25/6/10

Prólogo a "Bajo la Ocupación. Relatos palestinos", por José Saramago

Pronto se cumplirán cien años de una revolución que, el 5 de octubre de 1910, derribó en Portugal la vieja y caduca monarquía para proclamar una república que, entre aciertos y yerros, entre promesas y malogros, pasando por los sufrimientos y humillaciones de casi cincuenta años de dictadura fascista, sobrevive hasta estos días. Durante los enfrentamientos, los muertos, militares y civiles, fueron 76, los heridos 364. Una gota de agua si lo comparamos con el martirio del pueblo palestino, con sus centenas de millares de muertos y heridos víctimas de las balas, las granadas y las torturas de las fuerzas armadas y de seguridad israelíes. Pero en aquella revolución de un pequeño país situado en el extremo occidental de Europa, sobre la que el polvo de un siglo se ha asentado, sucedió algo que mi memoria, memoria de lecturas antiguas, ha guardado y que no me resisto a evocar en el umbral de este breve prólogo como una rosa roja más colocada al lado de las rosas rojas de que habla uno de los cuentos de este libro. Herido de muerte, un revolucionario civil agonizaba en la calle, junto a un edificio de la plaza principal de Lisboa. Estaba solo, sabía que no tenía posibilidades de salvación, ninguna ambulancia se atrevería a recogerlo, pues el fuego cruzado impedía la llegada de socorro. Entonces ese hombre humilde, cuyo nombre no ha registrado la historia, con unos dedos que temblaban, casi desfallecido, trazó en la pared, según pudo, con su propia sangre, con la sangre que corría de las heridas, estas palabras: “Viva la República”. Escribió república y murió, y fue como si hubiera escrito esperanza, futuro, paz. No tenía otro testamento, no dejaba riquezas en el mundo, sólo una palabra que para él, en aquél momento, significaba tal vez dignidad, eso que no se vende ni se deja comprar, y que es en el ser humano el grado supremo.

Los cuentos reunidos en esta antología también están escritos con sangre. Con la sangre de los miles de hombres y de mujeres que se han sacrificado por la esperanza imperecedera de una tierra y de una patria palestinas, con la sangre viva de las mujeres y de los hombres de hoy presentes en estas páginas, documentos de alta calidad literaria y al mismo tiempo testimonios inolvidables de la fuerza moral de un pueblo. Lo que para muchas personas es el enigma de la asombrosa resistencia de los palestinos durante generaciones encuentra en estos cuentos la mejor respuesta.

Traducción de Pilar del Río

AAVV: Bajo la Ocupación. Relatos palestinos, prólogo de José Saramago, edición de Luz Gómez García, traducción de VVAA, Málaga, Diputación de Málaga, 2003

19/6/10

Mahmud Darwix, por José Saramago

Hoy, en la muerte de José Saramago, recuperamos este texto que el maestro portugués dedicó a Mahmud Darwix en su blog el pasado 1 de abril de 2009.

El próximo día 9 de Agosto se cumplirá un año de la muerte de Mahmud Darwix, el gran poeta palestino. Si fuese nuestro mundo un poco más sensible e inteligente, más atento a la grandeza casi sublime de algunas de las vidas que en él se generan, su nombre seria hoy tan conocido y admirado como lo fue, en vida, por ejemplo, el de Pablo Neruda. Enraizados en la vida, en los sufrimientos y en las inmortales esperanzas del pueblo palestino, los poemas de Darwix, de una belleza formal que frecuentemente roza la transcendencia de lo inefable en una simple palabra, son como un diario donde van siendo registrados, paso a paso, lágrima a lágrima, los desastres, también las escasas, aunque siempre profundas alegrías, de un pueblo cuyo martirio, pasados sesenta años, todavía no parece que se anuncie su fin. Leer a Mahmud Darwix, además de una experiencia estética que será imposible olvidar, es hacer un doloroso recorrido por las rutas de la injusticia y de la ignominia de que la tierra palestina ha sido víctima a manos de Israel, ese verdugo de quien el escritor israelí David Grossmann, en hora de sinceridad, dijo que no conocía la compasión.

