.UU. han encontrado en Israel un aspecto de su historia: el exterminio de los indios que, también en este caso, sólo en parte fue directamente físico. Se trataba de vaciar, de hacer como si nunca hubiese habido indios más que en guetos, lo que hacía de ellos otros inmigrantes interiores más. En muchos aspectos, los palestinos son los nuevos indios, los indios de Israel. El análisis marxista indica estos dos movimientos complementarios del capitalismo: imponerse constantemente límites en cuyo interior despliega y explota su propio sistema; desplazar cada vez más lejos estos límites, rebasarlos para volver a emprender a mayor escala o con mayor intensidad su propia fundación. Desplazar los límites: ésta fue la acción del capitalismo americano, del sueño americano, que ha sido recuperado por Israel y por el sueño del Gran Israel en territorio árabe y a costa de los árabes.

¿Cómo ha podido el pueblo palestino resistir, cómo resiste aún? ¿Cómo ha pasado de ser una sociedad de linajes a convertirse en una nación armada? ¿Cómo se ha dado a sí mismo un organismo que no simplemente le representa sino que lo encarna, aún sin territorio y sin Estado? Hacía falta un personaje histórico que, desde el punto de vista occidental, se diría salido de Shakespeare, y ése fue Arafat. No es la primera vez en la historia (los franceses pueden pensar en la Francia libre, con la diferencia de que al principio contaba con menos base popular). Y lo que tampoco ha ocurrido por primera vez en la historia es que en cada ocasión en que ha sido posible una solución o un elemento para la solución los israelíes la han destruido deliberada y sistemáticamente. Apelaban a su posición religiosa para negar, no ya el derecho, sino incluso el hecho palestino. Se desentendían de su propio terrorismo tratando a los palestinos como terroristas llegados del exterior. Y, precisamente porque los palestinos no eran tal cosa, sino un pueblo específico, tan diferente del resto de los árabes como pueden serlo entre sí los pueblos de Europa, no podían esperar de los propios Estados árabes más que una ayuda ambigua, que a veces se convertía en hostilidad y exterminio, cuando el modelo palestino se volvía peligroso para ellos. Los palestinos han recorrido todos los círculos infernales de la historia: el abandono de las soluciones cada vez que eran posibles, las peores inversiones de las alianzas en las que habían puesto su confianza, el incumplimiento de las promesas más solemnes... Y su resistencia ha tenido que alimentarse de todo ello.

Puede que uno de los objetivos de las masacres de Sabra y Chatila haya sido el de desprestigiar a Arafat. No había dado su consentimiento a la partida de los combatientes, cuya fuerza seguía intacta, más que a cambio de que la seguridad de sus familias quedase absolutamente garantizada por los EE.UU. e incluso por Israel. Después de las masacres, no quedaba más palabra que “shame”. Si la crisis de la OLP que se va a producir tuviera como resultado a plazo medio, ya fuera la integración en un Estado árabe, ya la disolución en el integrismo musulmán, entonces podría decirse que el pueblo palestino ha desaparecido efectivamente. Pero ello ocurriría con tales condiciones que el mundo, los EE.UU. y hasta Israel no dejarían de lamentar las ocasiones perdidas, incluyendo las que aún son posibles en este momento. A la fórmula orgullosa de Israel (“Nosotros no somos un pueblo como los demás”) ha respondido siempre el grito palestino, invocado en el primer número de la Revue d’études palestiniennes: somos un pueblo como los demás, no queremos ser otra cosa...