Hoy, en la biblioteca, he leído poemas de Mahmud Darwix para un documental que será presentado en Ramala en el aniversario de su muerte. Estoy invitado a estar allí, veremos si es posible que pueda hacer ese viaje, que ciertamente no sería grato para la policía israelí. Recordaría entonces, justo en el mismo lugar, el abrazo fraterno que nos dimos hace siete años, las palabras que intercambiamos y que nunca más pudimos renovar. A veces, la vida quita con una mano lo que nos había dado con la otra. Así me sucedió con Mahmud Darwix.

13/6/10

Gaza, ciudad del valor y de la miseria

En la oscuridad, entramos, o nos infiltramos, en Gaza. Te dejé caminar delante de mí, y me hice cargo de tu imaginación. Eres incapaz de evitar que sucumba ante la cruda realidad. Veo cómo escondes la cara a las cámaras que se afanan en captar la euforia del que vuelve, en fotografiar las palabras preparadas para denostar el exilio. Dices: Aquí estoy aunque no he llegado, he venido aunque no he vuelto. No mientes a nadie, ni a ti mismo, la ocasión no es para andarse con celebraciones. Gaza aún no se ha repuesto. La destrucción de la Ocupación ha llegado a sus entrañas. Si no sueñas que hay algo más allá, en tu lengua el mar se quedará sin pescadores. En semejante noche, descuartizada por los puestos de control, las colonias y las torretas de vigilancia, el hombre precisa de una geografía nueva para saber dónde está la frontera entre un paso y el siguiente, entre lo prohibido y lo permitido, tan difícil como distinguir lo claro y lo oscuro en los Acuerdos de Oslo.

Te duermes al final de la noche, con la ayuda de un tranquilizante. Cuando te despiertas, necesitas cierto tiempo para convencerte de que estás en Gaza, a la que rápidamente has apodado «la ciudad del valor y de la miseria». En medio de una tórrida mañana, vas, con amigos que han vuelto, a visitar los campamentos de refugiados. Camináis con dificultad por las callejuelas, y te avergüenzas de la mera ida del agua y la limpieza. No crees, nunca lo has creído, que las bolsas de miseria justifiquen la insistencia en el derecho al retorno. Pero recuerdas lo que más te valdría olvidar: la mala conciencia del mundo. Respiras las teorías del progreso y el avance de la historia, que quizá han devuelto a la humanidad a las cavernas. Te privas, por realismo, del suero del optimismo y el entusiasmo, que sustituyes por una pastilla contra la hipertensión. Dices: Si un día pienso otra cosa, echaré mi conciencia a los gatos.

Te preguntas: ¿Qué argucia legal o lingüística puede formular un tratado de paz y buena vecindad entre un palacio y una choza, entre un carcelero y un preso? Y caminas por las callejuelas sintiendo vergüenza de todo: de tu ropa planchada, del esteticismo de la poesía, de la abstracción de la música, de un pasaporte que te brinda la posibilidad de viajar por el mundo. Te duele demasiado estar consciente. Regresas a la Gaza que está más allá de los campamentos y de los refugiados, recelosa de los que han vuelto,* y no sabes en qué Gaza estás. Y dices:

Aquí estoy pero no he llegado.
He venido ¡pero no he vuelto!

* A partir de 1994, con la creación de la Autoridad Palestina en Gaza, buena parte de la cúpula de la OLP se instaló en la Franja, de vuelta del exilio.

Mahmud Darwix: En presencia de la ausencia (Fi hadrat al-giyab, Beirut, Riad El-Rayyes, 2006)

Traducción de Luz Gómez García

7/6/10

Larissa Sansour: A Space Exodus (2008)

“One small step for a Palestinian, one giant leap for mankind.” Casi todo lo que puede decirse sobre el proceso de paz y sobre lo que el mundo (quienes lo rigen) espera de Palestina y los palestinos, está dicho en este vídeo de Larissa Sansour. Como en todas sus obras, la visión es irónica y poética. Lástima que por la Red no circule más que esta versión reducida. Se pudo ver entero en la exposición Palestine: la Création dans tous ses états, que se celebró del 23 de junio al 22 de noviembre de 2009 en el Institut du Monde Arabe, en París.

1/6/10

La niña / el grito

En la orilla del mar hay una niña. La niña tiene una familia.
La familia una casa. La casa, dos ventanas y una puerta...
En el mar hay un acorazado que se entretiene
cazando a los paseantes de la orilla:
cuatro, cinco, siete
caen en la arena. La niña se salva por poco.
Una mano de niebla,
cierta mano divina, acude en su auxilio. Ella llama: ¡Papá,
papá! ¡Levanta, vamos, que el mar no es para nosotros!
No responde su padre, caído sobre su sombra
a merced de la ausencia.

Sangre en las palmeras, sangre en las nubes.

La lleva su voz en volandas, la alza y aleja
de la orilla. Ella grita en la noche desierta.
El eco no tiene eco. Ella
se convierte en el grito eterno
de una noticia urgente, que deja de ser urgente
cuando
vuelven los aviones y bombardean una casa
¡con dos ventanas y una puerta!

Mahmud Darwix: La huella de la mariposa (Ázar al-faracha, Beirut, Riad El-Rayyes, 2008)

Traducción de Luz Gómez García

26/5/10

Dos extraños

Mira a lo alto,
y ve una estrella
¡que le mira!

Mira al valle,
y ve su tumba
que le mira.

Mira a una mujer
que le atormenta y le gusta
y no le mira.

Mira a su espejo
y ve a un extraño como él
¡que le mira!

Mahmud Darwix:
La huella de la mariposa (Ázar al-faracha, Beirut, Riad El-Rayyes, 2008)

Traducción de Luz Gómez García

18/5/10

La Nakba palestina, por Nabil Shaath

Hoy Israel celebra los 62 años de su creación, el 15 de mayo de 1948. Para los palestinos, hoy se conmemoran 62 años de la Nakba -nuestra catástrofe nacional y personal, la pérdida de nuestra patria ancestral y la dispersión en el exilio de las tres cuartas partes de nuestro pueblo-. El pueblo palestino todavía espera el reconocimiento por parte de Israel de su responsabilidad en tal catástrofe y un acuerdo para resolver el conflicto que esté basado en el Derecho Internacional, incluyendo las resoluciones de la ONU.

Yo experimenté el exilio en primera persona. El 13 de mayo de 1948, un día antes de la declaración del Estado de Israel, mi ciudad natal, Jaffa, fue capturada por fuerzas sionistas. Setenta mil palestinos cristianos y musulmanes fueron forzados a salir de la ciudad, la mayoría de ellos por mar, hacia Gaza, Egipto y Líbano. La mayoría de la población de Jaffa fue literalmente lanzada al mar y nunca se le permitió retornar. Yo tenía 10 años.

Esta misma realidad la vivieron más de 726.000 palestinos cristianos y musulmanes que en 1948 abandonaron aterrorizados sus hogares, o fueron expulsados por la fuerza, en buena parte de lo que entonces era la Palestina del Mandato Británico, mientras se asesinaba a cientos de sus compatriotas.

Ese dolor lo experimenté yo, así como, mientras crecía, escuché muchas otras historias de dolor y lucha. En aquel tiempo, y durante muchos años, se tuvo la intención de negar nuestra historia. Pero hoy nadie puede hacerlo. Incluso historiadores israelíes como Benny Morris e Ilan Pappé han confirmado lo que nosotros sabíamos desde hace mucho tiempo.

Junto con la expulsión de las personas, más de 418 aldeas palestinas fueron arrasadas. Prácticamente todas las propiedades de los palestinos, incluyendo las que pertenecían a palestinos que lograron permanecer en áreas que quedaron bajo exclusivo control israelí, fueron confiscadas por el naciente Estado de Israel, en beneficio exclusivo de los judíos.

En 1952, cuando el Parlamento israelí aprobó su ley de nacionalidad, a los refugiados palestinos se les negó la opción de ciudadanía en el nuevo Estado. Y se tomaron medidas adicionales para prohibirnos el retorno a nuestro país y a nuestros hogares.

Tanto la expulsión de palestinos en 1948 como las posteriores medidas para hacer del desplazamiento algo permanente se tomaron contraviniendo el derecho internacional.

Esta situación se vio agravada por la ocupación militar israelí de Cisjordania y la Franja de Gaza en 1967. De nuevo, cientos de miles de palestinos tuvieron que dejar sus hogares, e Israel expandió su control al restante 22% de nuestra patria histórica.

Hoy el completo cerco de la Franja de Gaza, la continuación de los asentamientos y la presencia del muro en Cisjordania, el aislamiento de Jerusalén Este de su entorno histórico, están provocando una mayor fragmentación y desposesión palestina. Claramente, la Nakba continúa.