Al emprender la guerra terrorista del Líbano, Israel ha intentado suprimir a la OLP y privar al pueblo palestino de su soporte, tras haberle privado de su tierra. Y puede que lo haya conseguido, porque en la Trípoli sitiada sólo quedaba la presencia física de Arafat entre los suyos, todos sumidos en una especie de grandeza solitaria. Pero el pueblo palestino no perderá su identidad más que provocando en su lugar un doble terrorismo, de Estado y de religión, que se beneficiará de su desaparición y que hará imposible todo acuerdo de paz con Israel. De la guerra del Líbano Israel no saldrá sólo moralmente desunido y económicamente desorganizado, sino que se enfrentará a la imagen invertida de su propia intolerancia. Una solución política, un compromiso pacífico sólo es posible con una OLP independiente, que no haya desaparecido en uno de los Estados existentes y que no se disuelva en los distintos movimientos islámicos. La desaparición de la OLP sólo sería una victoria de las fuerzas ciegas de la guerra, indiferentes a la supervivencia del pueblo palestino.

* Oradour es una pequeña localidad francesa en la cual, durante la ocupación alemana, el cuarto regimiento de granaderos del Führer, que invadió por sorpresa el pueblo, masacró a la práctica totalidad de la población indefensa: casi doscientos varones, más de doscientos niños y unas doscientas cuarenta mujeres.
** Brazo armado del movimiento extremista fundado por Vladimir Jabotinsky (también fundador del Likud). El Irgún, dirigido luego por Menahem Beguin, desarrollaba acciones tanto contra el movimiento nacional árabe palestino como contra la administración británica. En concreto, es responsable de la matanza de un pueblo palestino de los arrabales de Jerusalén (Deir Yassine) en 1948 y del atentado contra el hotel King David, que entonces era la sede del Mandato Británico en Jerusalén.

Revue d’études palestiniennes, nº 10, invierno de 1984 (el texto está fechado en septiembre de 1983).

Texto recogido en: Gilles Deleuze, Dos regímenes de locos. Textos y entrevistas (1975-1995), traducción de José Luis Pardo, Valencia, Pre-Textos, 2007.

1/12/09

El Tristón

Nunca te he preguntado, y eso que te he visto crecer, qué hacía que perdieras el conocimiento cada vez que te hacías una herida. ¿Era por llamar la atención o para que el dolor se acostumbrara al olor de la cebolla?

Te llamaron “el Tristón’’ y tú apodaste “Tristón’’ al gorrión. Los dos erais igual de inquietos, pero él, al contrario que tú, era precavido. Te gustaba su gran habilidad para escabullirse de los cazadores, y eso que su único nido era la astucia. Te gustaba su color, que se confundía entre el trigo y la luz, la agilidad con que, de un solo aleteo, echaba a volar alto o bajo, y cómo andaba camuflado entre la gente, tan tranquilo, como un soplón que se ha escurrido de quien le iba a echar el guante.

Te llamaban “el Tristón’’ porque igual llorabas de alegría que de pena —nadie puede explicar que la caña por el viento se transforme en flauta. ¿Qué dice la flauta? ¿Lleva en su llevar el desvarío del viento? ¿O traduce la alegría de los pastores porque ha nacido otro cordero, o su miedo a la manada de lobos que acecha al rebaño? La flauta te va transportando cada vez más lejos, y lloras como quien presiente la tragedia. En el horizonte no hay nubarrones negros /

Entonces, ¿por qué lloras si la muerte queda lejos? / El corral de tu casa queda alto / Alta la azotea / Alto el sauce / ¿Por qué lloras si brilla nítida la Vía Láctea / y la noche te alumbra de la punta del pelo a los pies? / Obedeces a la flauta y bailas y bailas / Ningún lobo aúlla en la noche a una luna amarilla como el limón / Ningún fantasma se asoma entre los troncos de los olivos para asesinar a tu padre / ¿Por qué lloras? / ¿Es por el miedo a ser feliz?, te pregunté / Aunque entiendo que el aire de la noche en un monte agujereado por la flauta rezume lágrimas que llamamos rocío / Mañana te convertirás en flauta mágica / dije / Pero no me oías / Aún no era lo bastante grande tu herida / No me hagas ser eco que te busca en este valle / No me oías /

Mahmud Darwix: En presencia de la ausencia (Fi hadrat al-giyab, Beirut, Riad El-Rayyes, 2006)