En la actualidad hay más de siete millones de refugiados palestinos. Constituyen la mayor población de refugiados del mundo y la más prolongada en el tiempo. La vulnerabilidad de los refugiados palestinos, como resultado de su largo exilio y la falta de un Estado, contribuye a la inestabilidad regional en el Oriente Próximo y a su inseguridad, desde Irak y Líbano a la Franja de Gaza.

Como palestino, yo no puedo olvidar el desarraigo de mi nación, que ha conformado mi historia y que ha supuesto una dura realidad para mi pueblo. Al mismo tiempo, los palestinos hemos expresado nuestro deseo de lograr una conciliación y avanzar sobre la base de un acuerdo que reconozca e implemente de forma justa nuestros derechos.

En el curso de los 62 años desde la Nakba Palestina, la responsabilidad de Israel en el desplazamiento forzoso y la desposesión del pueblo palestino ha sido claramente reconocida por muchos historiadores y académicos del Derecho Internacional. El derecho individual de los palestinos a optar por el retorno a sus hogares y decidir su propio destino es proclamado por la comunidad internacional en la Resolución de la Asamblea General de Naciones Unidas número 194. Pero en la práctica a los palestinos se les niegan los más elementales derechos humanos.

Lamento profundamente que Israel continúe haciendo caso omiso de la Iniciativa de Paz Árabe (IPA), adoptada por la Liga Árabe en Beirut en marzo de 2002. La IPA pide la creación de un Estado palestino independiente en Cisjordania y la Franja de Gaza, con las fronteras anteriores a 1967, con Jerusalén Este como su capital, y una solución justa a la cuestión de los refugiados palestinos que sea acordada entre las partes, basada en la Resolución 194 de la ONU, a cambio de la normalización de relaciones con Israel y una paz duradera.

La Iniciativa de Paz Árabe ha sido repetidamente apoyada por los países árabes. Y adicionalmente, la Organización de la Conferencia Islámica (OCI) que representa a 57 países musulmanes, se ha sumado a la misma como base para terminar con el conflicto árabe/palestino-israelí. Ello significa, en términos prácticos, conseguir la paz entre Israel y más de 1.200 millones de árabes y musulmanes en todo el mundo.

La paz se logra entre iguales, respetando cada lado la historia e identidad del otro, así como entendiendo el discurso del otro. Como la historia demuestra, los Estados cometen errores, sí, pero también se fortalecen cuando los reconocen y se disculpan. Es prioritario lograr el acuerdo propuesto por la Iniciativa de Paz Árabe. De la misma forma, es necesario que los palestinos sean reconocidos como seres humanos que reciben el mismo tratamiento y aplicación de las mismas leyes que a otros refugiados y víctimas de conflictos, incluyendo su derecho al retorno y a tener libertad de elegir su futuro.

Para lograr una paz verdadera es necesario que Israel reconozca su responsabilidad en la creación y prolongación de la tragedia de los refugiados palestinos. Ese reconocimiento no es una amenaza contra su existencia. Por el contrario, al hacerlo, Israel, inevitablemente, capacitaría a nuestros respectivos líderes y ciudadanos para establecer la paz sobre la base de un acuerdo político. En la 62ª conmemoración de la Nakba palestina, invito a Israel a asumir sus responsabilidades, reconocer nuestros sufrimientos y nuestros derechos y trabajar con nosotros en busca de la paz, la reconciliación histórica y el fin del conflicto.

El País, 15/05/10

15/5/10

Elia Suleiman: Divine Intervention

Nadie se ha burlado mejor de la brutalidad israelí que Elia Suleiman, que estos días presenta en Cannes su nueva película, The Time that Remains. La escena que damos a continuación pertenece a su anterior film, Divine Intervention, que obtuvo el Premio del Jurado en la edición de 2002 del festival francés. Recordemos con ella y con un poco de humor el día de la Nakba, que hoy se conmemora.

11/5/10

En un día como éste

En breve se presentará en España la película dedicada a la figura de Mahmud Darwix Como dijo el poeta, dirigida por Nasri Hajjaj. En ella autores de diversas nacionalidades leen poemas de Darwix en sus respectivas lenguas y se hace un recorrido por los escenarios de la vida del poeta. Jaime Natche nos ha pedido, para el subtitulado español, nuestra traducción de algunos poemas. El poema que damos a continuación lo lee en la película el poeta estadounidense Michael Palmer. El film podrá verse, primeramente, en el festival de Granada Cines del Sur.

EN UN DÍA COMO ÉSTE

En un día como éste, junto
a una iglesia, en un esplendor del todo femenino,
en un año bisiesto, donde se encuentran, esta mañana,
el verde eterno y el azul marino, donde
se encuentran la forma y el contenido, lo tangible y lo místico,
bajo un espeso emparrado, a la sombra de un gorrión
que aguza la imagen del sentido, en un lugar
sentimental /
hallaré mi fin y mi comienzo
y les diré: ¡Malditos! Llevadme y dejad
el corazón de la verdad a punto para las hienas hambrientas.
Digo: No soy ni ciudadano
ni refugiado.
Sólo quiero una cosa, nada más,
sólo una:
una muerte sencilla, apacible,
en un día como éste,
junto a las azucenas,
que me compense poco o mucho
de una vida que he contado
en minutos
o en exilios.
Lo que quiero es morir en este jardín
¡ni más ni menos!

Mahmud Darwix: No te excuses (La ta'tadiru 'an ma fa'alta), Beirut, Riad El-Rayyes, 2004

Traducción de Luz Gómez García

5/5/10

Tu madre es tu madre

Tu madre es tu madre y tú su hijo cuando estáis a solas. Pero en presencia de los demás, hace el papel de testigo. Guarda las distancias y te reserva la categoría de huésped especial de su matriarcado, alguien sobre el que en ningún momento reclama derechos de posesión. Como si hablando consigo misma murmurara: Yo le traje al mundo, pero fue él quien vino. Ella es ella, toda digna en su vejez. No permite a ningún hijo ni hija, a ningún nieto, la satisfacción de ayudarla. Se levanta al alba... hace sus oraciones, se prepara el café, limpia la casa. Riega las flores de una pequeña maceta, limpia el polvo que no hay, quita el polvo a tu viejo escritorio, lava la ropa y hace la comida, y luego se sienta a esperar a las visitas. Si se queja de algo, es de que pocos quieren escuchar sus historias. Han querido comprarle un televisor que la distraiga, pero se ha negado, no soporta la cháchara de los presentadores y los contertulios, no se conforma con escuchar, ella tiene que ser la locutora.

A la mañana siguiente, tomas con ella su famoso café, cuyo olor ha difundido la canción que escribiste hace más de tres décadas, la segunda vez que estuviste en la cárcel.* Le preguntas: ¿Te gusta la canción? Sonríe pudorosa y todo lo que dice es: Dios esté satisfecho de ti. Te recuerda que has de ir, antes de que empiecen a llegar las visitas, a visitar la tumba de tu padre. Miras su fotografía colgada en la pared. Ahogas un suspiro de conmiseración por el paciente Job, al que la Nakba llevó de una existencia acomodada a la indigencia, y que se pasó la vida buscando pan y libros para ti y tus hermanos, en una lucha agotadora en la cantera. A diferencia de su padre, no se paraba a mirar el pasado feliz que le hacía señas desde los olivares y los campos de trigo, para que el derrotado y lo rapiñado no se encontraran. Cargaba sin subterfugios con el peso del presente, igual que un rey destronado incapaz de mirar su trono, para llevarte hacia el futuro: El futuro está ante ti, hijo mío, no mires mucho hacia atrás hasta que sean fuertes tu laúd y tu poema. Cuando tu laúd sea fuerte, te parecerá que eres padre de tu padre, y que la poesía es capaz de enmendar los destinos. Así que empezaste, a partir de los escombros que de ti quedaban y de los nombres de las plantas y los minerales, a construir una casa imaginaria, de modo que el lugar se asentara en su lugar y la vida regresara ¡a lo que se parecía a la vida!

* Se refiere al poema “A mi madre”, musicado por Marcel Khalifa, muy popular en todo el Mundo Árabe, y que comienza diciendo: “Añoro el pan de mi madre / el café de mi madre / las caricias de mi madre”.

Mahmud Darwix: En presencia de la ausencia (Fi hadrat al-giyab, Beirut, Riad El-Rayyes, 2006)



Traducción de Luz Gómez García

23/4/10

Qué soy sino él

A lo lejos, detrás de sus pasos,

el lobo muerde los rayos de la luna.


A lo lejos, delante de sus pasos,

una estrella ilumina la copa de los árboles.


Y cerca de él
sangre que corre de las venas de la piedra.

Así camina, camina y camina
hasta difuminarse por completo
y que la sombra se lo beba al final de este viaje.