Traducción de Luz Gómez García Mahmud Darwish

17/11/09

The Astounding Eyes of Rita, por Anouar Brahem

Acaba de aparecer el disco The Astounding Eyes of Rita (ECM), del músico de jazz y laudista tunecino Anouar Brahem (n. 1957). Es un álbum dedicado a la memoria de Mahmud Darwix, con temas como el epónimo y “Al Birwa”, en el que se rememora la aldea galilea en que nació Darwix en 1941, arrasada por las fuerzas de ocupación judías en junio de 1948 y reemplazada por un kibutz.

Para escuchar algo, pínchese aquí. Mahmud Darwish

11/11/09

Cinco años sin Arafat, por Luz Gómez García

Hoy se cumplen cinco años de la muerte de Yasir Arafat. Las causas siguen envueltas en la bruma. Los tres últimos años los pasó Arafat en la Muqata, sitiado por las tropas israelíes. Los que convivieron con él sostienen, cada vez con más énfasis, que fue envenenado (Bassam Abu Sharif, Arafat and the dream of Palestine, Palgrave Macmillan, 2009).

Su legado no ofrece tantas dudas. El mayor triunfo de Arafat fue lingüístico. Como dijo de él el poeta Mahmud Darwix, restituyó un gentilicio al mundo: “palestino”, que se había intentado borrar en beneficio del mito sionista de la tierra vacía, según el cual la tierra “bíblica” aguardaba deshabitada a judíos nacionales de decenas de países. Pero aquello no era la tierra bíblica. Y lo que se creó en ella no fue un reino bíblico, sino un Estado étnico-confesional de ingeniería poscolonial. Tan confesional, una vez salvados los subterfugios, como muchos de sus Estados vecinos.

En vida de Arafat, los enemigos de Palestina juzgaban que la raíz del mal era Arafat. Luego, les pareció mejor su versión ridícula, Abbas. Últimamente el mal ha sido Hamás. Si un logro le ha cabido a la lucha palestina desde 1948 es que Israel no haya podido fabricarse un enemigo-pelele a su gusto. Arafat no quiso serlo. A Abbas, que ha estado más dispuesto, la presión de la calle se lo ha impedido. Israel, que hizo la vista gorda cuando se creó Hamás en 1987, se hizo ilusiones de que esta organización lo sería, pero el tiro le salió por la culata: los islamistas han llenado el espacio que ha dejado el descuartizamiento del movimiento nacional palestino, democrático y secular. Éste, congregado en la OLP, ha visto cómo embarrancaba su proyecto de paz, formulado, tras no pocas disputas internas, en términos de dos Estados soberanos: Israel y Palestina.

La legitimidad de la Autoridad Nacional Palestina se halla hoy en su punto más bajo. En los años finales de Arafat, tras la explosión de la Segunda Intifada en 2000, las encuestas daban un empate entre Fatah y Hamás, pero el 50%, la mayoría, no prefería a ninguno. Este ten con ten se esfumó a la muerte de Arafat. Fatah no supo mantener la llama. Desvanecida el aura, los palestinos optaron por una solución radical y novedosa, y votaron en masa a Hamás. Desde entonces, se ha venido consumando el mayor miedo del movimiento nacional palestino: la desunión y el enfrentamiento civil, que el liderazgo de Arafat había conjurado desde finales de los ochenta.

La invasión israelí de Gaza en diciembre pasado dejó a Abbas desnudo. Sus componendas para culpabilizar a Hamás encolerizaron a los palestinos. El colmo ha sido la reciente pasividad y dilación de la delegación de la OLP ante el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, que ha estudiado, a partir del llamado Informe Goldstone, los crímenes cometidos en la guerra de Gaza. La presión de toda la palestinidad, tanto la del interior como la del exilio (el 7 de octubre pasado, las asociaciones palestinas de España enviaron al presidente Abbas un duro comunicado en este sentido), acabó obligando a la delegación a cantar la palinodia, y el día 16 se aprobó una resolución que llama al Consejo de Seguridad a llevar el caso ante el Tribunal de La Haya si las partes (Israel y Hamás) no aclaran las imputaciones.

Como era de suponer, Estados Unidos votó en contra, y Rusia a favor, y los países europeos divididos. Ha sido la tónica general de este lustro, que ha facilitado que Israel incumpla sistemáticamente todo acuerdo u hoja de ruta, y que siga desmembrando Palestina. Los colonos en Cisjordania han aumentado un 18% desde 2004. Los 790 kilómetros del muro segregador declarado ilegal por el Tribunal de La Haya están prácticamente concluidos. Los checkpoints y las barreras a la movilidad impiden cualquier viso de normalidad en la vida de la población, y Jerusalén se halla ya aislada por completo de su entorno palestino. La retirada israelí de Gaza en agosto de 2005 y la declaración de la Franja como “entidad hostil” en septiembre de 2007, han permitido a Israel desentenderse impunemente de sus obligaciones jurídicas internacionales como potencia ocupante y castigar colectivamente a toda la población mediante el bloqueo. Gaza ha tenido el triste honor de inaugurar un nuevo limbo jurídico internacional, que en términos cotidianos significa depauperación económica, física y moral.

La desastrosa gestión de la cuestión de Gaza por parte de Abbas le ha conducido a un callejón sin salida. Su visión del proceso de paz, que choca con el verdadero 48, el palestino, el de la Nakba, ha fracasado. Frente al toma y daca de territorios, seguridad, autogobierno y desarrollo económico que ha caracterizado las rondas de conversaciones antes y después de la muerte de Arafat, en los últimos meses ha recobrado protagonismo el derecho al retorno de los refugiados. La intelligentsia israelí ha dado la voz de alarma (en este mismo diario la daba hace pocas semanas Shlomo Ben Ami), porque la cuestión de los refugiados plantea la paz en sus exactos términos: la justicia como solución y la superioridad moral de la víctima sobre el verdugo.

El País, 11/11/09 Mahmud Darwish

7/11/09

El exilio, la casa. Reseña de “Como la flor del almendro o allende”, por Ángel L. Prieto de Paula

La obra del palestino Mahmud Darwix (1941-2008) se ha difundido en España gracias, en buena medida, a la arabista Luz Gómez García, quien en 2008, y coincidiendo con la muerte del autor, publicó su Poesía escogida (1966- 2005). Sólo un año después, la misma traductora presenta Como la flor del almendro o allende, que muchos leerán como si fuera el testamento de este poeta nacional y, sin embargo, de todos: un poeta en verdad grande que concilia lo personal y lo colectivo, la lucha política y la indagación filosófica, el respeto a su tradición (las fuentes métricas de la poesía árabe) y la apertura experimental a otros modos (la libertad versicular a partir del surrealismo). Sin la mediación de su muerte, este volumen no sería leído como un registro moral de últimas voluntades, o no más que sus anteriores libros, con los que concuerda absolutamente. Hay en él algunas recurrencias típicas de Darwix; así, el discurso sobre el exilio y la idea de una patria inscrita en el equipaje del nómada: al cabo, el exilio es la casa. También una reflexión sobre la identidad, que no es lo recibido en el nacimiento, sino el proceso de construcción de un yo en el que cabe el mundo exterior, pues el poeta pertenece “a la pregunta de la víctima”. Ni fortaleza ni foso, esa identidad es incompatible con el ensimismamiento, lo que estructuralmente se corresponde con una disposición dramática o dialogada de algunos poemas. En los momentos de mayor intensidad, las cavilaciones acerca de la historia acaban convertidas en una interrogación por la capacidad de la palabra, tan precaria y volátil, para decir la cosa (“Para describir la flor del almendro”). Todo el libro es expresión de un sentimiento que circula del interior a lo ajeno antes de volver al origen, a veces en forma de letanía o de salmodia: “Tú que te duermes contando estrellas, piensa en los otros / (hay quien no halla dónde dormir) // Tú que te liberas con las metáforas, piensa en los otros / (los que han perdido su derecho a la palabra) // Tú que piensas en los otros lejanos, piensa en ti”.