Qué soy yo sino él,
qué él sino yo
en la desemejanza de las imágenes.

Mahmud Darwix:
La huella de la mariposa (Ázar al-faracha, Beirut, Riad El-Rayyes, 2008)

Traducción de Luz Gómez García

11/4/10

Dos poemas, por Abbas Beydoun

Abbas Beydoun (Tiro, Líbano, 1945) es una de las voces determinantes de la poesía árabe de las últimas décadas. Es autor de una docena de obras, entre las que destacan El poema de Tiro (1985), Habitaciones (1992) y PBB (2007). Las notas distintivas de su lírica son el gusto por la indagación en el sentido poético del absurdo y la crítica de la elocuencia. Su voz irónica y desapasionada viene ejerciendo un hondo magisterio en la joven poesía árabe. Ha desarrollado una importante labor crítica, en la que destacan sus conversaciones con Mahmud Darwix. Dirige las páginas culturales del diario libanés As-Safir. Distintos volúmenes de su obra se han traducido en Francia y Alemania. Abbas Beydoun es uno de los poetas invitados a la edición de este año del festival Cosmopoética, que comienza en Córdoba el próximo 14 de abril. Los poemas que publicamos pertenecen a la antología Un gato llamado Nino, de próxima aparición.

«LA VIDA ESTÁ EN OTRA PARTE»

Los cardiacos, en la Corniche Al-Manara, no vuelven mucho la cabeza, pasan deprisa con el abrigo abotonado hasta arriba, sin pararse con nadie. Es una señal de la herida borrada de sus pechos, de que el cuerpo que se la ha tragado no está tranquilo. Temer no temen que salga de sus vidas, es el secreto que aún yace en el centro, tal vez el sentido anodino de sus rondas vespertinas.

Los cardiacos que van de acá para allá por la Corniche no vuelven mucho la cabeza. Quieren que la gente aprecie el vigor de sus pies: alzan sus zapatillas deportivas y vencen a cada paso a sus corazones traicioneros y los pisotean. Llevan de acá para allá la herida que es signo de su victoria, llevan su vida y la vencen de acá para allá. Estiran la vejez y la enfermedad por segunda vez, conscientes de que la vida está «en otra parte». Tal vez esté beoda y sea impotente, tal vez sea una mazorca de maíz tostada o una palmera vieja. Van de acá para allá y la piedra que se agranda en la pierna cae de la pierna, y el destino al que dan un puntapié se cumple otro día.

UN BILLETE

¿De qué me azoro ante la puerta de Brandeburgo? Pienso que debería tener un detalle con la Historia, que una herida en el pecho bastaría, pero no es cosa de enseñársela al conductor. De lo que debería avergonzarme es de haber subido al vagón y haberme sentado sintiéndome en falta, como si no tuviera billete. ¿Y si finjo que todo esto es incomprensible en mi lengua? ¿O me zafo del asunto palpándome el billete en el bolsillo y le entrego mi apuro al revisor?

Traducción de Luz Gómez García


5/4/10

Aceite de hígado de bacalao

Cuando dijiste en casa: En mi vida he probado nada que sepa peor que el aceite de hígado de bacalao, los mayores se burlaron de ti: Con siete años, ¿y no sabes qué es la vida?... ¿Es que no tienes recuerdos? Sí, dijiste. Pues ahí tienes con qué comparar. Y el pasado nació tan de repente como llega el Fitr.* Empezaste a tener un pasado que veías a lo lejos. Lejos estaba la casa que sólo tú habitabas. De la ausencia nació el pasado. Lo convocaban a manos llenas las flores amarillas de las chumberas que trepaban por las colinas, el olor a nostalgia de las bellotas asadas en la chimenea, el manto de tu abuelo, marrón como tabaco en remojo, y que sonaba al viento como una riña de amigos entre bromas y veras. El pasado nació lleno como las tetas de una perra a punto de parir. De tu pavor por el mañana nació el pasado, dispuesto a raptar a la doncella a lomos de alguna historia. De todo lo que de ti había en él, de todo lo que en ti había de la miseria de un presente hambriento por conocer su identidad... nació el pasado.

* Festividad que celebra el fin del Ramadán.

Mahmud Darwix: En presencia de la ausencia (Fi hadrat al-giyab, Beirut, Riad El-Rayyes, 2006)

Traducción de Luz Gómez García