El País, 7/11/09 Mahmud Darwish

1/11/09

Escasas son las canciones

Escasas son las canciones /

Las canciones, de ellas nos interesaba escuchar furtivamente las disculpas que pide la muerte por algunos muertos, y observar a hurtadillas el buen vivir de la prosa /

La prosa es vecina del verso y excursión del poeta /

El poeta es quien vive perplejo entre la prosa y el verso /

El verso es lo efímero que oculta su finitud, una digresión entre verbo, sujeto y objeto, como cuando dices: Dejó la mujer, ocultando sus lágrimas, a su pareja. En el sintagma que media entre «la mujer» y «a su pareja» hay tiempo para que se disuelva la sal de la ira, y titilen las estrellas /

Mahmud Darwix: En presencia de la ausencia (Fi hadrat al-giyab, Beirut, Riad El-Rayyes, 2006)

Traducción de Luz Gómez García Mahmud Darwish

22/10/09

Mona Hatoum: Measures of Distance

Mona Hatoum (Beirut, 1952; de familia de refugiados de Haifa) es uno de los artistas más determinantes del panorama internacional. En este vídeo, que se halla en la colección del MoMA, se mezclan las voces de una refugiada palestina del 48 que permanece en Beirut durante la guerra civil y su hija que recibe sus cartas en Londres. Darwish

16/10/09

Estreno de Checkpoint Rock. Canciones desde Palestina

El pasado mes de junio informamos del preestreno de la película de Fermín Muguruza y Javier Corcuera Checkpoint Rock. Canciones desde Palestina y anticipamos el tráiler. El documental denuncia la Ocupación y muestra las dificultades que tienen los músicos palestinos para realizar su trabajo y llevar una vida digna de tal nombre. Raperos y rockeros palestinos cantan sobre su vida perra. El hilo conductor del film es la figura de Mahmud Darwix, fallecido en el momento en que se iniciaba el rodaje, y al que los músicos palestinos rinden tributo. Se estrena hoy en cines de Madrid, Barcelona, Gerona, Bilbao, Vitoria, San Sebastián y Pamplona. Mahmud Darwish

14/10/09

Un cielo despejado y un jardín verde

El cielo despejado es un pensamiento sin ideas, como un jardín todo verde. Un poema sin otro fallo que un exceso de claridad. El cielo mendiga una nube, siquiera pasajera, que saque a la imaginación del sopor del azul. El jardín verde mendiga otro color, rojo, amarillo o lila, y chacales, para que el corazón no sepa con qué quedarse. Que todo esté en orden desalienta. El poema precisa del defecto astuto para que creamos al poeta cuando miente y escribe acerca de la perplejidad del ánimo ante un cielo despejado y un jardín verde. Pues qué necesidad hay de poesía si el poeta dice: El cielo está despejado. El jardín es verde.

Mahmud Darwix: La huella de la mariposa (Ázar al-faracha, Beirut, Riad El-Rayyes, 2008)

Traducción de Luz Gómez García Mahmud Darwish

9/10/09

Reseña de “Como la flor del almendro o allende”, por Antonio Colinas

(...) La palabra inspirada que posee, o le llega, al poeta como un don la divisamos nada más entreabrir el libro que tenemos entre las manos. Esta experiencia sugerente de abrir un libro y encontrarnos con la poesía, libre de construcciones premeditadas o de artificios engañosos, la vivimos siempre ante Mahmud Darwix (Birwa, Palestina, 1941-Houston, EE.UU, 2008). (...)

En este libro —el último que escribió— sentimos al ser humano en su máxima expresión; no sólo porque la muerte es algo que acecha en los últimos versos, sino porque el final terrible desencadena las preguntas decisivas; unas veces con dramatismo; otras, con ironía o un lirismo tierno que revela, junto a una voz contemporánea, la mejor tradición árabe, y que la traductora salva muy bien.

Antes de sumergirnos en la lectura, encontramos desveladas las claves del libro con un gran poder de síntesis en las ocho partes de que se compone: “Tú”, “Él”, “Yo”, “Ella” y las cuatro secciones de “Exilio”. Las dos primeras nos remiten a la humanidad en general. El poeta habla por los demás, por todos. En la segunda, hay una mayor presencia del entorno y circunstancias del poeta, y ese “Ella” nos remite al amor, de significación vidriosa, pues parece que amor y desamor, plenitud y amargura, ausencias y presencias, contienden en este libro por medio de anécdotas sencillas a las que sin embargo les arranca una gran tensión lírica. Las cuatro secciones de “Exilio” remiten directamente a la situación extremada del desarraigo social, máxime en un país tan distinto al de la tierra del poeta, aún sumergida en crisis y en guerras seculares. (...)

Surge la plenitud última del último amor, a través de la resonancia bíblica (“¡El amor es fuerte como la muerte!”), o de visiones del mundo cercanas a las de Cavafis (“no veremos / acercarse a los bárbaros”) o a un sabio panteísmo que me recuerda el del Pessoa de Caeiro (“El sol se ríe de nuestras bobadas”). El poeta, como debe ser, le ha dado la vuelta a la realidad; ha trascendido la realidad engañosa para ver, más allá de la muerte que acecha, la verdadera. Logra alcanzar así la palabra que salva. A veces, con poemas sobrecogedores (“No conozco a este hombre”, “No duermo para soñar”.) El grito final del libro es duro (“¡Adiós / adiós, poesía del dolor!”), pero sabemos muy bien que, antes, hombre y poeta han cumplido su misión, han dado con la palabra sabia: la que sana, y le salva, y nos salva; sabe muy bien que “lo que no se cante ahora, /esta mañana, / nunca se cantará”.

El Mundo, 9/10/09 Mahmud Darwish

7/10/09

La fuerza de la poesía

Si te preguntan por la fuerza de la poesía, di: La hierba no es tan delicada como parece. No se rompe una vez ha ocultado su sombra nimia en el secreto de la tierra. En la hierba de las piedras reside la metáfora de lo ausente que se revela sin bombo ni platillo. La hierba es una profecía espontánea que no tiene más profeta que su color, antítesis del desierto. La hierba salva al viajero de la fealdad del paisaje y de un ejército que asedia el camino hacia lo posible. La hierba es la poesía que fluye del impulso, el gozo de lo simple, la sencillez del gozo. La lengua que se allega al significado, y el significado que casa con la hospitalidad de la esperanza.

Si te preguntan: ¿Recortas el mar o esculpes la piedra?, di: Nada taja la piedra salvo el cincel del agua. Y si te preguntan por la liza entre la poesía y la muerte, mira la hierba y di sin faltar a la verdad: No hay poesía que a la hora del encuentro derrote a la muerte, sino que la aplaza, la aplaza lo justo para demostrar las bondades del canto en una fiesta que sólo ha de acabar cuando la canción se complete. Entonces el cantante caerá en manos de su cazador, al acecho detrás de la puerta. Quizá nadie se percate de su muerte mientras la canción siga de boca en boca, mientras la canten los trasnochadores. Durante ese aplazamiento, los cantantes nuevos se imaginan que la muerte duerme, hasta que se despiertan entre amapolas que les dan la bienvenida, como la estrofa inicial de una copla cananea, nunca escrita del todo por los pastores de gacelas, ocupados en ahuyentar al lobo y los chacales.

Mahmud Darwix: En presencia de la ausencia (Fi hadrat al-giyab, Beirut, Riad El-Rayyes, 2006)

Traducción de Luz Gómez García Mahmud Darwish